Inicio con una frase del no muy popular Paulo Coelho que dice:
“El hombre necesita de lo peor que hay en él para alcanzar lo mejor que existe en él”.
Luz y oscuridad van de la mano, así como también el pasado tiñe nuestras decisiones presentes que le darán cabida a ese futuro anhelado. Somos un compendio no solo de emociones, sentimientos y experiencias, también de tiempos, puesto que la convergencia de dos de ellos siempre le dará vida a un tercero — pasado, presente y futuro — .
Más que soltar y superar creo, muy a opinión personal, que la tarea difícil radica en la aceptación, ¿Qué aceptar?, sencillo, que todo lo que ya no está ahí contigo, se ha ido. ¿Qué debemos hacer? Seguir adelante, ahora bien, ¿Nos detiene el pasado o nos detenemos nosotros mismos pensando en el pasado? Si bien parece paradójico, el tiempo no es el culpable de nuestra situación actual, más si lo es nuestra capacidad latente de salir o enfrascarnos en él, pensando en qué, cómo, cuándo, dónde y por qué debí o no haber hecho — lo ya hecho — para obtener resultados distintos. ¡Falacias!, a lo hecho pecho.
Se ha inventado una palabra muy hermosa que revela parte de nuestra fuerza como seres humanos, “resiliencia”. La misma es la capacidad de hacer frente a las adversidades de la vida, transformar el dolor en fuerza motora para superar y salir fortalecido de ellas. Una persona resiliente comprende que es el arquitecto de su propia alegría y su propio destino. Entonces, ¡Vamos a convertirnos en personas resilientes!.
Por otra parte, da la impresión de que en todo el texto tratas de convencerte más que convencernos que debes soltar la mano a ese pasado latente en tu interior y que te está empañando la vista frente a un presente prometedor — o no — al que quieres darle una oportunidad, yo te pregunto, ¿Por qué no?. Las cosas siempre nos parecen imposibles hasta que nos atrevemos a dar tan solo un paso y notamos como las cargas se aligeran y caminar, resulta más sencillo de lo que creíamos.
La mente es el mayor misterio del planeta, y el miedo, el más terrible de los cobardes. ¡Anímate!, ¡Animémonos!
