Equipo India: Diario de a bordo número 2.

Siempre que voy a un campamento con quien estoy más es con los niños. Disfruto mucho con ellos cuando veo que participan en los juegos, son felices con cualquier color, dibujo o juguete y te lo agradecen besàndote, con abrazos y te alegran el alma. Es muy satisfactorio ver como ríen con sus caritas llenas de churretes, como a la primera se quedan con tu nombre y ya por siempre eres su “friend”. Llevo pocos días aquí, esto es para verlo y sentirlo.
Hoy hemos estado en el campamento Vasilika. La semana pasada hubo inundaciones, hoy parece q todo había vuelto a la normalidad, pero me he podido imaginar el caos q pudo ser..hoy todo el mundo explicaba que el agua les llegaba cerca de la rodilla y ellos mismos han construido unos diques a las entradas de las naves para evitarlo de nuevo.
Repito, esto es para verlo y sentirlo.
Desde tu casa sabes que algo està pasando en el mundo, una cosa llamada “guerra”, ves imàgenes y callas. Intentas imaginarlo pero tu mente de alguna manera lo aparta para no pensar demasiado y no pasarlo mal. Cuando llegas aquí y empiezas a saber la realidad, empiezas a ver, observar, empatizar y SENTIR. No podemos saber lo que han vivido y siguen viviendo hasta que no tienes sus caras, miradas, histotias y cicatrices delante de tí.
Por la tarde hemos estado en Softex. Adultos que sin hablar te dicen todo y los que hablan te abrenlos ojos y te parten por la mitad. Te dicen que tenían una casa bonita, un tabajo bueno, una educación para sus hijos…una vida. Sé que no les puedo quitar esos recuerdos, ese sufrimiento y ese sinvivir. Ni yo ni nadie. Yo no he vivido la guerra, no he cruzado en patera con mis hijos arriesgado sus vidas, no he dejado amigos, vecinos, familiares, no he visto mi pueblo destruido y no vivo en un campamento atrapada sin saber cuando podré salir. Su única esperanza es la de poder salir de aquí, abriendo una dichosa línea llamada FRONTERA. Te preguntas mil veces por qué, por qué y por qué… nunca entenderé por qué una vida vale tan poco Desgraciadamente, son los olvidados. Pero para eso estamos aquí, para que no se sientan solos y que de alguna manera u otra se sientan valorados.
Maria