Sintiendo el recuerdo

Fue la persona que más amé, con mayor intensidad, con absoluta pasión, con total inmadurez embarcados en una empresa difícil hasta para los adultos. Recuerdo el calor del amor, el frío de la desesperanza, la dulzura de la intimidad, el amargor de la decepción, la intensidad de todos los momentos que llenaron nuestras vidas hasta dejarlas vacías, yermo consumido por los errores de la inexperiencia.

Amé a esa persona, pero no recuerdo sus ojos, ni su forma de mirarme devorando mis facciones, sólo recuerdo como me arrastraban perdiéndome dentro de ellos.

La adoré como a ninguna otra, pero no recuerdo su voz, ni como entonaba las palabras, sólo recuerdo que me arrebataba vaciándome por dentro hasta ocupar todo mi mundo.

Devoré a esa persona, pero no recuerdo su olor, ni su calor, sólo que volvía con mis manos impregnadas en su aroma y recordaba al olerlas su presencia y sentía de nuevo sus abrazos.

La leí y entendí como a ninguna otra, pero no recuerdo sus manías, sus sueños, ni sus muletillas, sólo recuerdo la sensación de cosquilleo en la nuca cuando sostenía sus misivas.

Perdí el Norte por esa persona, pero no recuerdo como era, sólo como la idealizaba.