Gonzalo Higuaín debutó en River en 2005, con menos de 18 años. Su etapa en el club, a nivel personal, fue exitosa. 34 goles en 34 PJ. Terrible promedio. No pasó lo mismo con su equipo, que no logró festejar ningún título con él en el plantel. Dos años antes, ya se había puesto la Banda de manera oficial un nuevo Jefe en el equipo. Se trataba de Javier Mascherano. Allí consiguió el Clausura 2004. Y, vaya casualidad, dos años antes que el mediocampista, arrancaba en Núñez su carrera como profesional Martín Demichelis, donde conquistaría el Clausura 2003. Hasta hoy, los tres juntos habían participado ya en un Mundial (Sudáfrica 2010) y habían estado juntos con la celeste y blanca por última vez en el Monumental, en noviembre de 2011, en un pobre empate 1-1 vs. Bolivia. Sin embargo, la Banda volvió a unirse 32 meses después. En un equipo que necesitaba imperiosamente asesores de lujo para Messi y Di María, la columna vertebral se forjó en estos hombres. Sabella acertó en el armado del equipo y en la idea, que finalmente (y a tiempo) se pudo ver plasmada frente a Bélgica, en el pase a semifinales de la Selección por primera vez en 24 años.
El Mundial son detalles. Sí y no. Seguro que si te jugás tu permanencia en 90' ante equipos de jerarquía no tendrás muchas oportunidades para desequilibrar y no podrás tomarte licencia alguna en la marca o en el nivel de concentración. Ahora, la capacidad de generar las circunstancias para que esos detalles se amolden a las características de tus jugadores depende en gran parte del cuerpo técnico y sus dirigidos. En ese aspecto, Pachorra tuvo una gran cantidad de aciertos (varios arriesgados) que terminaron inclinando el contexto a favor del juego argentino. El ingreso del central de Manchester City por Fede Fernández, además de lógico, ofrecía dudas por su falta de ritmo (sin minutos previos en la competencia) y por su desconocimiento con Garay, compañero de zaga. Pues Micho no tuvo fallas en la salida (sólo un pase erró y no fue determinante) y se complementó muy bien con su co-equiper, quien no tiene voz de mando pero se lo ve cada vez más tiempista, por arriba y por abajo. Además, ayudó a achicar líneas (en el equipo de Pellegrini suele jugar muy adelantado), generando 6 offsides de los belgas. El ingreso de Biglia, de buen partido y mucho despliegue, como cuando habilitó a Messi en el último ataque argentino, no lo veo tan gravitante en cuanto a cambios, porque no creo que haya hecho más que Gago, quien justamente me parecía ideal para enfrentar a un conjunto abierto como el europeo.
El punto de mayor éxito del entrenador creo que fue una “no-decisión”, es decir, no cambiar nada (en cuanto a nombres). Sabella, a diferencia de lo que muchos pedían para equilibrar el equipo, dejó los tres delanteros + Di María. Ajustó posicionamientos, retrocesos y, sobre todo, le mantuvo su confianza al 9. El Pipita Higuaín hizo el mejor partido que yo le haya visto a un jugador nuestro con ese número en la espalda en Mundiales, inclusive más que cualquier encuentro de Batistuta, en especial por la trascendencia de este match. El jugador de Nápoli abrió el tanto con un excelente derechazo, desde el borde del área, de primera y sin acomodarse, volviendo diminutos a los casi dos metros que representan la figura de Curtois. Y ahí regreso a los detalles. Iban 8'. Kompany quiso salir jugando, algo que suele hacer terriblemente bien, pero adelantó de más la pelota. Quizás fue la única falla del moreno defensor. La recuperación cayó en los pies de Messi (como en el tanto vs. Suiza), a 50 metros del arco rival. Hizo la pausa, aguantó (como en todo el partido), se la dio a Di María y éste buscó a Zabaleta, quien jugó su mejor partido, inclusive anulando a Hazard. Un fortuito rebote hizo que la bola desembocara en el Pipita, algo libre porque justo Kompany ya había bajado tan rápido que había quedado lejos del 9. Y el 9… Pudo haber pivoteado, esperando al 7 o al 10 llegar. Mejor no. Remató cruzado, casi razante, de arriba hacia abajo. Golazo. Claro, lo que no termina siendo un detalle es contar con estas joyas arriba.
Hablemos de fútbol, no de números
Esta especie de 4-2-3-1 (el número mágico del Mundial anterior), ya sin Di María pero con el 1-0, no se resintió. Quizás algo sí el ataque. Obviamente la ausencia del actual Real Madrid se siente en ese terreno. Igual, con Enzo Pérez por derecha y el desdoblamiento valorable de Lavezzi por izquierda, la defensa casi no sufrió sobresaltos. Vuelvo a darle la derecha a Pachorra, a quien he criticado bastante previamente, ya que supo armar el equipo ideal para ahogar a Bélgica cuando éstos producían sus ataques estacionados, mi gran duda previo a este partido. Entonces vuelvo a los nombres propios. Mascherano. Perdonalos, Javier. A los muchos que te criticaron en los últimos años. No sabían que si alguien sufría los desacoples del mediocampo argentino, ése eras vos. Tremenda Copa del Mundo del Nº 14. Dio 42 pases bien. El mejor argentino en el torneo en ese rubro. No falló uno en todo el PT, ya sean cortos, medianos o largos. Más los relevos constantes. Merece la cinta de capitán, creo que le queda mejor que a quien la lleva. El tema es quién la lleva… Messi. Jugador completo. Sólo dos tiros al arco en todo el partido, ninguna asistencia decisiva. Distinto del de los primeros cuatro juegos. Así y todo, hace todo bien Lío. Hoy en un rol distinto. En semifinales, quizás deba ser un mix entre éste sacrificado por el equipo, que resistió piernas belgas, supo alejarse de ellas ante los espacios cedidos por el rival, encontró siempre a un compañero mejor ubicado que él, como en el gol. Este muchacho ya no acepta discusión posible sobre su nivel. Lo que venga sólo servirá, en todo caso, para agigantar más su imagen.
Síndrome de las revelaciones
Con Bélgica me sucedió algo parecido que con Colombia. Nada nuevo, ya que lo habían demostrado a lo largo del Mundial. Manejan muy bien el balón, llegan al área rival con mucha gente. El tema es cuando pierden la pelota. Ni uno ni otro han demostrado poder para recuperarla, con frecuencia, antes de los últimos 25 metros, ya sea en quites precisos o forzando el error del rival. Así, por ejemplo, no sorprendía que en el conjunto sudamericano Carlos Sánchez, el habilidoso volante central, bajara casi como líbero muchas veces. Lo mismo ocurrió hoy con Bélgica, en especial porque Fellaini es un mediocampista que se desprende en demasía (hoy terminó de doble 9) y Witsel bajaba demasiado para acompañar a la línea de defensores y no sentirse tan solo. Esto, en el fútbol actual ante las potencias, es casi un suicidio para equipos que proponen. O te defendés al estilo Costa Rica, con los 11 y listo para salir rápido (por abajo y de primera) o presionás como Brasil o hacés como Holanda (y Argentina hoy), al estilo Simeone: presión arriba y luego bajamos todos a los últimos 40 metros (lo más lejos posible del área igualmente). Esa ingenuidad que creía que Wilmots no tenía, más que ingenuidad fue falta de trabajo en ese aspecto o directamente tener una creencia distinta. Justamente, es tan poco ingenuo que cuando vio que su estrategia de toque rápido y preciso + llegar al espacio vacío había sido abortada por Argentina, decidió terminar el partido a puros centros sobre Lukaku (¡cómo no jugó los 90'!), Fellaini y un improvisado Van Buiten. Faltó Curtois, además de saber presionar o cubrir espacios más lejos de su arco, como han aprendido a hacer los cuatro que siguen en carrera.
Semifinales ideales: final abierto
Quedaron los mejores, nomás. Brasil, Alemania, Holanda y Argentina. Los que poseen individualidades que resuelven en los escensarios más cerrados y de mayor presión. Los que tienen historia en este deporte. Esto último no es casualidad, pero tampoco era condición necesaria para estar entre los mejores 4, como ha quedado demostrado en mundiales anteriores. Las habilidades técnicas no son suficientes para explicar un resultado. Influyen también las tácticas, las físicas y las mentales. Con todo eso, cada uno diseñará su propia estrategia. Argentina ha tardado en calentar motores y sabe que ninguno de sus próximos oponentes le darán algunas ventajas que le otorgó Bélgica. Aunque el horizonte es otro. Mejor al de hace unos días. Mérito de Sabella, quien contó con soldados ideales para llevar adelante su libreto. Entre ellos, tres muchachos que formaron en River una Banda ancha, de la defensa al ataque, hoy columna vertebral de esta Selección: Demichelis, Mascherano y el Pipita Higuaín.
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