¿Qué son las bolsas oxo degradables?

Actualmente la tecnología ofrece un sinfín de posibilidades a la hora de plantear diferentes alternativas al plástico convencional, y una de esas son las bolsas oxo degradables.
Efectivamente los plásticos que son oxo degradables, son plásticos habituales fabricados con materiales como el polietileno, el poliestireno o, por ejemplo, el tereftalato de polietileno, también conocido como PET, a los que se le añaden aditivos.
Toda la adicción de aditivos consigue romper la estructura química del plástico y, con ello, permiten su degradación cuando es expuesto a la luz, el calor o el esfuerzo.
Si se dan todas las condiciones adecuadas, son plásticos ventajosos a nivel ambiental, puesto que en unos meses o varios años pueden degradarse, en comparación con los cientos de años necesarios para los plásticos convencionales.
Para el proceso de degradación, una vez iniciado el proceso y reducida su estructura molecular como primer paso, intervendrán las bacterias y hongos, momento idóneo para que los microorganismos tengan acceso al carbono y al hidrogeno.

Lo que quiere decir que la materia deja de ser propiamente plástico y se convierte en alimento para los microorganismos, un proceso que acaba cuando el material se degrada en agua, CO2 y una pequeña cantidad de biomasa.
Los plásticos que son oxo degradables solo se oxidan cuando entra en contacto con el oxígeno, con lo que en pilas de desechos pueden perder ese contacto con el oxígeno, dificultando o impidiendo su degradación.
Las bolsas que son producidas con materiales biológicos como es el plástico de fécula de patata, pongamos por caso, son compostables y constituyen una alternativa ecológica, además de aquellas producidas con papel reciclado y, cómo no, a su vez reciclable.
Con respecto a las bolsas de tela son otra interesante opción por su durabilidad, capacidad y resistencia, siempre que sepamos mantenerlas de forma adecuada para prolongar su vida útil.
Se ha conocido que algunos investigadores mexicanos están buscando el modo de lograr la biodegradación del plástico de forma anaeróbica, es decir, sin que sea necesario el oxígeno para que se descomponga. De este modo, evitarían tanto los problemas asociados al plástico convencional como los que cabe atribuir al plástico oxo biodegradable.
