Mira en frente

Por un segundo, detente. Mira bien a quien tienes en frente. Algunas veces sólo será necesario girar un poco la cabeza, ya tú decides hacia cuál de los dos lados. No te preocupes, no tendrás que caminar mucho. Hazme caso si te digo que lo tienes al alcance de tu mano. ¿Por qué no le das una oportunidad? O más bien, ¿por qué no te das esa oportunidad? Sí, porque el problema aquí es tuyo, así que ve y búscale la solución. Inténtalo. Analiza bien qué es lo que realmente quieres y qué es lo que posees.

Sólo ponte a pensar: ¿hace cuánto tiempo él no ha estado el ahí para ti? Recuerda todas esas tardes que, bajó el abrasador sol, sentados en ese frío muro de cemento, escuchó cada una de tus preguntas existenciales que vaya uno a saber de dónde surgen o como por qué; recuerda aquellas noches en que le contaste cada una de tus historias, y no sólo las de amores no correspondidos, sino, literalmente, todas tus historias. Ya te conoce. Tú le otorgaste una parte de tu esencia, de tu ser.

Él no te detuvo cuando comenzaste a contarle sobre aquella vez en que no pudiste ayudar a un mendigo en la calle porque no tenías cómo hacerlo, pero que al llegar a tu casa lo primero que hiciste fue tomar un poco de dinero y salir a buscarlo, con el infortunio de no haber podido dar con él por ninguna parte; no rechazó tu llamada a su celular cuando un monstruo extraño y espantoso irrumpió en tu cuarto, justo en el momento en el que la luna salía por detrás de las montañas, y justo cuando él se disponía a calentar su plato de comida porque ya era momento de cenar

Devuélvete a aquella tarde a mitad de semestre en que saliste de clase rumbo a tu casa y él te acompañó hasta que tu padre abrió la puerta, para después regresar por el mismo camino y recorrer otro poco, esta vez solo, pero con la sonrisa de haber estado a tu lado aunque fuese sólo por un corto tiempo. Piensa en aquel día que le contaste sobre tus pasiones, sobre las cosas que te alegraban el alma; él siempre estuvo dispuesto a escucharte, porque le encantaba saber de ti, y porque disfrutaba verte sonreír después de contarle hasta lo más mínimo de cada relato.

¿Aún conservas esa pulsera que te compró en su último viaje al mar? Ojalá y sí, porque no sabes todo lo que se desgastó pensando, como buen hombre que es él, en qué cosa podría gustarte más y con cuál de todos te verías más hermosa; obviamente que con cualquiera de las cosas seguirías pareciéndole la mujer más encantadora, pero dentro de todas esas alternativas debía de haber una que resaltara por sobre las otras, así como la haces tú.

¿Por qué te sueñas tanto con encontrar un hombre que tenga “esto”, “esto” y “lo otro”?. ¿No te sorprendiste cuando fuiste a contarle de aquella noche en que tu mamá quedó encantada con unos zapatos que le habías comprado, y él ya sabía esa historia con todas las minuciosidades de por medio?. De seguro no recordabas, como cosa rara, que ya le habías narrado los hechos. Apuesto lo que quieras a que tú no alcanzas a dimensionar lo que él siente cada vez que le depositas alguna intimidad, algún secreto.

¿Cuántas lágrimas no derramaste sobre sus hombros por causa de otro que no supo cómo llenar de sonrisas tus miradas? Sí, los ojos también hablan, y los tuyos sí que cierto; y él sabe cuándo tu mirada quiere contar algo y cuándo prefiere callar. En serio, él te conoce más de lo que alcanzas a imaginar.

Date la posibilidad de ser feliz con esa persona que en verdad está dispuesta a hacerte feliz. Tu sonrisa es para él la mejor de las recompensas.