Manos vacías

Nunca terminamos de aprender. Pensé que ya había terminado de asimilar el cambio. Estaba equivocada. Descubrí que cada día van a aparecer nuevas limitaciones.

Todo inició con un poco de meditación para superar un ataque de ansiedad, provocado por la impotencia al no poder cortarme las uñas. SÍ, no contaba con que mis manos no tendrían la fuerza suficiente para cortarme las uñas. Después de varios intentos fallidos, llegó el pánico y la ansiedad. Puse el corta uñas en la mesa y comencé a intentar arrancarlas...

Unos minutos después, intentando emparejar mi impulso con una lima, comencé a revivir en mi mente todas las veces en las que no me di cuenta que la fuerza en mis manos no era la misma.

La primera fue intentando abrir una botella de agua que no estaba sellada. No pude y comencé a frustrarme. Por fin, alguien me ayudó y al tomarla se me cayó. Al igual que una lista inmensa de cosas que han desaparecido de mis manos y terminado en el piso de la forma más absurda.

También, todas las veces que me rescató algún compañero del trabajo por no poder abrir el portón e incluso la puerta de la oficina. No poder cerrar el candado de la casa. Las incontables veces que se me han caído vasos, botellas, el termo. El día que no pude romper el empaque para sacar la pastilla o cuando no pude sacar los cubos de hielo de la pana.

Así, se fueron sumando momentos con las mismas características, el problema era la fuerza en mis manos. Para cualquier persona que no ha pasado por esto dirá: “es normal que de vez en cuando seamos mano floja”. No es los mismo.

Cada hecho de forma aislada paso desapercibido en su momento. Todos juntos fueron como un ola de agua sepultándome y llevándose con la corriente mis ganas de seguir luchando con el cambio.

Terminé de limar lo que me quedaban de uñas. Concluí que lo único que puedo hacer es pedir ayuda a los que me rodean. Y aunque se vuelva incomodo y no ocultar mi dolor. Es cierto que otras personas pueden tener problemas de salud mucho más serios que los míos. Pero si otros se quejan de una gripe como si fuera el fin del mundo, ¿por qué voy a fingir estar bien, solo para no incomodar a los demás? NO.

Todos tenemos derecho de vivir nuestros problemas a nuestro ritmo. ¿No?

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