Equipo Charlie: Diario de a bordo número 6.
La mañana empieza tranquila en Kalahori. Es un campo bien organizado, los militares son amables y la gente parece que, dentro de todo, “no está tan mal”. Hay tiempo de jugar con los niños y hacer bromas. De vez en cuando vienen bien horas de trabajo así, y más cuando nos tenemos que preparar para una tarde en Softex.

Kordelio Softex está sucio, la gente cansada, los niños juegan entre la mierda y se entretienen haciendo hogueras y saltando encima de ellas. Dicho esto, que no nos extrañe la pequeña anécdota que voy a contar.

Después de una tarde muy agobiante (muchos pacientes, algunos problemas por resolver, etc), se me acerca un niño de unos 10 años (la edad de mis sobrinos) a decirme que le dolía el brazo. Me dí cuenta de que era mentira, y jugando se lo toco y le digo: it’s fine, you are strong! Se ríe, me río, pero no me da tiempo de acabar la broma, saca un cuchillo y se hace un corte en el brazo (no muy profundo por “suerte”). No me dió tiempo a reaccionar, en seguida lo guarda, se ríe y me dice: you see? It’s not fine. Tenía varias marcas de cortes en el brazo. No pude reaccionar, creo que fue demasiado. Es mi tercera vez en Grecia trabajando en este drama (cada vez aprendo un poquito más), y aún así lo único que pude decirle a ese niño, repito, de la edad de mis sobrinos, fue: that’s very bad, don’t do it again. Y el niño se fue corriendo, perdiéndolo de vista entre la gente, las haimas, la mugre. Me invadieron las ganas de llorar de rabia, rabia por ese NIÑO al que le estamos dando la espalda, ese NIÑO con serios problemas psicológicos, probablemente por todos los traumas que debe llevar encima a su corta edad. Pero no hay tiempo para eso. Me llama Mohamed, hay otras cuestiones que resolver aquí y ahora… Mañana volveremos a Softex como cada día, y me he prometido a mi misma que no me permitiré jamás volver a darle la espalda.
Victoria.