Argentina: ¿Cien años de democracia?

Desde que Buenos Aires se integró a la Confederación Argentina, en 1862, el territorio presidido por Bartolomé Mitre pasó a ser reconocido como la República Argentina. Desde ese entonces, el modelo de país fue democrático. Lo que cambió después de 1916 fue el modelo de sufragio. En la semana en la que se cumplirán 100 años de las primeras elecciones presidenciales celebradas bajo el nuevo sistema, repasamos los “Cien años de democracia” en Argentina.

La democracia antes del voto universal, secreto y obligatorio

La democracia argentina previa a Sáenz Peña, tenía algunas diferencias: si bien el voto era universal (masculino, mayores de 21 años), era optativo y ocurría que muchos no se enteraban de que se estaban efectuando comicios. Entre 1862 y 1912 no existió un padrón electoral estable. Los ciudadanos que estaban habilitados para votar debían dirigirse al lugar donde se organizaba el padrón (generalmente el atrio de la iglesia más cercana, o la oficina del Juez de Paz) y pedir que se lo agregara en el listado. Luego, acercarse el día de la votación y realizar el sufragio “cantado”: se le preguntaba a quién quería votar, y el votante lo decía en voz alta. Esta modalidad dio lugar a distintos tipos de fraude: entre otras formas de lograr la mayoría, la más usual consistía en hacer desaparecer del padrón aquellos que adscribían a la oposición. El precario control de votos daba a los más poderosos una posibilidad para gestionar un cambio en los listados, transformando una derrota en una victoria.

Sarmiento 1867 - segundo enfoque

Sarmiento en París, 1867

Asimismo, muchos de los capacitados para votar directamente no asistían a la cita dado el alto nivel de violencia que suscitaban estos actos. Los distintos grupos partidarios podían iniciar batallas sanguinarias en medio del acto que hoy reconocemos como de lo más civilizado. La violencia como método de presión para la victoria no era algo desconocido ni nuevo para los argentinos. Domingo Faustino Sarmiento, el padre del aula, entendía hacia 1857 que ese era el único modo de hacerse con una victoria en las urnas; así le escribía a Domingo Oro:

“[Las elecciones de 1857] fueron las más libres y más ordenadas (…) nuestra base de operaciones ha consistido en la audacia y el terror que, empleados hábilmente, han dado este resultado admirable e inesperado (…) Establecimos en varios puntos depósitos de armas y municiones, pusimos en cada parroquia cantones de gente armada, encarcelamos como unos veinte extranjeros (…) bandas de soldados armados recorrían de noche las calles de la ciudad acuchillando y persiguiendo a los mazorqueros [opositores]; en fin, fue tal el terror que sembramos entre toda esa gente con este y otros medios, que el día 29 triunfamos sin oposición (…) El miedo es una enfermedad endémica de este pueblo, es la gran palanca con que siempre se gobernará a los porteños”

Es probable que después de 1880 las bandas armadas ya no primaran, pero los votantes tenían igualmente dos razones para no acudir al acto electoral. Por un lado, podían seguir renuentes a acercarse a realizar un acto que, sin el nivel de terror que se ejercía anteriormente, continuaba siendo un espacio de disputa política que mutaba en violencia física, sobre todo porque aquellos habilitados para votar marchaban en grupos partidarios que disuadían a los opositores casuales. Por otro lado, tras el primer gobierno de Roca (1880–1886) casi no había dudas de que no había hombre más fuerte para el Colegio Electoral que el candidato del Partido Autonomista Nacional (PAN). Cabe recordar que los votantes no elegían candidatos, sino electores; los elegidos conformaban el Colegio Electoral, que se reunía y elegía al futuro presidente entre los candidatos.

El nuevo modelo. La Ley Sáenz Peña.

El gran cambio surgió cuando las protestas de inmigrantes y las “clases medias” (profesionales, comerciantes y abogados, entre otros, que no tenían un espacio en la elite dirigente), comandadas por la flamante Unión Cívica Radical, comenzaron a ganar un espacio en la agenda nacional a partir de la presión popular. El presidente Roque Sáenz Peña promovió, entonces, una Ley que garantizaba el acceso a una minoría al gobierno. La Ley 8871 General de Elecciones, en 1912, conocida popularmente como “Ley Sáenz Peña”, determinaba además un voto “universal, secreto y obligatorio” para todos los hombres mayores de 18 años.

El porcentaje de votantes se incrementó notablemente (en cifras aproximadas tomadas por el historiador inglés David Rock, el porcentaje de votantes aumentó de un 20 a un 70%) por la obligatoriedad para todos los varones nacidos en Argentina (o naturalizados) mayores de 18 años. Además, se establecieron padrones electorales estables que se actualizaban según el registro del servicio militar (obligatorio desde 1901).

mesa-electoral-1918
Mesa electoral en 1918
“Art. 2. Están excluidos los dementes declarados en juicio. Por razón de su estado y condición: los eclesiásticos y regulares, los soldados, cabos y sargentos del ejército permanente, los detenidos por juez competente mientras no recuperen su libertad, los dementes y mendigos, mientras estén recluidos en asilos públicos. Por razón de su indignidad: los reincidentes condenados por delito contra la propiedad, durante cinco años después de la sentencia.
Art. 5. El sufragio es individual, y ninguna autoridad, ni persona, ni corporación, ni partido o agrupación política puede obligar al elector a votar en grupos, de cualquier naturaleza o denominación que sea.
Art. 7. Quedan exentos de esta obligación (de votar) los electores mayores de 70 años.
Art. 41. La habitación donde los electores pasan a encerrar su boleta en el sobre no puede tener más que una puerta utilizable, no debe tener ventanas y estará iluminada artificialmente en caso necesario…”

La nueva Ley rigió en los territorios habilitados (quedaban excluidos los llamados “territorios nacionales”: las actuales Chaco y Formosa, parte de la Puna, La Pampa y toda la Patagonia) para las elecciones presidenciales de 1916. La elite dirigente esperaba conformar al radicalismo y al socialismo pujante al otorgarle un lugar minoritario en el gobierno; la sorpresa para todos, incluida la UCR, fue la victoria de Hipólito Yrigoyen.

El radicalismo gobernó por doce años. Yrigoyen hasta 1922, Marcelo Torcuato de Alvear hasta 1928 y el reelegido Yrigoyen sólo duraría dos años en su segundo mandato. Se iniciaría en 1930 el intercalado proceso de golpes de estado que estorbarían el desarrollo normal de la democracia a lo largo del siglo XX.

Pasando en limpio

Entre 1862 y 1930, las elecciones democráticas se sucedieron bajo los parámetros establecidos por la ley. Aún con los pormenores antes descritos, la democracia en Argentina antes de la Ley Sáenz Peña y hasta el golpe militar de José Félix Uriburu perduró 68 años. Nueve elecciones tuvieron lugar entre 1862 y 1910, un solo presidente no terminó el mandato: Miguel Juárez Celman, cuñado de Julio Argentino Roca, quien renunció tras la Revolución del Parque (UCR) en 1890. Tres elecciones con victorias radicales bastaron para que los sectores más conservadores y reaccionarios intentasen tomar las riendas del país nuevamente.

Entre el siglo XX y lo que va del XXI, Argentina tuvo 37 presidentes (uno de ellos, Juan Domingo Perón, lo fue en tres ocasiones, y tanto Hipólito Yrigoyen como Cristina Fernández de Kirchner lo fueron en dos oportunidades) en 41 mandatos, algunos sumamente cortos. De las cuarenta y un asunciones presidenciales, trece fueron por la fuerza, facciones militares que establecieron gobiernos de facto.

De los veinte que asumieron por elecciones, tres fueron anteriores a 1916, otros tres fueron elegidos en elecciones condicionadas (con el peronismo o el radicalismo proscritos) y tres veces fueron presidentes ya elegidos antes (Yrigoyen en el 28, Perón en el 73 y Fernández de Kirchner en el 2011); además, las mujeres recién pudieron votar en las últimas 11 elecciones. Ocho presidentes asumieron por sucesiones o vacantes (cuatro de ellos en la misma semana de diciembre de 2001). Es decir, de un total de 41 mandatos presidenciales, alrededor de un 50% asumieron tras haber sido elegidos por los ciudadanos.

Cabe recordar que el Colegio Electoral se eliminó en la reforma de la Constitución de 1994, sólo en los últimos 22 años los ciudadanos han votado directamente por su candidato. Con esta reforma, el voto de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano bonaerense han ganado preponderancia en las elecciones, ya que el número de habitantes es exponencialmente superior con respecto al resto del país. La elección de colegios electorales provinciales permitía otra representatividad a las provincias menos pobladas.

La democracia en Argentina tiene ya 154 años. La obligatoriedad del voto pasó los cien por poco, y el 12 de octubre se celebrarán los 100 años de la asunción del primer presidente elegido de ese modo. Pero la democracia en Argentina lleva recién 33 años ininterrumpidos. La democracia argentina tiene la edad que habría tenido Jesús cuando fue colgado en una cruz por los romanos. Los conservadores reaccionarios no parecen estar dispuestos a cargar nuevamente la cruz para colgar a una democracia joven que se ha convertido en el modelo de salvación del mundo moderno; aún así, hay más de una forma de situarse en el poder y constituir un traspié para el desarrollo óptimo de la democracia en Argentina.