Sobre la caída de las vanguardias y el Museo Sonoro Imaginario

Este artículo fue publicado el 5 de septiembre de 2015 en el blog Behold the Sound, sitio dedicado a la música y el sonido en diversos medios. Como el blog ha cesado actividades, he decidido traer a Medium algunas piezas que he escrito allí.


“Están los que habiendo pasado la vanguardia del 80 y experimentado el hastío del pasado inmediato han tomado conciencia de su ubicación en la historia. Son aquellos que creen que éste es un momento de síntesis; que el compositor tiene a su disposición los materiales provistos por toda la historia de la música, que su historia es la suya personal, la de su generación y la de su país, pero además la del arte que practica; los que desconfían de la ingenuidad, los que consideran a la imaginación el elemento fundamental de la creación; los que piensan que la música siempre habla de sí misma y que las músicas conversan entre ellas en el Museo Sonoro Imaginario…”¹

Gerardo Gandini

Si hay un tema que le fascina al melómano promedio, es el del avant-garde. Descubrir grupos o artistas que desafían reglas y traen cosas nuevas al gastado cuadro musical de todos los días es una constante para el interesado en la música.
 Pero en general no se entiende bien qué es precisamente el “avant-garde”, lo que acarrea una horda de definiciones sin peso ni conocimiento histórico. En un intento por aclarar un poco el panorama del pasado y plantear una hipótesis sobre el nuevo panorama en el que estamos inmersos, surge este artículo bajo la batuta invisible del compositor Gerardo Gandini, que ha sido el disparador de estas ideas que ahora trataré de volcar al (virtual) papel.

Un pantallazo al pasado

El siglo XX. El siglo pasado estuvo signado por el fantasma de la ruptura, por la idea de romper los paradigmas del pasado y crear los nuevos sistemas y medios de la música del futuro, una época donde el término “avant-garde” tenía un significado y un peso concreto. Desde el germen de la Segunda escuela de Viena y el futurismo/ruidismo italiano que las reglas musicales occidentales se vieron sacudidas por una serie de terremotos donde las ideas de ritmo, melodía y armonía fueron alteradas, no solo afectando a la sintaxis musical, sino también su sentido como arte, como expresión estética. El significado de la belleza se vio afectado, con el declive de la tonalidad las reglas de lo “agradable y bello” se difuminaron y la música comenzó a ir más allá, mostrando que hay otros modos de expresión aparte del ideal romántico. La locura estaba desatada y no solo en el plano académico, ya que géneros como el Noise o el Industrial plantaron una bandera que rompía con las ideas típicas de lo que el imaginario colectivo entiende como música.

Entonces, el “avant-garde” como movimiento tuvo su génesis entre las ideas de innovación y ruptura de los cánones establecidos. Por un lado se buscaba abrirle la puerta a los métodos que regirían la música en el futuro y por el otro se intentaba dejar atrás los sistemas que a pesar de sus beneficios resultaban limitados para las ideas creativas de los nuevos compositores. Se podría decir que no había una idea de transformar gradualmente los medios, sino de tirarlos abajo y construir los nuevos lenguajes desde cero, lenguajes que se valieran de las nuevas técnicas y tecnologías; y que estuvieran a la altura de las ideas que se estaban gestando.

Finalmente, esas ideas se gestaron y al hacerse realidad maravillaron a unos pocos y disgustaron a unos cuantos, en todos los estilos donde se pensó la música de forma diferente. Los nuevos estilos fueron tomando forma propia, elaborando una estética y un lenguaje distintivo (lo que se puede llamar “retórica”). Es decir, las vanguardias fueron creciendo, evolucionando y tomando formas reconocibles a simple oída.

Tan así fue, que actualmente hablar de esas vanguardias es hablar de géneros establecidos, ya no parece correcto de hablar de un movimiento. A diferencia de lo que se pensaba en un principio, las rupturas no dieron lugar a un cambio radical de los estilos musicales, sino que se fueron estableciendo como una alternativa a las formas convencionales y funcionaron como un enorme catalizador para muchas de las formas y elementos que se utilizan en la música actualmente. Entonces, por un lado no consiguieron derrumbar al “establishment”, pero dejaron una huella indeleble para nuestra actualidad.

“ […] esto puede tener dos lecturas: o estamos procediendo mal o, en realidad, el mundo es global y podemos hacer cualquier cosa de las que pasan en él. Hilando fino podría ser así y no que esté mal o esté bien hacer tal cosa. No es que esté mal ni esté bien nada. No es cuestión de bien o de mal. Es cuestión de tener una cierta presencia frente a las cosas.”²

La vanguardia musical en el presente

Hasta el momento sólo se habló del pasado. ¿Y qué pasa actualmente? El ideal de ruptura, del descubrimiento de la pólvora, se esfumó. Es lógico, la sociedad actual ya está recuperada de los sucesivos golpes de la posguerra y los problemas son otros pero no menos relevantes. Y aunque no lo parezca en la superficie, la sociedad tiene mucho que ver con el desarrollo (más bien, con la extinción) del avant-garde: en un mundo globalizado donde recibimos estímulos de todas partes, hípercomunicado, donde accedemos a otras culturas con un simple click del mouse, las influencias que un músico puede recibir sobrepasan lo imaginable. Nos encontramos frente a que “el compositor tiene a su disposición los materiales provistos por toda la historia de la música”, como dice Gandini en su texto.

Otra de las tendencias que fueron dándose desde el punto de vista social ha sido la de revalorizar al individuo, de ponerse a uno como elemento prioritario y diferente de la sociedad que lo rodea. Este concepto fue afectando también a los grupos musicales, que con el pasar del tiempo cada vez más generan propuestas absolutamente propias, “libres” de los convencionalismos y generalización de los diversos géneros. Estas propuestas suelen ser inclasificables y son concebidas desde un punto de vista particular, intentando mantener una independencia creativa del entorno que lo rodea.

Al cambiar la sociedad también cambia la música. Piensen en lo que se entiende hoy por vanguardia: composiciones con múltiples combinaciones de géneros e instrumentación, rozando lo exagerado o incluso lo ridículo, haciendo que todo lo que suene “raro” o estrafalario se lo catalogue como vanguardista, sin tener en cuenta el contenido de la música en sí. Ya no parece posible romper con los paradigmas, solamente se puede combinar lo que ya está para darle forma a una sustancia diferente.

Un buen ejemplo de esta situación se da en el Jazz: con el Free Jazz (la liberación total de la improvisación) se llegó a un punto sin retorno, al límite mismo del género. ¿Qué siguió después? Mirar hacia afuera, fusionarse con otros géneros. Este fenómeno sucede con todos los estilos, basta con navegar un poco en la historia musical de los últimos 60 años para encontrarse con combinaciones de todo tipo, y de esas combinaciones las más extrañas se fueron considerando vanguardistas.

La realidad del Museo Sonoro Imaginario

Entonces, ¿Hay vanguardia propiamente dicha en nuestros días? La respuesta varía según la definición de “avant-garde” que tomemos:

  • La “histórica”, reservada para las diversas manifestaciones que se fueron dando en la música del siglo XX en el ámbito académico
  • La “simplista”, muy utilizada actualmente para embolsar a los proyectos “raros” o complicados de etiquetar
  • O una visión más integradora, que se basa en buscar los preceptos que caracterizaron históricamente a las vanguardias (renovación, creación de expresiones musicales novedosas que desembocan en estilos concretos, ruptura de cánones estéticos o estilísticos) en la música actual.

Desde este último punto de vista, nos encontramos con que en la actualidad los grupos vanguardistas son realmente escasos: ya no queda mucha que inventar o destruir, el avance de la música ha hecho que las “revoluciones” tengan impactos cada vez más mínimos y la innovación se limite a géneros o subgéneros.

En cambio, el fenómeno de las múltiples fusiones ha dado lugar a que la idea que Gandini concibió en los ochenta se hiciera realidad: cada grupo, cada artista tiene toda la historia de la música a su disposición, la inspiración es infinita y las combinaciones dan lugar a manifestaciones cada vez más particulares y personales. Los tiempos han cambiado: ya no es época de destruir las ideas hegemónicas de las instituciones, todo lo contrario: estamos en la época de la reconstrucción, de la recreación.

Las propuestas musicales en la actualidad tratan de apuntar hacia un concepto nuevo: no se puede romper lo que ya está roto, en cambio, se puede construir a partir de los escombros que dejó el pasado. Lo acontecido es toda la historia de la música, desperdigada por el mundo pero a la vez accesible gracias a las redes de comunicación. Historia que podemos apropiar (consciente o inconscientemente) y transformar en un material absolutamente personal, en una reinterpretación de todas nuestras influencias. Básicamente, estamos ante una nueva era donde no podemos avanzar sin haber mirado para atrás primero.

El concepto del “Museo Sonoro Imaginario”, concebido por Gandini como una manera de categorizar su música y la de algunos contemporáneos, ha sido tomado inconscientemente por los músicos actuales y puesto en práctica, bogando por propuestas renovadoras, individuales y a la vez dejando ecos de sonidos pasados.


“Cuando uno compone una obra está citando toda la música que escuchó. No solamente las que le gustaron si no también las que no le gustaron. La obra, en última instancia, es una decantación de los gustos del compositor. Todo compositor sale de algún lado. La idea de un compositor que compone en una isla desierta y nunca escuchó música es una utopía, no existe, nunca existió.”³

La vanguardia está cediendo paso hacia un concepto nuevo, lo que no es precisamente algo malo, simplemente es la continuación del camino que se empezó a construir hace más de 60 años: un camino que abraza lo heterogéneo y la libertad de poder crear música sin más ataduras que las que nosotros mismos nos inpongamos.

¹ “Estar”, 1984, Gerardo Gandini

² y ³ Entrevista realizada a Gerardo Gandini por la revista Plurentes en el año 2012

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