Bullying detrás de la pantalla

Ya ustedes dirán que las redes sociales no se hicieron para quejarse, pero no me he topado con el rótulo, lamentablemente, de “Quéjese aquí” de Informe 11 en media Avenida Central para gritar todo esto que llevo en mi corazón. En ese corazón, se ha acumulado desde hace algunos días, un profundo malestar (negativo, no hay que cargar ni con odios ni malestares nunca), por lo que se me hizo necesario expresarme de manera inmediata y como me agrada escribir, aquí están ustedes ahora leyendo. Además, así puedo recibir su opinión, tal vez podamos apoyarnos, comprendernos y abrazarnos.

El asunto en cuestión es bastante amplio, de seguro ustedes leído suficiente (espero), además de que se han hecho mil y una campañas, las cuales, al parecer, no han sido tan fructíferas como me encantaría. Les hablo de Bullying pero lo voy a empezar a desglosar poquito a poquito. Y antes de que alguno crea que escribo esto porque me las doy de moralista, considero que no. Lo hago por la simple necesidad de sentir que estoy haciendo algo, lo que sea.

Pues bueno, hablemos de la “famosísima” ¿bloggera? Coco Vargas. Para estas alturas del año 2016 y con tanto chisme encima, dudo que no la conozcan, dudo que no sepan quién es. Yo, personalmente, supe de su existencia mediante una campaña de mercado de Jhonny Walker en la que Kurt Dyer involucró a la sujeta en cuestión. Les hablo de Coco Vargas por una sencilla razón y más que atacarla, intento usarla de ejemplo.

¿Por qué como ejemplo? Bullying es CUALQUIER tipo de acoso. Y si subir las fotos de una mujer, sea quien sea, creando cizaña por un supuesto embarazo o criticar hasta el punto de la humillación a quién cometió un error, no es considerado bullying, ¿entonces?

Coco Vargas se hizo famosa criticando a los demás, condimentando todo con un poco de humor en videítos, sacando cuando chisme le llegue (sin verificar, es importante aclarar). A mí, en lo personal, me incomoda. Ya dirán “¿para qué la sigue?”, pues no lo hago, pero tengo más amigos de los que me gustaría en Facebook que la siguen, likean y comentan todo. Me llega a mi, le debe llegar a mis primitos de 15 años que pasan todo el día en Facebook y entonces es ahí donde me aterra en sobremanera que se les transmita esa idea de que se tiene el derecho de tomar la imagen de alguien en cualquier punto y hacerla trizas. Lo que leen en la página de Vargas son cosas tipo “más tiesas que pipi con viagra”, seguido de comentarios tipo “COCO SOS UN DIOSA!!!”.

Pero bueno, usted y yo sabemos que la “farándula” costarricense no es exactamente lo que podríamos llamar farándula y que “en veces” alguno o alguna mete las patas, pero al fin y al cabo si yo fuera una “farandulera” yo saldría en la página de Coco Vargas todos los días. No conozco a la persona detrás de Coco Vargas, porque prefiero pensar que ese personaje tan (no sé cuál descripción calza mejor, se la dejo a su imaginación), es eso, simplemente un personaje. Y es que tal personaje es la fiel representación de cada costarricense. ¡BINGO! Por eso me molesta tanto.

Eso es lo que hacemos todos los días. Esos somos nosotros en la escuela, colegio, universidad, trabajo, barrio, bar, bus.. Esos somos nosotros reenviando las fotos de “la mae idiota que se tomó fotos chinga y se las pasó a un imbécil” que ni siquiera sabemos quién es y el daño que le estamos causando cada vez que presionamos “enviar”. Por eso me molesta Coco Vargas y quisiera ser todopoderosadefacebook por un momento y cerrarle el perfil para quitarle al tico una fuente más de chisme, pero no puedo. No puedo hacer nada, le puedo dar unfollow y ya, puta.

Una amiga hace poco abrió su Facebook y página web sobre coaching y comunicaciones, dentro del contenido comparte historias positivas, historias de casi heroés. ¿Saben qué? 8 likes. Porque claro, qué aburrido leer sobre alguien que hace las cosas bien Y NO SOY YO. Es preferible pisotear, es más fácil además.

A esta incomodad provocada por la señorita Vargas, se unió que presencié una escena casi de adolescentes en Twitter burlándose de una persona y de inmediato todos tenían un bando. ¿Cuántos años tiene? ¿12? Ambos bandos llevaron todo al extremo, nos escandalizamos todos y nos enojamos todos. Pero la razón inicial del problema es algo estilo “Coco Vargas” cada vez que busca ridiculizar a una persona.

Entonces tiré la toalla, que llaman, andaba sensible y me puse a llorar. No entendí por qué, pero lloré desconsoladamente como si se me hubiera muerto el perro. Me encontraba acompañada y pude ver la cara de asombro y aún más cuando pronuncié “qué tiene la gente, por qué hay que ser tan malo”.
 
 Yo no me creo mejor que nadie, ni de Coco Vargas ni nadie, pero algo he aprendido con la comemierda con la que todos topamos en esto que se llama vida, usted ni yo ganamos absolutamente nada con ser malo. No importa quién sea, si usted considera que esa persona no maneja sus asuntos de manera correcta o que es bastante cruel, usted aléjese y eche para su propio saco, que es la única manera de irse a dormir tranquilo.

El mismo malestar que me causa un homofóbico, me causa una persona que se burla de alguien más “porque es usted y ya, se equivocó y yo puedo burlarme de usted”. Es el mismo razonamiento incoherente.

Pero lo peor, lo peor es está cobardía que nos engaña y nos hace creernos “súper chuzos”. Mi mamá diría “el papel aguanta lo que se le escriba”, seamos un poco más modernos y digamos “la pantalla aguanta todo”. Sí, la pantalla aguanta todo, aguanta los memes, palabras soeces, las mentiras y hasta nos aguanta que pintemos nuestra vida desde el mejor punto de vista. ¿Pero usted puede darle la cara a cada una de esas personas de las que un día se burló con un minúsculo comentario? Y para que ser hipócrita, si muchas veces yo lo hice, pero espero, de verdad, no volver a cometer un error que me daña solamente a mí.

No tengo mucho que hacer más que invitarlo a que se abstenga. Vamos, no puede ser tan difícil. No reenvíe fotografías que saben que dañan a alguien, no comenté alimentando a quién pretende única y exclusivamente dañar a alguien más, no sé, sólo piénselo dos veces, póngase en los zapatos de alguien más y vea un video de un gato en YouTube, le va a dar más alegría a su corazón, se lo prometo.

Uno no sabe qué vive el prójimo, uno no sabe por lo está pasando. ¿Se imaginan ser sólo una carga emocional más para alguien que usted no tiene idea de quién es?

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