Donde las nubes se encuentran con el viento

Encontré esas fotos en la habitación de mi madre y no pude evitar pensar que me hubiese encantado conocerlos, disfrutar de sus abrazos, de sus caricias, de sus cuentos por las noches. Me pregunto cómo sonarían sus risas, o cómo sonarían sus voces, qué dirían cuando se enojan, qué apodo me pondrían, o qué me regalarían para mis cumpleaños. Si las personas que nos podrían haber visto juntas dirían que nos parecemos, si me contarían miles de historias de cuando eran chicos, si me harían regalos innecesarios, si me llevarían a pasear, a andar en bicicleta o a la calesita, si me cocinarían comida muy rica, si me irían a buscar al colegio, si me irían a ver a teatro, o a mis partidos de voley, si me acompañarían hasta las casas de mis amigas, si irían a los actos del colegio, si estarían orgullosos de mí, si hablarían con sus amigos sobre mí y sus ojos se llenarían de amor. Me pregunto tantas cosas, porque no puedo evitar pensar que me hubiese encantado conocerlos, aunque ya nos encontraremos y los podré abrazar por primera vez, ahí donde las nubes se encuentran con el viento, nos vamos a encontrar y podré decirles a todos que estoy con mi abuelos.

No haberlos conocido no significa no quererlos, no haberlos abrazado no significa no extrañarlos.

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