La absoluta irrelevancia de la identificación en las subordinadas relativas

Sonia Montero Gálvez
Oct 27 · 14 min read

En principio, las oraciones subordinadas relativas son aquellas que se introducen mediante un pronombre, determinante o adverbio relativo para aportar información sobre un referente que puede estar explícito en la oración principal o implícito en el relativo. Por eso, la gramática tradicional inscribe dentro de este grupo tanto las subordinadas adjetivas (introducidas por los pronombres relativos que, quien/es, el/la/los/las/lo que y el/la/los/las cual/es, o por el determinante cuyo/a/os/as), como las adverbiales introducidas por los adverbios relativos cuando, donde, como y cuanto. Las primeras pueden ser explicativas o especificativas, según el tipo de información que aportan; y las segundas se clasifican según el valor semántico del adverbio (de tiempo, lugar, manera o cantidad).

En la enseñanza/aprendizaje de ELE (Español Lengua Extranjera), las subordinadas relativas pueden abordarse para plantear muy diversas cuestiones; pero la atención suele focalizarse en el contraste indicativo/subjuntivo que se da en las subordinadas adjetivas especificativas (ejemplo 1) y en las citadas subordinadas adverbiales (ejemplos 2–5):

1. Busco a alguien que {SABE/SEPA} hablar chino.

2. Iré cuando {VA/VAYA} María Luisa.

3. Quieren alojarse donde {VIVE/VIVA} María Luisa.

4. Hazlo como lo {HACE/HAGA} María Luisa.

5. Le daré a María Luisa cuanto {QUIERE/QUIERA}.

En general, se considera que en todos estos casos se usa el indicativo cuando se remite a algo identificado por el hablante, sea una persona o cosa (ejemplo 1), un momento (ejemplo 2), un lugar (ejemplo 3), una manera (ejemplo 4) o una cantidad (ejemplo 5); y se usa el subjuntivo cuando se remite a algo no identificado por el hablante.

Sin embargo, yo creo que esta tesis resulta bastante problemática porque, debido a la tradicional concepción de la lengua como representación o espejo de la realidad extra-lingüística, la identificación del referente suele entenderse como identificación de algo concreto inscrito en el mundo real, lo cual nunca resulta relevante en los contrastes lingüísticos (indicativo/subjuntivo, definido/indefinido, etc.). Y es que la lengua no representa el mundo real sino el modo en el que lo concebimos y conceptualizamos, de manera que lo relevante no es el referente en tanto objeto (o sujeto) extra-lingüístico sino la concepción y conceptualización que hacemos del mismo como referente lingüístico. La problemática a la que me refiero ha dado lugar a un interesante debate que puede consultarse aquí y aquí; pero, dada su complejidad, voy a tratar de exponer mi visión del asunto AQUÍ, donde, aunque abordaré las subordinadas adjetivas por un lado y las adverbiales por otro, se verá que llego a las mismas conclusiones desde ambos lados.

1. LAS SUBORDINADAS ADJETIVAS

En el caso de las subordinadas adjetivas, considero que lo esencial no es la identificación del referente sino la posibilidad que el hablante tiene de garantizar su existencia en el contexto como algo determinado. Así, el uso de SABE en (1) no implica que el hablante conozca o identifique a la persona en cuestión sino únicamente que sabe (o piensa) — y quiere garantizar — que esa persona es alguien determinado que existe y puede localizarse en el espacio contextual donde la busca. Por el contrario, el uso de SEPA implica que el hablante no garantiza su existencia en el espacio contextual, así que remite a alguien indeterminado y no identificado. Dicho de otro modo: el uso del indicativo implica la referencia a algo o alguien determinado, pero no necesariamente identificado, cuya existencia se garantiza; mientras que el uso del subjuntivo implica la referencia a algo o alguien indeterminado (y no identificado) cuya existencia no se garantiza.

He aquí otro par de ejemplos:

6. Los alumnos que SUSPENDEN el examen tienen que repetir el curso.

7. Los alumnos que SUSPENDAN el examen tendrán que repetir el curso.

En (6) no decimos SUSPENDEN porque identificamos a todos y cada uno de los alumnos suspensos sino porque sabemos que, por regla general, hay alumnos que suspenden dicho examen y es a ese conjunto determinado de alumnos al que nos referimos. Y en (7) decimos SUSPENDAN porque, al hablar de un examen particular antes de conocer los resultados de su evaluación, no resulta demasiado legítimo presuponer que habrá quienes lo suspendan, así que remitimos a un conjunto hipotético cuya existencia no está garantizada.

El indicativo implica la presuposición de existencia del referente como algo determinado en el contexto y, por eso, estamos obligados a usarlo en enunciados como:

8. Aquí hay perros que {LADRAN/*LADREN} y perros que {MUERDEN/ *MUER-DAN}, pero no puedo decirte cuáles hacen una cosa y cuáles hacen la otra.

9. Me dijeron que en el desván hay una cosa que {TIENE/*TENGA} cuatro patas. No sé si es una mesa, una silla o un taburete, pero está a nuestra disposición si queremos hacer uso de ello.

En estos enunciados se impone el uso del indicativo porque afirmamos la existencia de los referentes como entidades determinadas (sea un ejemplar o un conjunto de ejemplares); pero, como vemos, su identificación como entidades físicas y concretas no es un requisito imprescindible porque el indicativo no implica necesariamente tal identificación.

Por el contrario, el subjuntivo no garantiza la existencia del referente como algo determinado en el contexto, lo que hace que pueda usarse en muy distintas situaciones:

10. En el desván no hay ninguna cosa que TENGA cuatro patas.

11. No sé si en el desván hay alguna cosa que TENGA cuatro patas.

12. Ve al desván y coge una cosa que TENGA cuatro patas.

En (10) se niega la existencia de la citada cosa, en (11) se duda de la misma y en (12) no se garantiza ni su existencia ni su inexistencia, pues el subjuntivo deja todas las puertas abiertas: la posibilidad de que no haya ninguna, la posibilidad de que haya una y la posibilidad de que haya más de una.

Cuando negamos o dudamos de la existencia del referente en el contexto, tendemos a usar el subjuntivo porque es el modo de la no-declaración que nos permite hablar de acciones cuyo cumplimiento no se garantiza; pero esta tendencia no impide que, en algunos casos, podamos alternar el subjuntivo con el indicativo:

10’. En el desván no hay ninguna cosa que {TIENE/TENGA} cuatro patas.

11’. No sé si en el desván hay una cosa que {TIENE/TENGA} cuatro patas.

En estos enunciados usamos el subjuntivo cuando inscribimos la citada cosa en el desván, donde no podemos garantizar su existencia; y, también, cuando no podemos (o no queremos) garantizar su existencia en el desván, ni en ningún otro lugar implícito en el contexto. Sin embargo, podemos usar el indicativo cuando presuponemos su existencia fuera del desván, siempre que sea en algún lugar implícito del contexto. Estos lugares implícitos del contexto pueden ser de carácter físico, discursivo o conceptual; pero, de momento, nos limitaremos a los lugares físicos como pueden ser los que hay en una determinada casa (el baño, la cocina, el salón, etc.). Así, para contextualizar los usos del indicativo que pueden darse en (10') y (11'), basta con imaginar una gymkana cuyos participantes se encuentran recluidos en una mansión y deben localizar las tres cosas que TIENEN cuatro patas que hay allí escondidas. Al saber que tales cosas existen y son determinadas, puede hacerse referencia a una de ellas como algo que efectivamente TIENE cuatro patas.

Por otro lado, el hecho de que el subjuntivo no garantice la existencia del referente en el contexto permite que pueda usarse cuando, aunque parece que el hablante presupone (y afirma) su existencia, prefiere tomarse la licencia de ponerla en duda, como ocurre en uno de los ejemplos proporcionados aquí que contrastamos con su contrapartida en indicativo:

13. No sé qué pasó el año pasado con todos aquellos que no superaron la prueba, pero me imagino que los alumnos que {SUSPENDIERON/ SUSPENDIERAN} tendrían que repetir el curso, ¿no?

Aquí, puesto que se afirma la existencia de alumnos suspensos, lo habitual sería decantarse por el uso del indicativo que remite a tal conjunto determinado; pero el hecho de no saber si tuvieron que repetir el curso nos permite relativizar la supuesta certeza de su existencia mediante el uso del subjuntivo.

En segundo lugar, conviene abordar la alternancia que se da en casos como:

12’. Ve al desván y coge una cosa que {TIENE/TENGA} cuatro patas.

Aquí, el uso del indicativo no implica que el hablante identifique tal cosa como objeto físico, sino únicamente que sabe (o piensa) — y quiere garantizar — que en el desván hay una cosa determinada que TIENE cuatro patas. Por su parte, el uso del subjuntivo implica que el hablante no está dispuesto a garantizar ni la existencia de tal cosa en el desván, ni la posibilidad de que haya una o más de una, así que no se remite a ninguna cosa determinada sino a cualquiera de las que pueda haber en caso de haber alguna.

En los casos donde claramente se presupone la existencia de varias entidades pero solo se remite a una de ellas encontramos algo muy similar:

14. Dame el que tú {QUIERES/QUIERAS} darme

Aquí es evidente que se remite a un objeto seleccionado entre otros, así que se presupone la existencia de todos ellos. En principio, podríamos pensar que la opción QUIERES remite a un objeto identificado por el hablante y la opción QUIERAS remite a un objeto no identificado por el hablante. Sin embargo, yo creo que QUIERES solo supone que el hablante sabe que su interlocutor quiere darle uno de tales objetos (uno determinado, pero no necesariamente identificado como entidad física), mientras que QUIERAS deja en suspenso tanto la posibilidad de que el interlocutor quiera (o no quiera) darle uno de ellos, como el hecho de que sea tal o cual objeto. Es decir, en indicativo se remite al “objeto determinado que tú quieres darme” y en subjuntivo se remite al “objeto indeterminado que tú decidas querer darme en el caso de querer darme alguno de ellos”.

Para terminar con este festival de ejemplos, no me resisto a incluir los siguientes:

15. Esta ayuda se suele repartir entre los que {TIENEN/TENGAN} cargas familiares.

16. La persona que {LLAMARÁ/?LLAME} a tu puerta te entregará un mensaje cifrado.

17. Los alumnos que {VAN/?VAYAN} a ser nombrados podrán optar a un premio.

En (15), el contraste no depende de la identificación (o no identificación) del conjunto de personas al que se remite sino de la voluntad que tenga el hablante de garantizar (o no) su existencia como conjunto determinado. En (16) no parece muy legítimo el uso del subjuntivo porque no se remite a cualquier persona sino a una determinada de cuya existencia no se tiene ninguna duda. Y en (17) tampoco suena muy natural el subjuntivo porque no parece haber ninguna duda de la futura existencia de tales alumnos, los cuales constituyen un conjunto determinado, pero no necesariamente identificado.

En consecuencia de todo lo dicho hasta ahora, el algoritmo de las subordinadas adjetivas vendría a ser algo así:

1. ¿Garantizas la existencia del referente en el espacio contextual?

1.1. NO > SUBJUNTIVO

1.2. SÍ > ¿Te refieres a algo (o alguien) determinado?

1.2.1. NO > SUBJUNTIVO

1.2.2. SÍ > INDICATIVO

Sin embargo, no estoy absolutamente convencida de que la lengua pueda sistematizarse en algoritmos — aunque quizás no es culpa de la lengua sino de mis limitadas capacidades como lingüista — , pues sigo encontrando casos que no se ajustan del todo a esta teoría:

18. Un perro que {MUERDE/MUERDA} es un mal perro.

19. Cualquier perro que {MUERDE/MUERDA} es un mal perro.

En estos enunciados no nos referimos a un perro determinado sino a un ejemplar indeterminado (y no identificado) extraído del conjunto de perros que {MUERDEN/ MUERDAN}. Por eso, la única idea que se me ocurre para salir del paso es que, quizás, en estos casos lo relevante es el modo en que se conceptualiza tal conjunto: si decimos MUERDE, remitimos a uno (o cualquiera) de los perros integrantes del conjunto determinado de “perros que muerden” que hay en el mundo; mientras que, si decimos MUERDA, remitimos a uno (o cualquiera) de los “perros” del mundo que resulte que muerdan, sin concebir tal clase de perros como un conjunto determinado ni garantizar su existencia como tal.

Y es que, como se advierte más arriba, los referentes pueden inscribirse en espacios discursivos o conceptuales:

20. - ¿Aquí hay algún perro que {LADRA/LADRE}? - No, aquí no hay ningún perro que {LADRA/LADRE}. Todos muerden.

Cuando preguntamos por la existencia de algo, podemos hacerlo en indicativo o en subjuntivo, dependiendo del espacio conceptual donde inscribamos el referente. Así, en la pregunta de (20) usamos el indicativo cuando inscribimos el citado perro dentro del conjunto existente y determinado de “perros que ladran”; pero el subjuntivo lo podemos usar en dos casos: a) cuando inscribimos el referente dentro de “aquí”, donde no podemos garantizar su existencia; y b) cuando lo inscribimos dentro del conjunto total de “perros” que existen en el mundo, independientemente de que ladren o no. En la respuesta puede darse la misma situación, pero el uso del indicativo también puede responder a una cuestión discursiva como mera cita de la expresión usada en la pregunta.

Si esta última explicación parece delirante, pido mis disculpas. En el fondo de los fondos, pienso que, como decía Andrés Bello, “toda explicación gramatical es una ficción”, así que cada cual elija la ficción que más le guste o convenza.

2. LAS SUBORDINADAS ADVERBIALES

En el caso de las subordinadas adverbiales, considero que el uso del indicativo no implica necesariamente la identificación del momento, lugar, manera o cantidad en tanto entidades concretas; sino la posibilidad de: a) declarar las acciones subordinadas como acciones cumplidas y b) relacionar su cumplimiento con algún momento, lugar, manera o cantidad determinados (o un conjunto determinado de los mismos).

Retomemos los ejemplos presentados al principio:

2. Iré cuando {VA/VAYA} María Luisa.

3. Quieren alojarse donde {VIVE/VIVA} María Luisa.

4. Hazlo como lo {HACE/HAGA} María Luisa.

5. Le daré a María Luisa cuanto {QUIERE/QUIERA}.

Aquí, el presente de indicativo indica que el hablante sabe (o piensa) — y garantiza — que María Luisa VA en algún momento, VIVE en algún lugar, HACE determinada cosa de alguna manera y QUIERE cierta cantidad de cierta cosa. Por tanto, en estos enunciados se remite a un momento, lugar, manera o cantidad determinados; pero tales referentes no tienen por qué estar identificados como entidades concretas de la realidad extra-lingüística.

Prueba de ello es que podemos decir:

2’. Sea a la hora que sea, yo iré cuando VA ella.

3’. Quieren alojarse donde VIVE María Luisa, pero yo no sé qué barrio es.

4’. Yo no conozco sus tácticas, pero sé que funcionan. Por eso, hazlo como lo HACE ella.

5’. Sea mucho o poco, yo le daré cuanto QUIERE.

Aquí, el hablante no identifica ni el cuándo, ni el dónde, ni el cómo, ni el cuánto; pero usa el indicativo porque piensa (o sabe) — y quiere garantizar — que el sujeto VA en algún momento, VIVE en algún barrio, lo HACE de alguna manera y QUIERE cierta cantidad.

En el pasado ocurre lo mismo, como ilustra este ejemplo retomado del debate:

21. Pobre Jorge, comido por los perros en su propio jardín. No tengo ni idea de cuándo salió, pero me imagino que cuando SALIÓ, la jauría lo estaba esperando en la puerta.

Aquí, el hablante no sabe cuándo salió Jorge pero, como sabe (y declara) que salió, tal acción solo puede localizarse en un momento determinado.

Ahora bien, lo cierto es que pueden darse casos donde el indicativo no implica la referencia a un momento, lugar, manera o cantidad determinados o específicos:

22. Lo hace {cuando/donde/como} PUEDE

23. Nos suele dar cuanto PUEDE

En estos enunciados se remite a cualquier momento, lugar, manera y cantidad que se ajuste a las capacidades del sujeto aludido; pero se declara que PUEDE porque se sabe que hay momentos en los que lo PUEDE hacer, lugares donde lo PUEDE hacer, maneras en las que lo PUEDE hacer y cantidades que PUEDE dar. Es decir, las acciones subordinadas se declaran porque su cumplimiento se vincula a conjuntos determinados de momentos, lugares, maneras y cantidades cuya existencia se garantiza.

Por su parte, el uso del subjuntivo deja en suspenso tanto el posible cumplimiento de las acciones, como su vinculación con un momento, lugar, manera o cantidad determinados (o un conjunto determinado de los mismos). Es por eso que, en relación con lo primero, discrepo con la idea que se aduce aquí según la cual “la elección de “cuando” [o “donde”, “como” y “cuanto”] en sí misma implica en todo caso que la futura realización del predicado subordinado se da por supuesta”, pues el subjuntivo presenta ese predicado como una acción meramente potencial. Y es que, de la misma manera que “cuando las ranas CRÍEN pelo” no implica que el hablante garantice que las ranas criarán pelo en algún momento, “cuando VAYA” no implica que garantice que irá en algún momento, pues, al no declarar la acción de ir, asume (e invita a asumir) la posibilidad de no ir nunca. De la misma forma, “donde VIVA María Luisa” no implica que el hablante garantice que María Luisa vive en algún lugar, pues en ese subjuntivo se incluye la posibilidad de que esté muerta; etc.

En relación con lo segundo conviene advertir que, al no declarar la acción subordinada (es decir, al no presentarla como una acción cumplida), el subjuntivo no está obligado a relacionar su potencial cumplimiento con un momento, lugar, manera o cantidad determinados o específicos. De ahí que lo usemos para remitir a “cualquier” momento, lugar, manera o cantidad, sea el/la que sea:

24. Hazlo {cuando/donde/como} QUIERAS.

25. Dame cuanto PUEDAS.

Ahora bien, a la vista de los ejemplos 22–23, lo particular del subjuntivo no es la referencia a cualquier momento, lugar, manera o cantidad, sino la falta de garantías acerca del cumplimiento de las acciones y, por tanto, la dificultad de vincular tal cumplimiento con un momento, lugar, manera o cantidad determinados (o un conjunto determinado de los mismos). Es por eso que, a mi juicio, en (24) y (25) se deja en suspenso tanto la posibilidad de que el interlocutor quiera o pueda, como la existencia de un momento, lugar, manera o cantidad determinados que puedan vincularse a tales acciones.

El hecho de dejarlo todo en suspenso hace que el subjuntivo sea terriblemente ambiguo, lo cual resulta especialmente llamativo en el caso de las subordinadas temporales que remiten a acciones futuras. Y es que, en este tipo de oraciones, el subjuntivo puede adaptarse a casi cualquier situación, incluidas aquellas donde parece que se presupone tanto el cumplimiento de la acción, como su vinculación con un momento determinado e incluso identificado:

26. Jorge llegará a las 9 y ustedes se irán cuando él LLEGUE.

27. No te preocupes por el frío. Cuando tú VAYAS hará un tiempo maravilloso en Berlín.

En (26) la subordinada remite al momento específico (e identificado) en el que se supone que llegará Jorge; y en (27) también se remite al momento específico (e identificado) — aunque menos preciso — en el que se supone que el oyente o receptor irá a Berlín, pues de lo contrario no podría decirse que “hará un tiempo maravilloso” allí.

Como explico en el mencionado debate, yo creo que en estos casos lo relevante es el equilibrio de fuerzas que se establece entre la oración principal y la subordinada. Y es que el uso del futuro de la oración principal indica que se trata de una acción declarada como suposición (no como aseveración); y — aunque mi contrincante en el debate sostiene lo contrario — yo no creo que podamos relacionar una acción supuesta con un momento también supuesto, como prueba la imposibilidad de los siguientes enunciados:

26’. * Jorge llegará a las 9 y ustedes se irán cuando él LLEGARÁ.

27’. * No te preocupes por el frío. Cuando tú IRÁS hará un tiempo maravilloso en Berlín.

Sin embargo, sí podemos relacionar una acción supuesta con un momento aseverado (en presente de indicativo) o un momento potencial (en presente de subjuntivo), como demuestra la alternancia que se da en los siguientes ejemplos:

28. Jorge llega a las 9 y ustedes se irán cuando él {LLEGA/LLEGUE}

27’’. No te preocupes por el frío. Cuando tú {VAS/VAYAS}, hará un tiempo maravilloso en Berlín.

El contraste que encontramos aquí es el que hay entre una acción que, aunque se inscribe en un momento futuro, se da por cumplida (LLEGA, VAS) y una acción que solo se presenta como potencial (LLEGUE/VAYAS); pero, puesto que tales acciones se inscriben en ambos casos en un momento determinado — e identificado — , considero que lo relevante es la posibilidad (o voluntad) de garantizar o no su cumplimiento.

En el caso de las adverbiales no me atrevo a plantear ningún algoritmo porque, entre otras cosas, para hacerlo se requiere abordarlas con más detenimiento; pero, aún así, creo que lo dicho hasta aquí es suficiente para demostrar lo que quería demostrar:

- que, en este tipo de oraciones, la identificación del referente entendido como entidad extra-lingüística no es un factor relevante en el contraste indicativo/subjuntivo.

- que lo relevante es la posibilidad de a) declarar las acciones subordinadas como acciones cumplidas y b) relacionar su cumplimiento con algún momento, lugar, manera o cantidad determinados (o un conjunto determinado de los mismos).

Hasta aquí llega mi ficción gramatical, la cual queda a las expensas de cualquier otra que la seduzca y abduzca.

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