Equipo Golf: Diario de a bordo número 8.

Escribiendo desde la ambulancia, como siempre en uno de los numerosos trayectos, porque nos faltan muchas horas en el día y no hay un minuto que perder. Ya se nota el cansancio acumulado pero ni aun así frenamos… ¡Hay tanto por hacer! Menos mal que los equipos que vayan llegando continuarán construyendo este gran proyecto. Son muchos los campos que visitamos y nuestro coordinador, James, está continuamente colgado al teléfono intentando identificar donde hay más necesidades e intentar llevar al equipo hasta allí.

Los últimos días han sido bastante excitantes y ajetreados. Sin ir más lejos ayer recibimos la visita de los “reyes magos”, que nos tiene como locas abriendo cajas. Y es que ayer EREC nos hizo una gran aportación de material sanitario y medicamentos que necesitábamos y Berni, de Eko Camp, nos facilitó un desfribrilador para la ambulancia. ¡¡Gracias!! Pero por supuesto, todo esto, además de suponer una gran alegría también es una carga de trabajo añadida, ya que hay que clasificar y ordenar el material para simplificar luego nuestra tarea diaria.

Con respecto a los campos, algunos han estado tranquilos y organizados y otros más revueltos. La visita al campo de Kalahori esta semana resultó de lo más entretenida ya que casi acabamos atendiendo un parto en nuestra ambulancia. Una cuartipara (con tres partos previos) decidió terminar de ponerse de parto en nuestra camilla, y con 4–5 cm de dilatación y viendo que la ambulancia no llegaba, Eva y yo preparamos todo lo necesario para atender a la mamá y a la pequeña en caso de que ésta pidiera pista rápidamente. Al final, y después de acompañarla en las contracciones durante una o dos horas (o así me lo pareció a mi), llegó la ambulancia y la trasladó al hospital. Hemos sabido que finalmente el parto fue bien y que tanto la mamá como la recién nacida están bien.

Además, en estos días hemos identificado algunos casos de gestantes más vulnerables, como una chica de 15 años que estaba perdiendo peso y que presentaba una gran hipoglucemia y otra en cuyo embarazo comenzamos a sospechar un retraso del crecimiento del feto. Otra situación bastante delicada y desagradable se produjo ya entrada la noche en el campo de Nea Kavala, mientras hacíamos un primer control a cerca de 30 embarazadas que igual nunca habían visto un ecógrafo, y en una de ellas detectamos una grave malformación en el feto. En casos como estos siempre nos comunicamos con el equipo sanitario responsable del campo e intentamos gestionar junto a ellos la mejor alternativa para la mujer.

Hoy hemos vuelto a visitar el campo de Vaiochori, cerca de la frontera, y hemos descubierto que muchos de los refugiados se habían marchado de allí, aunque también nos han contado que muchos han intentando cruzar la frontera y han tenido que regresar. Nos volvemos a enfrentar a adultos y niños con caras de cansancio extremo, heridas y pidiendo analgésicos para los dolores musculares que tienen de tanto caminar. Mientras tanto, nuestras chicas Alba y Sheila hacen actividades con los niños y reparten leche y papillas para los que las necesitan. A la vuelta pasamos a ver como se encuentran las pocas familias que quedan en el campo del puerto pero nos lo encontramos cerrado y nos comunican que los refugiados ya han sido trasladados a otros campos.

En fin, nos quedan pocos días en Tesalonica a los miembros equipo 7 y la verdad es que, a pesar de la carga de trabajo, nos da mucha pena tener que marcharnos ahora que vamos aprendiendo cómo funcionan las cosas. Pero no sólo nos vamos a quedar con las crudas historias personales de los refugiados, también nos quedaremos con la satisfacción del trabajo en equipo, con los agradecimientos en forma de invitaciones a café y con las caras de felicidad y los abrazos de las personas que atendemos. Así que nos volveremos a llevar la maleta llena para casa.

Carolina

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