Equipo Tango: diario de a bordo número 1.

Ya han pasado días desde que llegamos. Y tengo una sensación extraña desde el primer momento que pisamos los campos. Como de angustia, rechazo, no saber qué hacer ni qué pensar. Escuchas mil historias de rescates, de gente que tiene una vida por delante donde sólo cabe la incertidumbre y esperar… Esperar a que algo cambie, a que pase algo… y mientras tanto, caras sin expresión de gente que está harta de contar su historia una y otra vez. Y a pesar de eso, hospitalidad y arranque de sonrisas al conectar con alguien, y entrar a una casa a visitar a una mujer y que directamente haya un marido preparando té para todo el mundo, y de golpe…mujeres que van llegando con sus consultas y sus dudas…y todos sentados en un piso donde no hay más que un colchón y una estufita. Supongo que de eso se trata, de intercambiar, de empatizar…y de borrarnos el chip de hablar “de los refugiados”, como si fueran un ente todos ellos, como si no fueran personas cada uno con sus inquietudes y sus sueños, cada uno con sus necesidades y sus derechos, que parece que les abandonaron hace tiempo…

Nela

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