Jon regresó

No de la manera que quería. ¿Les he dicho alguna vez que mi trabajo es con relación a Internet? Soy una chingonería, debería trabajar en el FBI, jaja. En fin. Encontré el Facebook de Jon.

En su foto de perfil y de portada no sale solo. Sara, su novia de años, lo acompaña.

Ahora, después de dos semanas con mal humor, triste y sintiéndome poca cosa, descubro que la poca cosa siempre fue él.

En la cita me contó una historia de que había tronado con su novia de 3 años, que tenía que cuidar a sus hermanos, mantener a su mamá… blablabla.

Ahora hasta dudo de su edad. Lo que más me cagó es que le dije que a mí no me gustaba salir con gente que tuviera compromiso y allí estaba él de cara dura, diciéndome “oh, qué bien” mientras me miraba a los ojos y supongo que cruzaba por su mente un “ojalá que no se entere que tengo novia y mi familia la adora”.

Sigo viendo las fotos, ¡Dios!, ¿qué le vi? ¡Cero! Dice mi mamá que estaba encantada. Sí, mi mamá sumó un punto porcentual más a su racha de predicciones “él tiene compromiso”, me dijo cuando regresé caminando entre nubes de nuestra primera y única cita. “No, mamá, ¿cómo crees?”. Tarada.

Si tan sólo pudiera decirle a mi yo de hace dos semanas “pendeja, no, no lo vayas a ver; no, no lo beses; no, no lo tomes de la mano; no, no te volverá a llamar”. Me hubiera evitado mucho sufrimiento, mucha amargura; pero quizás me hubiera evitado también una enseñanza valiosa, me hubiera evitado esta coraza que tengo ahora gracias a su imbecilidad.

Ya no siento tristeza, ya sé que la que lo arruinó no fui yo. Ya no siento enojo, ya grité y pegué al colchón lo suficiente. Ya no siento decepción, me autoperdoné por desconfiar de mí. Lo que siento es lástima: su chava se ve buena onda, y se nota lo mucho que lo ama. Ella lo besa, él sólo ve a la cámara. No la merece. Es una basura, mediocre e insensible. Espero que Sara algún día sepa que ese pocos huevos la engaña, no para causarle dolor, sino para evitarle más cuando ya exista un hijo o algo.

En esta vida lo que das recibes. Es una maldita rueda de la fortuna.

La incertidumbre es lo que me mataba. Les confesaré algo. En esta historia no soy solamente víctima. Aprendí también que es un error eso de “si no se me hace con uno, se me hace con el otro”. Jon era el “otro”, Jorge era el “uno”.

Como el perro de las dos tortas…

Ahora mi trabajo es resignificar mi gusto por Cartel de Santa. Mi gusto comenzó por Jon, pero ese cabrón no me va a quitar otra alegría en mi vida. Punto.