Lo que subrayé para no perder y, al final, perdí

Prefiero leer Infinite Jest en Kindle porque de ninguna manera podría cargar en la bolsa con la versión de la vida real, que pesa unos buenos cuatro kilos. Algo que me gusta hacer al terminar un capítulo (cosa que sucede como una vez a la semana, voy lento) es regresar sobre lo que subrayé y volver a reírme, a horrorizarme y —lo más común — maravillarme por el sentido del humor, la complejidad y la congruencia de lo que escribió Foster Wallace. Pero lo cierto es que es un libro muy pinche gordo. Releerlo por completo me tomaría una vida, así que me contento con regresar por lo subrayado.

Pero hoy, cuando prendí el Kindle para continuar con la lectura durante los 17–18 minutos que dura el recorrido en Metrobús del trabajo a mi casa, vi un mensaje: “Sync failed, try again later”. Al entrar al libro, vi que estaba en el 0% (cuando en realidad ya voy más allá de la cuarta parte) y después, al “hojearlo”, noté con horror que no quedaba ni una palabra subrayada. Ni una sola. Lo reinicié. Nada. Aquí cabe señalar que es una copia pirata que venía en un torrent junto con otros 200 libros.

Me siento un poco desamparada. En un libro de Fabio Morábito leí que subrayar era consecuencia de ser un escritor frustrado, lo recuerdo porque subrayé esa parte: “Al subrayar tanto se defendía de los libros, que mantenía a raya con sus rayas. Por eso nunca se animó a escribir uno”. Pero, por lo menos en mi caso, no tiene nada que ver con eso. Subrayo libros por el placer de releer mis partes favoritas, también porque quiero repasar las palabras nuevas y extrañas y aprenderlas. En el último capítulo que leí de Infinite Jest había un término que no conocía para referirse a un muerto viviente. Era bonito, nunca antes lo había escuchado. Soy capaz de regresar a buscarlo al capítulo-mar que ya dejé atrás, pero ¿qué hay de todos los demás que ya quedaron en el olvido y nadie irá a buscarlos porque nadie sabe quiénes son?

Entre lo que con especial claridad recuerdo haber subrayado está una página completa. Le tengo cariño por una cosa más bien externa… O interna, personal. Una vez estaba en Vips almorzando con alguien a quien le gusta(ba) almorzar en Vips. Hablábamos de algo que ya olvidé, pero eso le hizo recordar una página que había leído de Infinite Jest. Sacó el libro y la leyó en voz alta, fue en ese momento tomé la decisión de leerlo. Varios meses después, cuando por fin llegué al fragmento que me había sido leído en Vips, lo subrayé en homenaje al día en el que había llegado a mí, totalmente desprovisto de contexto pero no de belleza.

Pero es un caso aislado. El libro tiene muchos momentos y palabras memorables, que paradójicamente ya se me olvidaron. En este momento le tengo mucha tirria al Kindle: ya no se le puede confiar a las máquinas ni las cosas importantes para las que no se confía en uno mismo.