El imperialismo rosa por Silence एक)))

Encontré un texto muy importante al que su autor llama, ¿Qué es el imperialismo rosa?, y al que de hecho voy a copiar todo en este post, dado que él más o menos desarrolla, con más detalle, eso que comentaba el otro día en otro de mis espacios, es decir, que parte de mi antifeminismo consiste en haber caído en la cuenta que éste está siendo utilizado para debilitar lo que convencionalmente hemos solido denominar lucha antiimperialista, o bien utilizado para sustituir a dicha lucha por aquella, entre otras muchas imposturas.

El error es creer que, como comentaba en otros espacios, ser feminista es ser de izquierda o, peor aún, que no ser feminista no es ser de izquierda o no es ser una persona cool y humanitaria que se preocupe por los demás. Lo cual, si no fuera porque la agenda feminista nos la quieren meter hasta por los codos, me tendría completamente sin cuidado.

A continuación, el texto:

¿EN QUÉ CONSISTE EL IMPERIALISMO ROSA?
Por Silence एक)))
«Este es un asunto del que llevaba mucho tiempo queriendo escribir pero lo he ido dejando siempre en el tintero. Ante las recientes declaraciones de Judith Butler sobre su apoyo a Hillary Clinton porque, citándola a ella, “Trump es un peligro masivo en la política internacional”. Irónicamente, nombra las “brutales guerras” de Margaret Tatcher, pero parece ignorar por completo todo el daño ya causado por Hillary Clinton. No es la hipocresía de Judith Butler la cuestión de este texto, si no el preocupante primermundismo que abunda en las políticas de identidad y que las convierten inevitablemente en marionetas del capitalismo y el imperialismo.
¿En que consiste el imperialismo rosa? Es simple: Un método de propaganda basado en atacar al país objetivo en el terreno en el que el país imperialista se cree más avanzado, ya sea sobre género, la sexualidad y en menor medida, la racial. Esta propaganda se acaba integrando al discurso de una gran cantidad de colectivos LGTB y feministas del primer mundo que atacan a los pueblos que sufren el imperialismo y justifican así la destrucción de estos por cuestiones que mucho se alejan de las luchas que creen estar representando.
Cuando se critica una nación que es víctima de intereses imperialistas se cae inevitablemente en clichés de la propaganda que absolutamente todos los medios de difusión emiten. Pondré como ejemplo el caso del matrimonio homosexual como ejemplo idealizado de la conquista de derechos absolutos.
El matrimonio homosexual se ve, en muchos caso, como el culmen y la liberación de la lucha LGTB, quedando solo como un trámite legal que no cambia necesariamente el status quo de la sociedad respecto al tema. Podríamos dar muchas razones de por qué el matrimonio homosexual es positivo (Aceptación e integración de la homosexualidad como algo normal en la sociedad) o incluso podríamos dotar de carácter reaccionario la reivindicación (Aceptación y perpetuación del aparato institucional del estado e incluso del modelo patriarcal). La cuestión reside en que globalmente, es algo positivo para los individuos integrantes del colectivo LGTB.
En Corea del Norte, por ejemplo, no hay matrimonio homosexual, es muy lógico que esto no les parezca bien al colectivo LGTB, por tanto, estos colectivos atacan a Corea del Norte con esta cuestión. ¿Cual es el problema de esto? El problema es que hay un aparato propagandístico atacando continuamente a Corea, por tanto, el colectivo podría llegar a ver como algo positivo que un país como Estados Unidos, que, a sus ojos, es más respetuoso con los derechos de los homosexuales (a pesar de que se siguen cometiendo abusos y asaltos a estos) interviniera militarmente. Por supuesto, una intervención militar nunca se anuncia como método de imposición de los derechos de los homosexuales, si no que se da por hecho que con la “democracia” con la que se suele justificar este tipo de actos vienen el resto de derechos. Es decir: Es “necesaria” una democracia burguesa para que los homosexuales puedan casarse.
El mismo ejemplo es perfectamente extrapolable a otros asuntos en otros países, es “necesaria” la democracia burguesa para que las mujeres dejen de llevar burka, es “necesaria” la democracia burguesa para que ese hombre que sale en los telediarios deje de matar o violar los derechos de los míos. En definitiva, el imperialismo rosa es el uso de las lucha por los derechos sociales como justificación del imperialismo ya sea por engaño o por importantes elementos liberales y reaccionarios dentro de las propias luchas.
Otro desgraciado ejemplo de esto se observa en una reciente entrevista a una activista de Black Lives Matters donde también llama a apoyar a Hillary Clinton. ¿En que queda la lucha de Black Lives Matters si apoyas a una persona que ha sido responsable de miles de muertes en otros países? ¿Merece verdaderamente la pena lo que pueda “mejorar” (si es que mejora, ya vimos que gran promesa fue Obama para los progresistas primermundistas de todo el mundo) dentro de tu país a costa de incontables vidas humanas? ¿Como pueden feministas apoyar a Hillary Clinton, una de las mayores responsables de la creación del Estado Islámico y de la destrucción de Libia?
Por supuesto, el imperialismo rosa se difunde por los medios de comunicación, en España tenemos el ejemplo de La Sexta, una cadena que no duda en apoyar los derechos de los transexuales y los homosexuales y dar voz sobre las dificultades que sufren, pero cuando los intereses económicos reales de la burguesía afloran, es imposible no diferenciar cualquier medio de comunicación “progresista” de cualquiera conservador o liberal: defienden el imperialismo de exactamente el mismo modo. ¿Resultado? Esa cadena “de izquierdas” que les apoyó en su día ahora les dice que cierto gobernante es el diablo, que hay que destruir cierto país para salvar a la pobre gente que lo pasa mal por razones que se han inventado se han exagerado o bien también ocurren en nuestro propio país, usando así a las minorías como arma arrojadiza. “Habrá que creerlo y secundarlo, al fin de al cabo no es como las otras cadenas, esta nos apoyó.”
Este mismo caso se reproduce con toda asociación progresista, con todo partido socialdemócrata y con todo movimiento de políticas de identidad que convierten toda esta propaganda no solo en justificación para el imperialismo en pura ideología reaccionaria. Por cuestiones como esta, Obama se ha convertido en un ídolo de la comunidad LGTB por haber permitido el matrimonio homosexual, lo cual por supuesto es positivo, pero jamás borrará ni justificará el hecho de que haya sido un presidente belicista más que no dudó en intervenir y ayudar en la destrucción de otros estados, por no nombrar ya el hecho de que Estados Unidos sigue siendo un país profundamente homófobo.
Por supuesto, la homofobia ni ninguna clase de discriminación es justificable en ningún caso, esto no es una llamada a que se detengan los abusos. La cuestión es que el primer mundo solo está dando importancia a los derechos de la minorías cuando ve que puede sacar provecho de ello. Convirtiendo así la mayoría de luchas en cuestiones primermundistas relegadas a ser un simple herramienta de unos intereses que no tienen ningún reparo en usar hasta la causa más justa como propaganda.
Es importante empezar analizar la verdaderas razones por las cuales un estado imperialista apoya ciertas luchas o por qué son tan selectivos a la hora de echar en cara las opresiones que ejercen otros estados. Siempre se habla muchísimo de la homofobia en Rusia, pero se suele omitir que es un hecho generalizado en casi toda Europa, sobre todo en el este o peor aún, los medios suelen ignorar la situación de los homosexuales, transexuales y las mujeres en países de Oriente Medio como Arabia Saudí, la mayor aliada en la zona del primer mundo en la zona, mostrando así de manera inexcusable, que tales denuncias se hacen dependiendo de los intereses.
Por tanto es importante concienciarse de manera absoluta, seguir defendiendo los derechos de las minorías contra los abusos que se cometan en cualquier lugar, tener cuidado de no caer en propaganda o clichés imperialistas que solo sirvan para justificar los intereses hegemónicos de la burguesía.»
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