¿Qué significa para mí la muerte? Una visión utópica

UNO

Me preguntaba mi terapeuta el otro día que qué pienso de la muerte, que cuáles son mis pensamientos acerca de ella o mi concepción al respecto y la verdad es que de entrada no sé qué contestar. Lo único que sé es que la muerte de cualquier ser humano me afecta profundamente por más que esto sorprenda a mi terapeuta o a cualquier otra persona en el mundo. De hecho me sorprende que esto le sorprenda a alguien. De hecho me inquieta que haya gente que no comprenda que puedas estar profundamente afectado por la muerte de cualquier ser humano, aun si ese ser humano no es nada tuyo o no mantiene ninguna relación contigo. Y me inquieta todavía más que pretendan que la muerte sea algo que pueda conceptualizarse.

La muerte, desde mi perspectiva, no es algo de lo que se pueda decir algo filosófica o antropológicamente categórico. Por más que se escriban libros al respecto. En esto creo - — como varios — - que es a través de la poesía desde donde pueden decirse mucho más cosas acerca de la muerte que desde el pensamiento puro.

En este momento, de hecho, vienen a mi mente un par de textos poéticos que han marcado profundamente mi relación con la muerte. No por que hayan influido particularmente en ella, sino por que la han rotulado, porque me han ayudado a expresarla como probablemente yo no habría sido capaz de hacerlo.

Una de dichos textos es Mortal y Rosa de Francisco Umbral, el otro es El Poema X de John Donne.

El texto de Francisco Umbral es una concatenación lacrimosa y doliente en donde el autor escupe una serie de especulaciones de toda naturaleza — aunque teniendo por eje rector a la muerte y a la enfermedad — a raíz de la muerte de su pequeño hijo, quien muriera aquejado de leucemia hacia los setentas, cuando el poeta rozaba la treintena, y en cuyo texto quizá Umbral logra dar forma a su dolor.

El texto de Umbral pasa de la poesía a la reflexión filosófica, del pesimismo a la contemplación cínica, pero en él se lee sobre todo a un padre inconsolable, incapaz de encontrar lógica alguna en la muerte de su hijo. Una muerte sin finalidad ni coherencia, sin importancia siquiera; un acontecimiento más en este caos que es la vida y sin embargo dolorosa (si es que eso puede ser un significado), para este poeta malherido.

La primera vez que leí el libro — iba a la FFyL en esa época— me deslumbró con su pensamiento y su poesía, cercana a Cioran en algún sentido, pero la segunda, me resquebrajó.

Sucede que ya no era la misma chica universitaria la que leía, sino una mujer más madura, menos inocente, que ha conocido de cerca la enfermedad y a quien le ha tocado lidiar ya con algunas muertes inesperadas.

El libro de Francisco Umbral, sospecho, puede tener varias lecturas, pero, en cualquier caso, marcó en esa época mi relación con la muerte al leer en él sentimientos análogos a los sentimientos que yo misma experimentaba al pensar o vivir en carne propia la muerte. La muerte de cualquier ser humano o de algunos otros seres vivos (en especial gatos y perros).

Del libro de Umbral rescato este parágrafo:

La salud es un delicado equilibrio de deflagraciones. La cabeza que suena, los ojos que duelen, los oidos que pitan, la garganta que escuece, el vientre que sufre, los enfisemas, los vértigos, el insomnio, el miedo, las caries, las infiltraciones hiliares, las arritmias, la tos. Estamos vivos de milagro. Lo científico sería morirse enseguida.

DOS

La poesía es el chorro de sangre y no hay quien lo pare, ha escrito Sylvia Plath, y creo que esas palabras encierran el exacto significado de lo que la muerte simboliza para mí, dado que, además, la poesía para mí siempre ha sido muerte, o la muerte, poesía.

Salto rápido a lo siguiente.

Referiré por último el Poema X de John Donne y, para hacerlo, lo copiaré directamente en esta hoja de word sin más preámbulos. Porque, además, como una diletante de la literatura y no una especialista, no me creo capaz de decir algo digno sobre el tema que pudiera figurar en alguna compilación o antología poética de renombre, aunque sí, por supuesto, en mi blog. He aquí:

HOLY SONNET X

Death, be not proud, though some have called thee
Mighty and dreadfull, for, thou art not so,
For, those, whom thou think’st, thou dost overthrow,
Die not, poore death, nor yet canst thou kill me.
From rest and sleepe, which but thy pictures bee,
Much pleasure, then from thee, much more must flow,
And soonest our best men with thee doe goe,
Rest of their bones, and soules deliverie.
Thou art slave to Fate, Chance, kings, and desperate men,
And dost with poyson, warre, and sicknesse dwell,
And poppie, or charmes can make us sleepe as well,
And better then thy stroake; why swell’st thou then;
One short sleepe past, wee wake eternally,
And death shall be no more; death, thou shalt die.

— JOHN DONNE

SONETO SACRO X

Muerte, no seas orgullosa, aunque algunos te llamen
poderosa y terrible, porque no lo eres,
pues aquellos que crees haber aniquilado
no mueren, ¡pobre muerte!, ni a mí puedes matarme.
Del descanso y del sueño, que son sólo tu imagen,
viene placer, y luego de ti más vendrá aún:
los mejores se marchan cuanto antes contigo,
descanso de sus huesos, libertad de sus almas.
Del hado eres esclava, del Azar, reyes y locos,
y habitas en veneno, guerra y enfermedad;
opio y hechizos pueden igual adormecernos,
y aún mejor que tu golpe. ¿Por qué entonces tu orgullo?
Después de un breve sueño despertamos eternos,
Y ya no habrá más muerte: muerte, tú morirás.

— JOHN DONNE

A la muerte, en todo caso, podría definirla a través de la vida, su cese. Es decir, la muerte es el cese de la vida y no tiene ningún otro significado metafísico para mí. En la muerte no hay nada de poético o melancólico, es un hecho físico doloroso.

Poetizo la muerte como para poetizar mi propia impotencia y leo a los poetas que la poetizan como para dolerme cómodamente. La muerte es el significado más puro y más brutal de la vida. La muerte es la prueba física irrefutable de nuestra vitalidad y de nuestra podredumbre. Sin la muerte la vida no nos parecería tan apetitosa y no nos sentiríamos, quizá, tan inclinados a guerrear dentro de ella a lo largo de nuestra existencia, para imaginar que alcanzamos algo como una cumbre. Quizá por eso no haya tampoco nada de raro en que a la copulación se le suela llamar “la petite mort”. Porque el acto sexual es ese otro instante en el que nuestra vitalidad fluye a través de nuestras venas como una terrible pulsión. Es como un regreso, como una inyección de adrenalina directa al corazón cuando se está al borde de un infarto. ¿No es eso alegría? ¿Alimento?

Otra vez John Donne:

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si se tratara de un promontorio, o de la casa solariega de uno de tus amigos o la tuya propia. Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta porque me encuentro unido a toda la humanidad. Por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

Todo lo que no sea cese, es lo que hay que celebrar y perseguir a lo ancho de esta vida.

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