Mundial

I
Pasa un avión, y lo escucho
y también lo puedo ver,
porque no tengo techo,
acá en Río de Janeiro,
hasta el más torcido
puede ver las estrellas.

Allá,
en el bar de las luces,
venden caipirinhas,
venden colores,
venden sorbetes,
que compran los blancos,
para sus novias blancas.

Acá,
en la vereda,
los vasos de plástico,
las luces del patrullero,
los cables colgando,
que esquivan los negros,
mientras bailan las negras.

Las chicas hermosas,
los novios celosos,
la mirada se pierde,
entre los viejos adoquines,
testigos más fieles,
que las pupilas cansadas,
de tantos limones.

II
Un argentino me dice orgulloso,
que aprendió a decir camisinha,
que se comió a un travuco en la favela,
y que no va a mirar el partido,
porque él vino de vacaciones.

III
Dilma en primer plano.
¡Fiú! Chifla un mexicano,
¡bú!, grita un alemán,
¡porra!, un brasilero.
La cerveza está bien fría.
Salió Brasil a la cancha.

En el hostel hay un grupo,
que habla en portugués cerrado,
pero creo que algunos hinchan,
por que no gane su país.

IV
Se hace de noche,
y me cruzo dos travestis, 
que se bajan el jean,
y se limpian el culo,
usando una carilina,
que se ve que comparten,
sin pudor, contra un auto,
me ven pasar, estoy solo,
en un camino de Santa Teresa,
con el corazón en la pared.

V
Ay…
Si usted viera, Don Julio,
cuántas chicas en Lapa,
tienen las llaves,
de las puertas del cielo.

VI
Desayuno en el hostel,
y una californiana,
que habla en inglés,
pregunta cuál es esa fruta,
what is that fruit.
Esa fruta es un melón,
y yo le digo pineapple,
que significa ananá.

Pero resulta que sus padres,
no son yankis como ella,
son del deéfe, me dice.
Así que ella entiende
cuando digo en español,
no sé como mierda se llama,
esa fruta que parece ananá,
pero es un melón amarillo.

Dice mande, mande,
cuando no entiende algo,
que balbuceo en inglés,
mande mande,
mandar mandar.

VI
Lo peor de las alegrías
es que no duran tanto,
como para darnos cuenta,
de que somos felices.

VI
Un flash gordo sale conmigo,
quiero decir:
un gordo,
con la careta,
la remera,
y el trueno de Flash Gordon,
es nuestro anzuelo,
para que alguna brasilera,
holandesa, jamaiquina,
diga “foto con flash”,
y responderle que las fotos,
en nuestro país,
se pagan con un beso.

Nos tiran gas pimienta,
una, dos veces,
porque el flash gordo está borracho,
y nos pusimos a cantar,
que esta banda quilombera,
no te deja de alentar.

Pero viene la policía,
nos tira el aerosol,
nos pica la garganta,
lloramos,
y dejamos de alentar.

VII
“Ojo, mi querida,
acá hay mucho treintañero,
que vino a cuernear a la jermu,
y está por comerse un travieso”.

VII
Lo peor de las imágenes tristes,
es que duran para siempre.
Y donde unos fuman,
pitadas largas, abusivas,
otros tienen que juntar,
las colillas prendidas de la calle,
ponérselas en la boca,
y con un solo aliento,
quemarse la punta de los labios.