Jugando con un Espectro.


Está historia ocurrió hace mucho tiempo, en una localidad muy marginada de la civilización, cerca del desierto. Una niña padecía un Cáncer Terminal desde hace mucho tiempo, los doctores sabían que le quedaban pocas horas de vida, así que prepararon a sus padres para que estuvieran conscientes de que, en cualquier momento, su hija iba a fallecer.

Y así fue, a las 6 de la tarde, de un día martes, la niña falleció, sus padres invitaron a todas las personas del pequeño pueblo al sepelio, para que dieran su último adiós a Anabel, toda la gente asistió al entierro de la niña. El dolor para los padres fue tanto, que no soportaron vivir en el mismo lugar, así que decidieron mudarse a la ciudad, dejando la tumba de la niña allí, olvidada en ese pueblo.

Los años pasaron, la tumba fue siendo olvidada poco a poco y junto a los años, creció una leyenda sobre la tumba de aquella niña, la tumba de Anabel Splinter, así se llamaba.

La Leyenda decía, que:

“Quien dejara un juguete en la tumba de Anabel, sería aterrorizado durante el resto de su vida, entre más grande era el juguete, mayor era el terror que ella, haría sentir en la persona que había dejado la ofrenda.”

Un día, un joven de aproximadamente 16 años, escuchó la historia y decidió, estúpidamente, intentar probar si esto era cierto o no. Él recordaba que su hermana mayor, más o menos de unos 21 años, tenía una antigua casa de muñecas, la cual había estado guardada en la cochera desde hace mucho tiempo, por lo cual, sin preguntarle nada al respecto; él tomó la casa de muñecas y haciéndose acompañar por su perro, fue al cementerio y dejó la casa de muñecas sobre la tumba de Anabel. Después de esto, aprovecho el mismo viaje para llevar a su perro a dar el paseo diario, ya que él era el encargado de que “Tofi” dejara sus desechos fuera de casa. Cuando el paseo terminó, regresaron a casa, cenaron, se limpiaron y se dispusieron a dormir.

Anthony, que era el nombre del joven, se acostó y sin esperar ningún tipo de “actividad paranormal” se durmió tranquilamente, ya que no esperaba que nada sucediera esa noche, púes no creía en la leyenda de Anabel, así que se durmió rápidamente.

Al día siguiente, Anthony despertó, sintiendo una molestia en sus brazos y espalda, por lo cual fue al baño y revisó su cuerpo, para su sorpresa, encontró marcas de pequeñas mandíbulas en sus brazos y espalda, él no podía culpar al perro, ya que Tofi toda la vida había dormido afuera de casa, y la noche anterior no había sido la excepción. Él decidió no mezclar una cosa con otra y pensó en nada más ignorar lo sucedido y ni siquiera pensar en Anabel, así que desayunó y se fue a la escuela; no le contó a ninguno de sus amigos lo que estaba sucediendo, pero él no podía sacarse de la cabeza, aquel suceso del que se había dado cuenta en la mañana. Las clases terminaron y se fue a su casa. Llevó a su perro al paseo diario, regresó a casa, cenó y se fue a acostar.

Esa noche, fue más difícil conciliar el sueño, porque a pesar de que Anthony quería ignorar las marcas de los dientes, él sabía que eso no era normal y mucho menos se lo habría hecho un “insecto”. Pero de igual manera, el cansancio pudo más y finalmente se durmió.

La mañana siguiente, despertó y para su sorpresa nuevamente, tenía el pecho y estómago lleno de arañazos, obviamente esto lo alarmó más, pero como cualquier joven lleno de negatividad, volvió a decidir no mezclar nada con Anabel, él seguía pensando que esas cosas habían sido pura casualidad, se preparó para ir a la escuela y el día ocurrió normalmente, aunque Anthony actuaba muy al margen de los demás chicos, su mente estaba llena de “casualidades”.

El día terminó y regreso a casa, fue la misma rutina, llevar a pasear al perro e ir a cenar. Aunque está vez, no cenó por hambre, sino para que sus padres vieran que el seguí actuando normal y así no levantar ninguna sospecha de lo que estaba sucediendo y así evitar el tema al máximo. Esa noche, Anthony, más asustado de lo normal, decidió que sería una grandiosa idea dejar la puerta abierta, así el perro podría entrar a la hora que quisiera y así, él sentirse un poco más… “seguro”. Cómo que sí un fantasma, se incomodaría por la presencia de un perro, pero él pensó que era una buena idea, entonces así lo hizo. Al saber que el perro estaba allí, él pensó que no sucedería nada más paranormal de lo que ya había sucedido, así, que se durmió rápidamente, confiando que nada más pasaría esa noche.

Eran las 3 de la madrugada, cuando un gran grito despertó a las personas que habitaban la casa de Anthony, al perro y hasta a algunos vecinos. Los padres de Anthony llegaron corriendo a toda velocidad a su habitación, para ver qué era lo que había hecho gritar como niña a su hijo de 16 años, él les dijo que había sentido que algo caminaba encima de su cuerpo, sus padres pusieron patas arriba la habitación, buscando algún insecto que podría haber sido lo que había hecho que Anthony se asustara y despertara. Pero sólo Anthony, sabía que lo que realmente había sentido, eran unos pequeños dedos, fríos, tan fríos como el hielo… los cuales le habían apretado tan fuerte sus testículos que lo habían hecho retorcerse del dolor y le habían sacado aquel grito, que había despertado hasta a los vecinos.

Él ya no se pudo dormir, por lo cual nada más estuvo esperando con los ojos bien abiertos, como los de una lechuza, que amaneciera para así poder ir a la escuela, regresar a casa y después, cuando llevara a Tofi a su paseo diario, pasar por el cementerio y traer la casa de muñecas de nuevo a su garaje, al lugar donde pertenecía y así fue, él se dirigió a la escuela, pero no podía poner atención a ninguna clase ya que él pensaba constantemente que habían robado la casa de muñecas, ya que estaba en buen estado. Así que cuando finalmente las clases habían terminado, salió como un torpedo hacía su casa. Tomo a Tofi, dejó sus cosas en casa y se dirigió inmediatamente al cementerio donde estaba la tumba de Anabel, por todo el camino iba deseando que la casa todavía estuviera encima de la tumba, ya que él pensaba que con retirar la casa de la tumba, Anabel dejaría de molestarlo.

Al llegar al cementerio, para su sorpresa, la casa estaba allí, intacta, tal y como él la había dejado sobre la tumba de Anabel, quizás no la habían robado por temor a la furia de Anabel o nada más como una muestra de respeto, hacía la ofrenda que estaba sobre la tumba de una niña que había muerto a causa del cáncer; lo que haya sido, lo único que le importaba a Anthony era que la casa, estaba allí y que al fin podría regresar el juguete al garaje.

Así fue, ni lento ni perezoso, tomó la casa de muñecas y la llevo a su casa nuevamente, la puso en el garaje tal y como la había encontrado, cenó un poco más tranquilo y se fue a dormir, con una tremenda fe de que Anabel ya no lo molestaría más… -Ese fue su mayor error-.

Al día siguiente, Anthony encontró a su hermana María, llorando en la sala, él confundido le pregunto qué sucedía, María, con las pocas fuerzas que tenía le señaló hacía la cocina.

Al girar su mirada, Anthony alcanzó a leer en la pared, una frase que decía:

Tú me quitaste el juguete que me habías regalado, ahora yo te quitaré a tu mascota y a tu familia, para que veas lo que yo sentí cuando mi familia me abandonó, en está fría tumba.

Enseguida los bellos de los brazos, piernas y otras zonas que no mencionaré por respeto a Anthony, se erizaron por completo… al salir al jardín, Anthony vio que su padre y su madre estaban colgados en un árbol que allí estaba plantado, mientras que Tofi, estaba tirado al píe del árbol, con la casa de muñecas encima de él… cuando Anthony regresó adentro de la casa para estar con su hermana, la encontró muerta, ella se había quitado la vida. Se había cortado las venas con un cuchillo de cocina. Y ahora, la frase de la pared estaba escrita con sangre… Anthony se fue del pueblo y hasta hoy nadie sabe de él, la policía lo busca por los asesinatos de su familia y mascota.




FIN.


-SALVADOR CAÑAS-