No existen malos días si en casa te espera un perro.

Es increíble como un animal puede transmitirte, a veces, mucho más que una persona. Hay momentos en los que necesitas estar solo, necesitas evadirte, pensar en lo que has hecho mal o bien, pensar de verdad (como yo lo llamo). Llegamos a la conclusión de que hemos obrado bien o mal solo cuando estamos en soledad. Tengo la suerte de contar con un compañero peludo en esos momentos: Bongo.

Cuando llego a casa es el único que hace fiestas siempre, pase lo que pase. Se que los animales no pueden trasmitir sentimientos, pero yo se cuando Bongo sonríe y cuando está triste. En el momento en que cualquiera de mi familia llega a casa, él es el primero que corre, a veces se resbala y se da unos culetazos importantes, hacia la puerta y nos recibe moviendo el rabo deseando que le acaricies y le dediques una sonrisa. Si has tenido un mal día, ese momento hace que te olvides de todos los males.

Trasmite calma, tranquilidad, amor, amistad, ternura… cuando está tumbado en sus colchones te mira como diciendo “no podría estar en ningún lugar mejor que aqui”, ahí también sonríe. Los perros son muy inteligentes y saben con quien tratan en cada momento:

  • EL PAPÁ: es su amo, le debe respeto (en el mundo de los animales lo llamaríamos el Alfa), Bongo sabe que jugando con él, es donde más fuerza y astucia debe emplear.
  • LA MAMÁ: es su dueña incondicional. Le da de comer, sabe cuando está malito, sabe cuando tiene sueño y cuando está cansado. Si al perro le pasa algo físico siempre irá detrás de mamá. Pero también cuando quiera mimos, pues sabe lo reconfortante que es para las dos partes: para una el sentirse querido y para otra el sentirse protegida.
  • LA HERMANA MAYOR: Es su fotógrafa personal, la que le permite hacer cosas que el sabe que con los papás presentes no se pueden hacer. Los paseos más divertidos son con ella, porque vamos a lugares diferentes y llenos de aventuras. Es, probablemente, la que más achuchones le da.
  • LA HERMANA PEQUEÑA: es la protegida, por ser la de menor edad. Bongo sabe que es la más indefensa y por eso es con la que hace algunas de sus trastadas, como romper los cojines o comerse las servilletas en las que estaba apoyado el bocadillo. Ella también le da muchos mimos, y los videos más divertidos los hace ella.

Esto hace que un animal de sienta parte de una familia, que es para lo único que debe vivir en una casa: para ser feliz y sentirse querido. Un perro no debe ser un capricho, no debe tomarse como un juego sus cuidados. Hay que ser responsable y tratarlo como uno más. En estas Navidades se han regalado unos 500 cachorritos, solo en Madrid y en alrededores. Cuando llegue el verano, la mitad de estos cachorritos estarán condenados a vivir en una perrera, hasta que alguien los adopte. Una cuarta parte de los que no han sido abandonados no recibirán los cuidados apropiados para ser felices en una familia.

Antes de meter un animal en tu casa, piensa que se merece lo mejor, y que debe ser tratado como un hijo o hermano más de la familia. En mi familia, hace cuatro años que somos 5, ¿y en la tuya?

Bongo es el quinto y siempre lo será. Es un castigo de la naturaleza que los perros solo puedan vivir 15 años.