Regocijado y bendecido por una 9 milímetros
Callejón de la ciudad de plata
Los paganos regresan nuevamente a sus madrigueras, esta vez, merodeando la ciudad de plata en busca de papel, siete céntimos y un par de carteras que los hagan saltar de alegría, antes de salir le rezan a la virgencita que los guíe y provea de los mejores clientes, piden con especial atención que sea día de paga para muchos, ya que así la noche de trabajo no será tan larga como las anteriores, esto no opaca su felicidad se toman un par de chelas antes de salir para levantar los ánimos, ya que como dice Victor Küppers: “nunca, nunca, nunca se puede elegir las circunstancias de la vida, pero siempre, siempre, siempre se puede elegir que actitud tomar frente a esas circunstancias”, porqué nuestros paganos conocen la importancia de la actitud y creen en la psicología positiva, saben también, que quizás, es lo único en la vida que realmente podemos elegir (?).
Regocijándose en un bar de la esquina luego de encontrar la felicidad en un par de piropos mal paridos y un sequito de limosnas que osan pedir a los peatones que pasan a gran tropel, don Felipe con 35 y el otro con veintitantos años de edad, se encuentran a tres cuadras del siguiente maldecido, entregado por la culpa de vivir en la ciudad de plata… se lanzan a trabajar;
caminando por la acera del imponente Metropolis, es de noche, fin de mes perfecto para llevar a la nínfula a comer un Fideu con dos copas de Cabernet sauvignon, mirándose a través de un cristal fabricando una noche de injurias, mientras el corte de luz y el recibo de agua por estallar, es alcanzado por estos paganos, regocijado y bendecido por una 9 milímetros y un par de sermones que hemos escuchado un par de veces… da las gracias a sus benefactores por no ser portada del diario, “Un muerto más…”, llorando por lo que trabajó durante meses, se da cuenta por un momento que vive en una ciudad austera, de repente las vendas caen, recorre por su cuerpo una sensación impotente de odio y deja de gritar por las calles:
— 12 años más…
«entre más te presumes como víctima de opresión sistémica, más validez tiene tu voz». Le gritan por la calle.
