Solo un vivo entiende a otro

Solo un venezolano puede entender a cabalidad a Venezuela o al menos intentarlo. Puede que algunos vecinos del patio nos comprendan en cierta medida, pero hay cosas, tanto buenas como malas, que nos separan del resto de esta tierra de gracia que es América.

No es una cuestión de orígenes, que son casi idénticos a los de Colombia, por ejemplo. Lo cierto es que por todas nuestras muchas virtudes como individuos, los venezolanos tenemos increíbles defectos como sociedad. Es irónico que habiendo parido tanto individuo de talento universal, como grupo no seamos capaces de cambiar, para mejor, la realidad de nuestro país.

Para muchos es más fácil irse, hacer de otra patria su hogar y argumentar que no creen en fronteras nacionales, que uno no es de donde nace, sino de adonde decide vivir. No puedo criticar eso.

Uno de los secretos está en aquello que llaman la viveza criolla, mal contra el que alertó Uslar Pietri y que no ha hecho más que convertirse en la forma normal de operar y actuar del venezolano. El no respetar la luz roja, el colearse, el recurrir a la palanca para obtener un trabajo o un cupo en la universidad, el comprar más de lo que necesitamos aprovechando la oportunidad.

La viveza criolla no es una condición solo nuestra, pero nosotros tenemos algo que los demás no, que ha exacerbado ese comportamiento y es una riqueza inimaginable bajo nuestro suelo. La riqueza petrolera nos convirtió en un país rentista, dependiente en exceso del oro negro. Contra esto también alertó Uslar Pietri, y es que el hombre nos conocía como país mejor que nadie. Sabía de qué pata cojeábamos.

La ley del mínimo esfuerzo impera en un país donde todos se aprovechan de los demás y por añadidura esperan que la riqueza los bañe, por el derecho divino de haber nacido aquí. No lo tomen a mal, no es que el venezolano no sea trabajador, que lo es. Pero siempre espera una solución del administrador de la riqueza comunal, el gobierno de turno, y mientras espera por ella se vale de cualquier maraña para ponerse en ventaja ante sus pares.

Que no me den, que me pongan donde hay. Consigna perversa y tan nuestra.

Son muchas las razones. La producción se desplomó porque se hizo más económico importar que producir y nadie va a producir a perdidas. Las redes de distribución están saturadas y obsoletas como las carreteras que recorren el país. Además, los comerciantes también son vivos y hay más de uno que recibe mercancías y las lleva a su segundo frente, algún buhonero que no está constreñido por el pago de impuestos o los precios regulador.

Pero además es culpa de los vivos que en su desesperación compran de más, ante el temor de que la escasez se mantenga, provocando que de hecho se agudice y forzando a otros, a contra toda lógica, comprar un producto 8 y 10 veces más caro de lo que deberían. Empujando la escasez más allá y con ella la inflación.

¿Por qué hay inseguridad?

Es fácil decir que hay mucho crimen por la desigualdad que abunda y campea en el país. Pero también es culpa de la viveza. Es más fácil y rentable robar que trabajar. Es más fácil matraquear a un infractor que esperar a la quincena. Es más fácil dejar libre a un asesino que investigar el crimen y procesarlo.

Es un problema estructural dice el Gobierno, pero claro, la estructura que hay que arreglar está tan podrida que no saben por dónde empezar.

Es un problema de educación gritan algunos, pero es más fácil copiarse que estudiar. Y ante la imposibilidad de “rasparlos” a todos, pues por ley deben darles infinitas oportunidades a los alumnos, para el educador es más fácil aprobarlos a todos y ser vivo. Cualquiera es educador en este país, cualquiera es policía y claro, cualquiera es líder político.

Hubo un tiempo en que no cualquiera era médico… ahora cualquiera es médico, periodista, abogado, ingeniero, novio de la madrina… Todo es parte de la viveza, del facilismo, del abuso.

Al que ve desde afuera le parece incomprensible lo que vivimos como país e incluso a mí mismo, desde adentro me cuesta creerlo ¿Es tan difícil hacer las cosas bien? Falla el alumno, falla el maestro, falla el policía, falla el juez, falla la madre, falla el padre. No sorprende así que fallen los políticos. ¿Cómo no van a fallar si son encumbrados en el poder, el lugar donde es más fácil fallar y más difícil resistir la urgencia de tomar el camino fácil para ganar la aceptación de un pueblo facilista.

Porque seamos honestos, si a los venezolanos nos dicen con honestidad, lo que se necesita para salir del atolladero histórico, para solucionar nuestros problemas como sociedad y como individuos, nuestra cara será de molestia y desagrado. Porque estamos mal, pero vamos bien. Con AD se vive mejor. Con Chávez todo era diferente. Voy a llamar al General Marcos Pérez Jiménez.

Somos una paradoja, que agradece por sus bendiciones pero no las aprovecha y se lamenta de sus desgracias pero no las soluciona. Un país que nunca termina de tocar fondo, pero tampoco de surgir. Donde es más importante parecer que ser. Donde el vivo llega primero, pero termina de último.


Originally published at temavetado.blogspot.com.es on March 9, 2015.