La importancia de los mensajes cifrados en la Diplomacia

No cabe duda que la diplomacia ha sido un medio importantísimo para conducir al mundo a su estado actual. Sin el uso de Diplomacia para llevar a cabo relaciones internacionales, sería mucho más difícil para los gobernantes de hoy en día reunirse con otros Estados y resolver conflictos.

La diplomacia es el arte y la práctica de llevar a cabo negociaciones entre representantes de los Estados. Profesionales en diplomacia se reúnen para discutir y resolver problemas de comercio, guerras, economía, cultura, medio ambiente, derechos humanos, etc. Es tan imprescindible, y hay tanto de qué hablar, que sería más adecuado escribir un ensayo dedicado solamente al tema.

Para llevar a cabo la diplomacia se necesitan dos partes, dos países que estén dispuestos a utilizar representantes para dialogar acerca de diversos temas. La manera más fácil de hacerlo es con una reunión en vivo y en directo, pero obviamente, esto no siempre es posible.

Por esta y otras razones la humanidad ha tratado de encontrar formas para facilitar la comunicación entre grandes distancias. A lo largo de la historia se han utilizado mensajeros, cartas, telegramas, llamadas telefónicas y correos electrónicos para concretar todo tipo de comunicaciones.

Pero este tipo de comunicaciones no viene sin sus propias problemáticas. La principal de ellas, y la que desea evitar todo gobierno, es que los mensajes secretos, información extremadamente valiosa para todas las partes involucradas, caiga en manos enemigas.

Aquí es donde entran en juego los mensajes cifrados. Cifrar un mensaje se refiere a alterar lo que se quería decir originalmente de tal forma que sea ilegible por terceras personas. Cuando se envía un mensaje cifrado, usualmente existe una clave que solamente tienen en emisor y receptor del mensaje, sin la cual es casi imposible entender el mensaje original.

Así, junto con la evolución de la diplomacia y las comunicaciones internaciones ha ido evolucionando la manera de encriptar mensajes.

Los mensajes cifrados se han usado a lo largo de la historia y han sido tan importantes que incluso han llegado a determinar los resultados de guerras.

Un ejemplo de esto es el telegrama Zimmermann, un telegrama que envió el gobierno de Alemania a México, pidiéndole que se aliara con ellos en caso de que los Estados Unidos se unieran a la guerra. Este telegrama fue interceptado y decodificado por Gran Bretaña y dado conocer al público, lo que provocó que los EE.UU. se unieran a la guerra y Alemania fuera derrotada.

Otros importantísimos ejemplos se encuentran en la Segunda Guerra Mundial. Matemáticos británicos, encabezados por Alan Turing, lograron descifrar el código del ejército alemán, por lo que Gran Bretaña estaba enterada de cada movimiento, de cada soldado y de todos los recursos con los que contaban. Asimismo, el ejército de los Estados Unidos había logrado descifrar los mensajes japoneses, lo cual contribuyó en gran parte a su determinante victoria en la batalla de Midway. Esto al final de cuentas significó una derrota más rápida para las potencias del Eje.

Pero, ¿qué tiene que ver todo eso con la diplomacia?

Los países también necesitan de su privacidad. Hoy en día es obvio que no todo mundo se cae bien entre sí. Existe tensión entre las naciones y hay ciertos mensajes que no deberían de revelarse a potenciales enemigos. ¿Qué tal si por un mensaje como el telegrama de Zimmerman se desatara una guerra?

Así como nosotros solamente le contamos nuestros secretos a nuestros amigos más íntimos, los Estados no pueden darse el lujo de que todo mundo escuche los suyos. La diplomacia sería un gran caos.

Es evidente que el uso de mensajes cifrados es indispensable. Gracias a ello la diplomacia actual funciona como lo hace, y por lo tanto, el mundo también. Mantengamos nuestros mensajes secretos un secreto y hagamos lo posible por llevarnos mejor con los demás.

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