La Web Afónica

Dicen que una de las maneras de “medirle el aceite” al mercado o a la industria, es analizar las ofertas laborales e identificar que es lo que las compañías están buscando. Si echamos un vistazo a las vacantes en diseño web y sus equivalentes, podemos encontrar ofertas que van desde una simple lista de requisitos técnicos de uso de herramientas para crear imágenes o gráficos vectoriales, hasta vacantes que traducen en bloques semánticos los sueños de aquellos profesionales de diseño que buscamos retos, logros y estatus en nuestra carrera. Sin embargo, sin importar la astucia del reclutador de talento humano, ambos tipos de vacantes se centran en el desarrollo visual. ¿Y el auditivo?
En relación con el entorno digital, el internet desde un comienzo ha dado prioridad a lo visual, dejando en un segundo plano lo auditivo. Por un lado, los problemas tecnológicos, que aunque hoy en día han ido disminuyendo, limitan el aprovechamiento del diseño sonoro, el cual, por otro lado, ha sido aplicado comercialmente de manera inadecuada causando predisposición de los usuarios con el uso de portales web con contenido de recepción acústica. Así como la incorporación de sonidos en un sitio web podría arruinarlo completamente, premisa por la que está práctica es baja, un buen uso podría cosechar grandes recompensas, escalando lo auditivo desde un segundo plano a un complemento crucial de los significantes visuales.
Así pues, el diseño sonoro en sitios web abre un mundo de posibilidades, específicamente para los que aplican el sonido, no como forma de arte, sino como potencializador heurístico. Aquí, es importante tener en cuenta a Lee Tsang, quién, en la sección cuatro: ‘sound and music in web design’ del libro “Music, Sound and Multimedia”, clasifica los sonidos en la web de dos maneras: Musical Earcons — tonos rítmicos que funcionan como leitmotivs y Auditory Icons — sonidos que caracterizan un entorno, donde resalta que, aunque ambos tipos de sonidos no son esenciales para el uso del sistema, estos aumentan la facilidad de uso del sitio y la eficiencia para comprender la información que se expone a través del lenguaje visual, especialmente los sonidos que pertenecen a la segunda categoría, pues la esencia de los ‘earcons’ radica más en el valor estético que en el funcional. Entonces, se podría decir que el sonido en diseño web, visto desde la perspectiva de la retórica de la imagen, tiene el potencial de anclar o relevar el significado de una interacción o de un significante visual de la interfaz, es decir, tiene el potencial de limitar las connotaciones de la imagen o de complementar el significado de la representación gráfica.
Por otro lado, como en cualquier área de diseño y aunque parezca obvio, el diseño sonoro debe centrarse en el usuario, o mejor aún, en la persona que va interpretar la información acústica, pues si no se sobrepasan los filtros culturales y sensoriales, podría generarse el efecto contrario al esperado. Primero, debe existir compatibilidad entre las características de los sonidos y el usuario; y segundo, el usuario debe contar con la herramienta correcta, estar en el entorno adecuado y tener las capacidades físicas necesarias para recibir la información auditiva. Si el usuario no entiende lo que escucha, no cuenta con el sistema de audio correcto o no está en un entorno apropiado para escuchar, podría afectar la realización de las tareas dentro del sistema, sobre todo si el sonido adhiere contenido semántico a la interacción.
En definitiva, el diseño sonoro en un entorno web es un campo por explorar y una oportunidad para trascender en la experiencia de usuario, siempre y cuando se desarrolle con la metodología adecuada y un equipo humano competente para tal fin.
