Primeras Damas, poder y rendición de cuentas

Eliane Karpa by JB. Tomado de aquí.

La relación entre las primeras damas y el poder no es fácil. Son individuos que, en función de su propia posición, ganan algún grado de poder e influencia. Pero éste no proviene de una fuente formal, sino que descansa en la relación que comparte con su esposo, el presidente o jefe de gobierno. Y, sin embargo, es un poder real: una primera dama suele ser conocida y buscada por los medios y la gente, y puede aprovechar esa llegada para expresar sus puntos de vista sobre políticas públicas y sobre los políticos, convirtiéndose en un actor político con peso propio; pero, además, tiene o puede tener influencia sobre asesores y consejeros o, al menos, capacidad de llegada a centros donde se toma decisiones importantes.

En países caracterizados por estructuras de control y rendición de cuentas frágiles, un actor con ese tipo de poder tiene oportunidades para abusar discrecionalmente de la gestión y de los recursos públicos. Rosane Collor, esposa de Fernando Collor de Mello, expresidente de Brasil, fue sentenciada el año 2000 por haber desviado cientos de millones de dólares de una organización de caridad que ella dirigió durante el gobierno de su esposo, quien en 1992 fue forzado a renunciar a la presidencia por un escándalo de corrupción. En Filipinas, Imelda Marcos, esposa de Ferdinand Marcos, fue encontrada culpable en 1993 por haberse coludido con el exministro de transportes para que una empresa pudiera hacerse de un contrato para construir un hospital. A la familia Marcos se le detectó más de 350 millones en cuentas en Suiza como parte de las investigaciones abiertas en su contra. Cabe recordar que Marcos está en el segundo puesto en el ranking de los jefes de gobierno más corruptos del mundo contemporáneo de Transparencia Internacional, con un robo estimado de entre 5 y 10 mil millones de dólares entre 1972 y 1986.

Hay evidencias sólidas de casos de corrupción protagonizados por primeras damas de Egipto (la esposa de Hosni Mubarak, derrocado durante la “primavera árabe”) y Etiopía; pero también hay muchas sospechas de abuso de poder en países como Nigeria (la actual primera dama, Patience Faka Jonathan) y Guatemala (Sandra Torres, la exesposa del expresidente Cólom, quien se divorció de este a fin de participar en las elecciones guatemaltecas y poder darle seguimiento a un gobierno seriamente acusado de corrupción y vínculos con el crimen organizado). Todos estos casos están desarrollados en un artículo que el Centro de Respuestas de Transparencia Internacional preparó para Proética hace un par de años, cuando esta institución, preocupada por la controversia en torno al papel de Nadine Heredia, le pidió a aquel centro información sobre la situación de la discusión sobre la rendición de cuentas de las primeras damas en el mundo.

La recomendación principal apunta a introducir el rol de la primera dama en una institucionalidad formal para aumentar la transparencia y predictibilidad. Esto implica que tenga una oficina reconocida dentro de la estructura del gobierno, con un presupuesto asignado, que haya un funcionario público responsable, que rinda cuentas a los órganos de control, que haya protocolos y procedimientos que deban respetarse.

En el Perú, Alejandro Toledo creó el despacho de la primera dama el año 2002. Sin embargo, esa entidad no se ha podido fortalecer en el sentido señalado arriba porque fue desactivado el 2006. Esta clausura fue una de las primeras medidas de Alan García para romper con la imagen de frivolidad y descontrol que había caracterizado el desempeño de Eliane Karp, esposa de Toledo, durante el gobierno de este. ¿Y Pilar Nores, esposa de García? Nores desempeñó un papel político también; sin embargo, sus acciones se enmarcaron en una institucionalidad privada: el Instituto Trabajo y Familia, ONG que ella presidía y desde la cual gestionaba su relación e influencia sobre partes de la política social del gobierno aprista.

Al llegar Humala al gobierno, Nadine Heredia se encuentra sin despacho oficial y sin recursos asignados, pero con todas las exigencias protocolares y de representación simbólica que su posición le exigían, como viajar acompañando a la delegación oficial, atender a embajadores y jefes de gobierno de otros países, convertirse en embajadora de la quinua o ser anfitriona de invitados especiales, como el ex rock star y ahora engreido majadero portavoz de la DBA gringa, Gene Simmons. Ante esas urgencias, el gobierno, entonces, le metió mano a la oficina del despacho presidencial e introduce una función que lo obliga a atender las labores de la primera dama. En la práctica, funcionarios que servían en distintas oficinas, principalmente en la Dirección de Bienestar Social, se convirtieron en el equipo de Nadine Heredia. De otro lado, luego se nombró a Heredia presidenta del partido Nacionalista, como una manera de subvertir la crítica a su participación en la vida política sin “haber sido elegida”.

¿Fue un error haber eliminado el despacho de la Primera Dama? Posiblemente sí. La experiencia internacional que recoge la breve investigación preparada por Transparencia Internacional sugiere que es importante resolver dos cuestiones con respecto a esta figura: 1) formalizar su papel en relación con el gobierno y 2) establecer una estructura de rendición de cuentas apropiada. El despacho podría haber sido un pilar sobre el cual levantar esta estructura y es importante evaluar su reactivación y potenciación, incluyendo sus mecanismos de rendición de cuentas. Pero queda pendiente, además, la discusión sobre el primer punto: ¿la Primera Dama puede ser asesora del presidente Humala? ¿Consejera? ¿Hasta dónde pueden llegar sus funciones? ¿Cómo se relaciona con otros miembros del Poder Ejecutivo, si acaso podría hacerlo? ¿Debe resignarse a ser una figura protocolar? Cualquier diseño de rendición de cuentas debe estar en función de las respuestas a estas preguntas. Al respecto, elegirla presidenta del Partido Nacionalista no parece haber sido suficiente, puesto que el partido, el gobierno y la pareja presidencial no tienen límites suficientemente claros entre sí, debido a la propia naturaleza e historia de esta organización política, altamente personalista y familiar.

Nota.- Sí, me di cuenta que no he tocado el tema de los gastos de Nadine. Sobre eso ya se está escribiendo y diciendo demasiado y se está reflexionando muy poco. Este texto va en este último sentido.

Nota 2.- He usado “primera dama” y su plural a lo largo del texto por mera facilidad. Hubiera sido muy raro y confuso hablar de “primer caballero” o algo similar. En el texto de Transparencia Internacional, se habla de “first spouses”, zanjando el problema, pero nuestro lenguaje castellano no da esos atajos, así que he tenido que usar el femenino para abarcar todos los casos de parejas de jefes y jefas de gobierno, incluyendo esposos de presidentas o incluso hijos varones que cumplen la función.

Nota 3.- A propósito de esto último, no he mencionado el caso del hijo de la presidenta chilena, Michelle Bachelet, involucrado en un escándalo de tráfico de influencias y uso de información privilegiada justo luego de que su madre ganase las elecciones de 2013. La diferencia está en que Sebastián Dávalos Bachelet sí ocupaba un cargo oficial en la administración de su madre (director del área sociocultural de la presidencia, como si a Nadine la hubieran nombrado directora de bienestar social), pero el escándalo no tiene nada que ver con esa posición.