Gestos mínimos

Alexander Apóstol. Geometría, acción y souvenirs del discurso insurgente (22 de enero — 15 de marzo, 2015 / Sala de Arte Público Siqueiros)
Cada vez se hace más evidente la relación entre la danza y el circuito del arte contemporáneo. Las exploraciones estéticas derivadas del cuerpo en movimiento abren la posibilidad de reflexionar sobre la fugacidad de la acción, los significados de lo corporal y las resonancias políticas del ejercicio coreográfico. Las miradas de la práctica artística y curatorial apuntan, con menos desconfianza, hacia las propuestas de coreógrafos y bailarines, quienes habitan con más frecuencia los espacios de museos y galerías.
En la muestra Geometría, acción y souvenirs del discurso insurgente, el artista Alexander Apóstol (Venezuela, 1969) construye una red de trabajo con dibujantes, músicos y bailarines para indagar el concepto de “productivismo”, la idea de colectividad en la producción artística que enfatizó David Alfaro Siqueiros. Apóstol partió de cuatro textos escritos por el muralista mexicano y los codificó matemáticamente; después, ayudado por sus colaboradores, trasladó estas fórmulas a los territorios de la documentación, el dibujo, la música y la danza.
Curada por Taiyana Pimentel en la Sala de Arte Público Siqueiros (SAPS), la exposición de Apóstol, su primera muestra individual en México, exhibe fragmentos del proceso colaborativo como una estrategia para borrar los límites entre obra y documento. En el ámbito de la danza, la pieza resultante es una videoinstalación. Tania Solomonoff y Mariana Arteaga fueron las encargadas de diseñar el vocabulario coreográfico, que se dividió en cuatro ejes: política, ciencia, fe y economía. Según Apóstol, estos conceptos corresponden a los principios fundacionales de la ideología occidental y se relacionan con los cuatro textos de Siqueiros: En la guerra, arte de la guerra (1943), A tal generador, tal voltaje (1933), Manifiesto del Sindicato de Obreros, Pintores y Escultores (1924) y Hacia la revolución técnica de la pintura (1932).
Solomonoff y Arteaga trabajaron con desplazamientos geométricos, procurando que su diseño de movimiento estuviera construido para la cámara de video. Utilizaron solos, dúos, tríos y cuartetos de bailarines para traducir corporalmente los conceptos dados por Apóstol. En conjunto, la danza se convirtió en un vocabulario minimalista compuesto por movimientos simples y sus repeticiones. Agitación de brazos, aceleración y desaceleración en los traslados, cuerpos inmóviles, interacciones sencillas. Esto hace visible un interés coreográfico que cuestiona el virtuosismo corporal, los impulsos emotivos y el espectáculo acostumbrado en la danza escénica convencional.
La danza es presentada dentro de la exhibición a través de una instalación de video en cuatro canales. En una sala oscura se muestran contiguas las proyecciones de cada propuesta coreográfica correspondientes a los cuatro ejes de indagación. En esta pieza los cuerpos de los bailarines y sus acciones, registrados audiovisualmente en alta definición, promueven un ambiente contemplativo aunque también incitan la interpelación del espectador. La sencillez de un salón de ensayos tomado como locación, aunado al encuadre simple de la cámara fija, potencian el poder expresivo del cuerpo videograbado.
La irrupción dancística en Geometría, acción y souvenirs… forma parte de una apertura a los discursos coreográficos en contextos museísticos. Según los investigadores André Lepecki y Ric Allsopp, lo coreográfico es un campo de acción del arte contemporáneo que no solo provee nuevas formas de experimentación transdisciplinaria, sino que también ofrece un terreno para discutir las ortodoxias de la práctica artística y las obras de arte. La danza y la escritura del movimiento son vistas como un problema estético capaz de sostener una postura crítica frente a la producción, la distribución y el consumo del arte actual.
Para la muestra de Apóstol la danza y la coreografía detonan interrogantes sobre la mecanización del cuerpo, la reproductibilidad del movimiento y la creación de sentido a partir de la repetición de gestos mínimos. Además evidencian una serie de actos creativos sobrepuestos. La videoinstalación coreográfica funciona como huella, fragmento o souvenir del discurso de Siqueiros, de Apóstol, de Solomonoff y Arteaga, incluso de los bailarines y del camarógrafo. La obra como objeto da testimonio de la superposición de subjetividades, de incorporaciones y excorporaciones, en la construcción de un proyecto artístico.
Además de la indagación dancística, Geometría, acción y souvenirs del discurso insurgente incluye cuatro murales hechos con mil 400 dibujos técnicos trazados en papel milimétrico por estudiantes de bachillerato, la documentación en video de sesiones musicales y una instalación con mesas de trabajo que contienen materiales históricos del archivo de la SAPS. Alexander Apóstol despliega una relectura contemporánea del discurso artístico, político y pedagógico de Siqueiros, lo cual da pautas para repensar la colectividad en el trabajo creativo. El cuerpo y toda su potencialidad es uno de los protagonistas de estas reflexiones.
