Nudos
Justo cuando quiero remontar, cuando quiero salir adelante, me acuerdo de tus rulos al viento. Y sigo, porque ya no quiero parar de recordar. Me acuerdo de tu expresión perdida buscándome entre la gente, me acuerdo de tus manos sobre las mías, de tus abrazos, de tus canciones, de pasear al perro, de dormirme a tu lado y despertarme cuando todavía seguías cerca, de escuchar música que en realidad no me gustaba, de ver bandas, de no mirar fútbol por mirarte a vos, de proyectar y proyectar, de los mensajes de buenos días y buenas noches, de la complicidad, de las peleas, de las reconciliaciones, de los abrazos infinitos (si, de nuevo), de tu voz tomada, de tu perfume, de las comidas. Me acuerdo de tu hermano y tu mamá, y un poco tu papá, de tus recuerdos, de tus fantasmas.
Y mira cómo es mi cabeza que me empiezo a acordar de las peleas, de los celos, de los “andate a la mierda”, de las llamadas cortadas abruptamente, de tus amigos que no me bancaban, de tus mentiras, de las cosas que me ocultabas, de las miradas frías, de los paseos que eran mentira, de los “no te quise ilusionar”, del llanto en la calle, en la cama, en el colectivo, en la ducha, en tu casa, en la mía, en el banco de la plaza, del llanto al teléfono, del llanto comiendo helado sabor granizado. De los “no te vayas” cuando ya no estabas más, del nudo en la garganta que se me formaba, que siento ahora, que siento siempre -todo el tiempo- desde que te fuiste.
Quiero poder olvidarme de todo, recordar que estuvimos juntos y que sean sólo recuerdos, que no se sientan nítidos, que no pueda hacer un poco de esfuerzo y acordarme de todos los detalles. No quiero detalles, quiero imágenes borrosas, recuerdos mezclados, quiero decir “me acuerdo que lo amaba”, y no amarte más.
