LA PESADILLA DE LOS DÍAS FELICES

Vivía en un limbo al que le gustaba llamar el paraíso del pez luna; rodeada de arte óptico, borracheras y encuentros sexuales inspirados en el poder de la música en vivo.

La piel, pluma sensual de duques y duquesas, era su única arma utilizada para evitar guerras, o empezarlas.

Caricias insinuantes, electrizantes y suspiros color pastel eran la flor de su secreto.

La hip hop star que un día paso del cítrico al pastel, iba en caída libre.