Equipo Echo: Diario de a bordo número 5.
Yendo y viniendo en la ambulancia, después de atender en los campos, es cuando tienes tiempo de pensar. Y sobretodo he pensado en la suerte. Suerte de que te toque la fortuna de nacer aquí o allá. De ser refugiado antes del 21 de Marzo o después. De acabar en un buen campo con hormigón pavimentado, espacios para las mujeres, baby hamam donde lavan a los bebes y huertos; o caer en un solar lleno de piedras con una fabrica antigua donde no cabe una tienda más, todo lleno de polvo, con los niños jugando entre la basura.

También pienso en cómo va a terminar todo esto. A los que les preocupa que esta gente venga a Europa a empezar una nueva vida les digo: tranquilos, de momento no va a pasar. No he oido en ninguna reunión propuestas para sacar a esta gente de aquí. Ni nadie ha preguntado: ¿Qué necesitan los refugiados? Solo se hablan de planes a largo plazo: ¿Quién va a asumir la asistencia médica de tratamientos crónicos? ¿Quién va a vacunarlos? ¿Quién puede iniciar una escuela? Y se habla de cerrar campos pequeñitos que ya casi son lugares decentes para vivir, para mudarlos a los grandes campos como Softex. Y yo no puedo creer que a alguién le parezca buena idea esto. No se como no ven que esto se les fue de las manos hace meses. Que no necesitan un medico general ni si quiera un psiquiatra. Necesitan respuestas, esperanza, un lugar donde pasar pagina y ver a sus hijos a salvo. Necesitan un ejercito de burócratas que hagan el papeleo ya. No creo que haya un plan. Ni bueno, ni malo. Sinceramente creo que no lo hay. Y los dias pasan, la tristeza cala y la frustración aumenta. Esto va a explotar. Me gustaria escribir algo positivo o bonito pero no lo hay. Ni siquiera el saber que en cuatro días me voy. Continuaré con mi vida sabiendo que me dejo a mis habibis aquí, jugando entre la basura, comidos a polvo y sin un futuro aparente.
Celia