¿Por qué este artículo? Pues por lo mismo que escribo casi todos, porque estoy harto de que nos traten como a imbéciles. En este caso en particular me pilla más de cerca, de forma más directa. Sé que va a ser un poco largo, pero si es usted fumador y le ha dado mil vueltas a dejar el tabaco, o simplemente tiene curiosidad, espero que el artículo no le defraude… es más, si gracias a este artículo, usted, fumador, se decide a probar, a intentarlo, seré el hombre más feliz del mundo.
Me fumé el primer cigarrillo con catorce años. Nadie me obligó a ponérmelo en la boca, ni siquiera fue cuestión de estar con amigos que fumaban. No. Fui a casa de Luisito, una tiendita que había cerca de mi casa, compré una cajetilla — tabaco negro-, una de fósforos, fui hasta el descampado que había detrás y me fumé un pitillo que sabía a rayos. No puedo decir que hubiese una razón, jamás la hay, es más, era todo lo contrario, mi abuelo había muerto dos años antes de cáncer de pulmón y mi padre comenzaba a tener problemas de salud por culpa del tabaco. Me barrunto que lo hice porque era el clásico chico con gafas al que no le iban mucho los deportes, aparte del ajedrez y el ping pong, y cuyas inquietudes intelectuales eran un poco, no mucho, pero sí un poco más altas que la media, digamos que la imagen de las gafas, el sempiterno libro en ristre y el cigarrillo me dieron un cierto halo de rebeldía romántica que me permitió superar el Instituto prácticamente indemne. A partir de ese momento el cigarrillo fue como mi marca de fábrica. Es raro encontrarme en una foto desde entonces en la que no aparezca con uno en la mano.
Después de un tiempo de infructuosos y estúpidos intentos por ocultarlo, que no sé a quién quería engañar, mis padres pusieron el grito en el cielo, pero con el tiempo cedieron, bueno, mi padre cedió, mi madre jamás cejó en su empeño. Como dije antes el cáncer de pulmón se llevó a su padre, mi abuelo, y, al final, uno de esófago a su marido, mi padre, su odio por el tabaco no tiene límites ni parangón — háganme caso-. Nunca nadie me ha dado tanto la vara con algo como mi madre con el puñetero tabaco. En una ocasión, a la vuelta de uno de esos viajes de trabajo que tanto sufrí durante un tiempo, me encontré la cocina de mi casa empapelada de artículos sobre los males de fumar. Primero me cabree — a quién le gustaría llegar a casa y encontrarse las paredes de la cocina así-, estuve en un tris de llamarla por teléfono y soltarle cuatro patujadas, pero después miré con detenimiento todo aquello, me di cuenta del trabajo que tuvo que costarle recortar los artículos uno a uno, coger un rollo, o varios de cinta celo y pegarlos uno por uno. Si entran en mi cocina todavía los encontrarán allí — en parte de la pared, que no es cuestión-, testigos mudos y amarillentos del humo de miles de cigarrillos y de la altanera tozudez contra el tabaco de mi señora madre. Es probable, muy, muy probable que hubiera tardado diez años más en decidirme a dejarlo sin mi querida y tozuda vieja (a ella le molestará terriblemente lo de vieja, es con mi más absoluto cariño).
A lo largo de estos 31 años mi periplo a través del tabaco ha sido largo, oloroso y caro, aunque he de decir que, al contrario que la inmensa mayoría de los fumadores, casi no he probado tabaco con aditivos. Comencé con el tabaco negro canario, después, cuando pude permitírmelo, me pasé al puro y, cuando estaba por esos mundos de diox, tiraba de pipa y virginia en hebra, ¿Por qué tabaco virginia? Pues porque lo puedes encontrar desde Perú a Mongolia — es complicado encontrar tabaco de tu marca, máxime siendo canario, en, por ejemplo, Armenia, pero tabaco virginia en hebra, sí-. Sin embargo, cuando más he disfrutado del cigarrillo ha sido en estos últimos cinco años en que me los liaba yo mismo de virginia sin filtro. También diré que jamás he tenido problemas de salud relacionados con el tabaco, es más, no recuerdo la última vez que estuve enfermo… pero eso no implica que sea imbécil. No es sólo que los antecedentes familiares que tengo me estén diciendo todo el rato que llevo todos los números para un buen cáncer, de esos de órdago, es que, además, tengo 45 años y quiero pensar que soy lo suficientemente inteligente como darme cuenta que me estoy buscando no pasar de los 60, a ver, que igual ni llego, pero que no sea por fumar.
Hace seis meses me planteé seriamente dejar de fumar. Mi primera opción fue preguntarle a mi hermano, él dejó el tabaco hace varios años, pero lo hizo a lo bestia, es decir, se levantó una mañana, dijo “a tomar por culo” y no volvió a tocar un pitillo hasta la fecha, eso sí, pasó las de San Quintín por el camino, comenzando por levantarse echando los pulmones por la boca, diarreas de campeonato, mareos, nauseas, dolores de cabeza y, aún hoy día, a veces sueña que fuma levantándose con ansiedad. Yo quería dejarlo, pero a ser posible de forma menos traumática, así que me planté en la consulta de mi médico de cabecera y le dije que quería dejar de fumar, me dio un folleto y me aconsejó descanso y beber mucha agua… dejando a un lado el folletito de marras la impresión general fue que el galeno pensaba que tenía gripe.
Sí quisiera dedicar unas palabras al folletito antes de proseguir. No sé quién escribe esos folletos, podría, vaya si podría, pero sé que si lo supiera le pondría nombre y apellidos al mono borracho que los escribe y no es cuestión. Tengo la horrible sospecha de que esos folletos y todo lo que los rodea dependen de una subvención al hermano o al primo de alguien íntimamente relacionado con quien las paga, o eso, o en el Ministerio de Sanidad no hay ningún exfumador, cosa que dudo, es más, si quien escribe esos folletos es quien ha hecho los de sexo seguro eso explicaría el alto número de enfermedades venéreas y embarazos entre adolescentes — no digo más-. Ahí lo dejo.
Mi otra opción era la farmacia. Tengo la suerte de que un buen amigo trabaja en una, así que me acerqué y le pregunté. Opciones hay muchas; chicles, parches de nicotina, pastillas, sprays… yo preguntaba y él se limitaba a sonreír, pasarme el prospecto y aconsejarme que leyera los efectos secundarios, ¿Por qué? Pues porque según él todo el mundo los sufre, por mucho que el prospecto diga que es a una de cada diez personas y él lo sabe, es más, no tendría por qué mentirme en ese sentido, sí podría en el contrario y le agradezco muchísimo que no lo hiciera. Bien, no voy a exponerlos todos, pero sí los mas comunes: llagas en la boca, dolor de garganta, problemas para tragar, palpitaciones, alteraciones del ritmo cardiaco, hipotensión, hipertensión, dificultades para respirar, alteraciones del sueño, nauseas, vómitos, mareos, diarrea, debilidad generalizada, dolor muscular, quemazón, hormigueo, adormecimiento, urticaria, erupción, prurito… puedo seguir. Parecía que dejar de fumar sólo se podía hacer de dos formas, o sufriendo como un perro, estilo mi hermano, o poniendo en peligro mi vida, estilo farmacia.
- Hay otra cosa… -me dijo con una sonrisa socarrona.
- Sí, seguir fumando.
- ¿No has pensado en el vaping? Mi cuñada y mi primo lo han probado y les va de miedo.
El vaping… lo cierto es que había visto aquellas cajitas con un cigarrillo de imitación en su interior en la puerta de una conocida cadena de tiendas de electrónica, pero no me había inspirado mucha confianza, así que me dirigí al mayor compendio de sabiduría que existe, Internet, y me puse a rebuscar. Si alguien hace lo mismo que yo, dejando a un lado las webs especializadas, que hay muchas, no tardará en encontrar foros y comunidades de vapeadores. No se corte, pregúnteles, a excepción de algún imbécil la realidad es que la inmensa mayoría leyó mis interminables listas de dudas, vistas con la perspectiva del tiempo bastante estúpidas, y se tuvieron el trabajo de soportarme y contestarme. Quiero dar las gracias, en especial, a la comunidad de “El mono vapeador”, que tiene un foro de lo más completito, y a maese RuaDeS, artífice del invento y de los más variopintos tutoriales sobre el mundo del vapeo que os podáis imaginar — sin peloteo, eh, lo que es, es y de bien nacidos es ser agradecido, sin ellos es probable que todavía estuviera dudando si decidirme y, estoy seguro, no lo habría hecho bien-.
El cigarrillo electrónico no es algo nuevo, existe desde 1963, aunque las presiones de las tabacaleras y los inconvenientes tecnológicos retrasaron su utilización popular hasta hace muy pocos años y gracias precisamente al público, a personas que querían dejar de fumar. No fueron las farmacéuticas y, por supuesto, tampoco las tabacaleras, no, fueron personas anónimas, gente como yo que siendo adictos a la nicotina no querían los inconvenientes del cigarrillo convencional… morirte, por ejemplo.
La cuestión es que tras mucho mirar en la red, tal día como hoy hace seis meses, compré un kit de iniciación al vapeo (40 €uros) y al día siguiente, con el café de la mañana, lo estrené… la cuestión es que llevo seis meses sin probar un cigarrillo y sin haber tenido llagas en la boca, dolor de garganta, problemas para tragar, palpitaciones, alteraciones del ritmo cardiaco, hipotensión, hipertensión, dificultades para respirar, alteraciones del sueño, nauseas, vómitos, mareos, diarrea, debilidad generalizada, dolor muscular, quemazón, hormigueo, adormecimiento, urticaria, erupción, o prurito… la cuestión es que tardé tres meses, 90 días, en pasar de líquidos con 18 mg/ml de nicotina a 6 mg/ml de nicotina y hace un mes que estoy en 0 mg/ml de nicotina sin ningún tipo de ansiedad, que tardé menos de un mes en notar que la comida me sabía mejor, que el aire olía mejor y que mi sobrina me dijera que ya no olía a demonios, que duermo mejor, que respiro mejor, que ya no me canso subiendo las escaleras de mi casa y que tengo cuatrocientos, sí, sí, 400 €uros más en mi bolsillo… la cuestión es que puedo decir con toda sinceridad y de forma honesta que jamás volveré a ponerme un cigarrillo en la boca, a no ser que mi gobierno y la EU me obliguen, que es de lo que se trata todo este tema del impulso en los medios para que se legisle contra el cigarrillo electrónico, de que aquellos que son adictos a la nicotina sigan matándose.
Hace ocho años que el cigarrillo electrónico se ha ido haciendo cada vez más popular, ocho años en los que la tecnología ha mejorado permitiendo poder usarlo como método para dejar de fumar, sí, señores de los medios de comunicación pagados por lobbies tabacaleros y farmacéuticos, 4 de cada 5 personas que lo usan como método para dejar de fumar lo consiguen, yo pertenezco a ese 80% que lo ha logrado, y el 20% que no lo logra es porque lo ha hecho mal. En estos ocho años el cigarrillo electrónico no ha matado a absolutamente nadie y quien diga lo contrario miente como un bellaco, sin embargo, sólo en España han muerto 80.000 personas al año por el tabaco y las enfermedades relacionadas con su consumo, 1.500 personas fumadoras pasivas, en Europa la cifra sube hasta las 600.000 al año.
Pero la Unión Europea, mi gobierno y los gobiernos de otros países, Estados Unidos incluido, por supuesto, quieren evitar que la gente deje de morirse y, sobre todo, enfermarse… por dinero, claro, sí, sí, por dinero. No se trata sólo de la presión que ejercen los lobbies tabacaleros y farmacéuticos, es que los Estados son directamente parte interesada en que los fumadores sigan matándose. Los impuestos sobre el tabaco le supusieron al Estado recaudar 9.842,3 millones de €uros en 2010, para que puedan entenderlo, ese dinero es el presupuesto nacional de los ministerios de Fomento, Sanidad e Industria juntos. Sólo en España el tabaco ha perdido a 800.000 fumadores entre 2012 y 2014 gracias al cigarrillo electrónico, en el año 2013 las empresas tabacaleras han estimado unas pérdidas de más de 2.000 millones de dólares directamente relacionadas con el cigarrillo electrónico. — quiero señalar que Argentina tiene prohibido por ley el uso, venta e importación del cigarrillo electrónico, un país en el que mueren diariamente 150 personas a causa directa del tabaco, producto del que el Estado obtiene miles de millones en impuestos-. Ahora podría hablarles de las pérdidas de las farmacéuticas y aseguradoras, pero para muestra un botón, en Estados Unidos las aseguradoras han tenido que rebajar las cuotas un 20% a aquellas personas que han demostrado haber dejado el tabaco y la media anual de enfermedades relacionadas con el tabaco, desde la simple bronquitis al enfisema y el epoc, han rebajado su impacto medio y las cifras de pérdidas relacionadas con la venta de medicamentos y tratamientos crónicos se estiman en astronómicas… cosa que, por cierto, maldita la pena que me da.
Dejando todo esto a un lado, que es público, notorio y no hay forma de esconderlo — los números están ahí para que los vea quien quiera-, diré que la falta de rigor informativo demostrada por los medios tradicionales, desde la televisión a los periódicos, la increíble cantidad de falacias que se pueden llegar a leer, o las burradas que algún que otro articulista es capaz de soltar sobre el cigarrillo electrónico, me da arcadas. Claro que incluso ahí tienen un problema, por cada artículo, noticia o programa en el que ustedes, El País, El ABC, El Mundo, La Razón, Tele Cinco, La Sexta, TVE, etc, etc, vierten sus mentiras, cobrando por ello de tabacaleras, farmacéuticas y demás, hay 300, sí, sí, 300 vapers como yo escribiendo en la red, ayudando a otros a dejar el tabaco, explicando cómo usar el cigarrillo electrónico para hacerlo, promoviendo su uso, aconsejando a otros de forma gratuita y altruista y, lo que es mejor, con la fuerza de la verdad de la experiencia frente a vuestras falacias. Ha llegado un punto en el que esto se ha convertido en una batalla, una batalla contra la legislación, contra mi gobierno, contra la EU, contra las farmacéuticas y tabacaleras. El cigarrillo electrónico ha hecho mi vida mejor, ha hecho subir mis probabilidades de vivir más tiempo y ustedes están buscando la forma de mantener beneficios económicos sobre la muerte y la enfermedad.
Podría exponer aquí vuestras mentiras y destrozarlas una por una, empezando por una simple comparativa entre sustancias tóxicas del tabaco y el cigarrillo electrónico, pero es mejor que el lector lo haga por si mismo, sólo tiene que apagar la televisión y dirigirse a internet.
Sois deleznables y os deseo todo lo bueno que deseáis para los fumadores, con cariño, cabrones.
La semana pasada convencí a tres personas a través de internet y a cuatro más en mi entorno directo para comenzar a usar el cigarrillo electrónico, para que comiencen a dejar el tabaco a través del vaping, porque me siento estupéndamente y quiero que ellos también se sientan así. Es más, si usted está interesado, si tiene cualquier duda, o simplemente tiene curiosidad, por favor, no dude en preguntarme y lea esto con atención…
Si fumas, hayas comenzado por la razón que sea que hayas comenzado — no hay ninguna-, fumes dos cajetillas diarias, diez cigarrillos al día, o lo hagas de forma esporádica con una copa un sábado por la noche o con el cafelito de después de comer, eres un adicto. Puedes decirte todo lo que quieras que lo dejas cuando te dé la gana, o que diez cigarrillos al día no es hábitohábitohábito, o que fumar cuando tomas copas no es adicción, pero lo cierto es que ni lo dejarás cuando te dé la gana, ni diez al día es menos hábito que dos cajetillas… ah, y si dejas de fumarte el pitillo con el wisky, el café o después de comer verás cómo pesa la losa esa del “Me falta algo, algo falla, no es lo mismo”. Fumar te convierte en un adicto, se llama tabaquismo y tal y como le ocurre al heroinómano, aunque lo dejes, seguirás siendo un adicto el resto de tu vida y vale más que te hagas a la idea, mientras antes lo hagas antes podrás enfrentarte a dejarlo y la mejor forma de hacerlo sin ansiedad, sin traumas de ningún tipo es el cigarrillo electrónico.
Yo he fumado durante 31 años, sé de lo que hablo y me siento de maravilla.
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