Mi Primer Recuerdo Cumple 40 Años
Me acusan frecuentemente de tener buena memoria. Tengo la tendencia de recordar con más frecuencia acerca de un evento, una plática, un incidente en el pasado que la gente a mi alrededor. También me he dado cuenta que mi mente me juega a veces trucos muy sucios. En muchas ocasiones me recuerdo del evento correcto, pero de los detalles equivocados. Después de todo, estoy consciente de que nuestra memoria está constantemente siendo escrita de nuevo aun cuando no lo sepamos.
El cuatro de febrero de 1976, un terremoto de 7.5 de magnitud ocurrió en Guatemala a las 3:01:43 a.m. hora local (9:01:43 a.m. GMT). Duró 39 segundos. Fue un momento largo y una semana dolorosa para Guatemala. Lo que pasa es que los terremotos fuertes nunca vienen solos, sino que llegan como un enjambre de abejas que pican una detrás de la otra sin ninguna misericordia. Durante esta semana, alrededor de 25,000 personas murieron y más de un millón perdieron sus hogares.
Es muy raro pensar que una de mis memorias tempranas haya sido guardada durante un evento tan trágico. En ese entonces, yo tenía apenas tres años y medio de edad. Recuerdo que mis papás construyeron una tienda improvisada con vigas de madera y sábanas para que pudiéramos dormir en un campo vacío cerca de la casa. Todos tenían que hacer lo mismo para estar seguros o, al menos, aquéllos que tuvimos suerte. Me recuerdo que estaba jugando con un carro de juguete mientras intentaba escalar una de las vigas, pero que no logré subir mucho. Todavía siento la textura de la madera mientras mis manos la recorren. Me recuerdo apenas del interior de la tienda, pero se siente más como que hubiera sido un sueño.

No tengo muchas fotos mías de ese entonces, mucho menos de este momento exacto. Lo que sé es que solamente tres fotos mías han sobrevivido desde esos años. Una se perdió. Las otras dos están en casa, a más de diez mil kilómetros de distancia, pero me aseguré de duplicarlas en mi último viaje con mi teléfono móvil para poder ver cómo lucía yo en ese entonces. Tengo eso y todos los precisos registros sismológicos.
Mi memoria más vívida de esos días pasó dentro de nuestra casa. Era de día y estaba con mis papás y los dos hermanos de mi mamá. Otro terremoto empezó de repente. Todo se estaba sacudiendo violentamente. Para el que no ha vivido un fuerte terremoto, sólo se tiene que imaginar un carro en una montaña rusa que se está sacudiendo continuamente hacia atrás y hacia adelante, incluídos el ruido y el pánico. Recuerdo que mi horizonte, la orilla del suelo, se comenzó a inclinar rápidamente. Estaba mirando hacia donde estaba mi mamá y mi tía quienes se estaban tratando de sostener del marco de una puerta.
Lo que vino después se convirtió en una de las historias que estaba muy orgulloso de repetir a partir de ese día. Para mí, siempre fue una historia cómica (ya verás porqué). Recuerdo que mientras el suelo se estaba sacudiendo, me resbale en el piso que mi mamá siempre pulía a la perfección. Me caí de cara. Después recuerdo que mi tío me cayó encima y luego mi papá nos cayó encima a los dos. Lo que siempre fue cómico para mí es que los tres habíamos caído en secuencia como una fila de dominós que terminaron siendo una pirámide humana mal hecha. En mi memoria, yo estaba sonriendo. Los terremotos nunca me han asustado.

Según parece, de verdad pasó como lo recuerdo, pero sucede que la historia no era tan cómica. Llamé a mi papá el día de ayer y se lo conté. Él me dijo que sí, que todo pasó como yo lo recordaba. Sin embargo, la razón por la que mi tío y mi papá estaban encima de mí era porque me estaban cubriendo de que no me cayera nada. Mi papá me dijo que lo primero que él y mi mamá hacían con cada temblor era cubrirme inmediatamente con sus cuerpos para que sirvieran de escudo. Me tomó cuarenta años darme cuenta de eso. No tengo palabras para las emociones que siento cuando me recuerdo de las palabras de mi papá.
Sé que esta memoria se guardó el 6 de febrero de 1976 a las 18:11:59 GMT (12:11:59 hora local en Guatemala). El registro de terremotos es muy preciso. Gracias a eso puedo decir que 40 años más tarde todavía me estoy recordando de ese mismo momento. Debido a lo que le oí decir a mi papá ayer, es como una memoria nueva y mejorada que espero que dure por otros 40 años.
