Libros, ideas de libros y el gusto por la lectura

El otro día le contaba a una chica que cuando leí El valeroso Hidalgo Don Quijote de la Mancha cambió mi vida. Su respuesta fue evidentemente un ataque de risa y una mirada perpleja. Sencillamente me pareció adecuada su reacción. Porque además se trata de uno de esos libros a los que nunca te acercas, ideal para mofarnos de la literatura; además de multicitado por la gente que pretende leer.

Así que bien puede ser una pésima forma de sentirse conectado con los libros o un acto de la más simple y tonta pose (son los extremos de la vida). Y eso que los alcances del arte son insondables (y tal vez podría haber una referencia al Quijote escondida en el último enunciado que leíste o en la reciente película que te hizo ir al cine).

Las ideas que se propagan en el siglo recién iniciado tienen un sentido opuesto a la pertinencia, inundados hoy en día por una tendencia de burla muy claro hacia “todo lo innecesario que es el arte”.

Yo le comentaba que me parecía bien, que podía pasarse toda su vida sin tener que recurrir a las palabras de Cervantes, incluso. De todas maneras su reacción me hizo preguntarme otra vez si era verdad lo que había dicho. Es decir, en el pasado sí fue uno de esos libros que me marcó pero ¿ahora que ha pasado tanto tiempo sigue siendo vigente para mí?

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