Este texto se llama comillas. Usted las pone donde se le antoje.
Nos imitamos, nos cambiamos las letras, hacemos idioteces que a nuestra edad deberíamos dejar de hacer, nos buscamos parecidos con otros y nos acusamos de ladrones.
Hemos asistido a algunos toques de Toto Yulelé en los que coincidimos cuatro o cinco amigos que no nos tomamos tan en serio esto de ser músicos, o ser público, y comenzamos a oficiar de simil barra brava o pseudo club de fans. Nos reímos mucho.
Julian Oroz sabe también de esto, cada vez que compartimos fechas, las canciones mutan en algo aparentemente más trascendental y colectivo. Cuando le quitamos el peso a toda esa cosa abstracta que llaman arte y a todo ese oficio tan místico al que se refieren con la etiqueta cantautor, aparece algo, nadie sabe si mejor o peor, pero es un algo que nos atrae y nos pone bobos.
Una vez tocó Lobo Está? en el Solitario Juan, Gonza estaba muy borracho y ya ni le salía cantar, estaba todo torcido y ahí estábamos de vuelta los amigos del músico cantando como si estuviéramos en un estadio cuando en realidad no éramos más de 15, 20 personas en un bar.
A veces parece que necesitásemos llevar todo a ese plano banal y burlarnos de nosotros y del mundo, en ese orden.
Claro que algunos no se lo permiten, no nos lo permiten. Unos más, otros menos, no pasa nada con eso.
A mi, me gustan los ensayos en los que te cagás de risa, mi teoría es que si no, no funciona.
Luego, porsupuesto, nos toca presentarnos en salas formales, en festivales o hacer notas por acá y por allá, ahí nos ponemos una camiseta limpia e intentamos comunicar lo mejor que nos sale, con palabras, algo que pertenece a un lugar extraño de compartir sin guitarra. Hay que hacer sonar la música también, arreglar, corregir, tomarse muy en serio muchas cosas tratando de no ir en detrimento de otras.
Necesitamos esa ambigüedad (la otra teoría es que todos/as necesitamos de esa ambigüedad) para sobrevivir.
Yo no sé cómo se hace esto, lo hago hace muchos años y no termino de descubrirlo y de sorprenderme, pero tengo muy claro que mi comodidad y mi permanencia dependen directamente de esta bipolaridad.
Así que gracias a todos los públicos y todos/as los/as artistas que forman y conforman esta farsa.