¿El Gobierno Nacional comunica mal?

Mauricio Macri es el presidente que mejor comunica en el continente. Esto no es una frase que nace en el seno del imperio juvenil del escritor de esta nota, solo es producto del análisis riguroso con encuestas de datos cuantitativos y cualitativos de diferentes consultores políticos -serios- que abundan en nuestra nación fragmentada llamada Latinoamérica.

Hoy en día Mauricio Macri tiene mayores índices de imagen que el porcentaje de votos que sacó en la segunda vuelta presidencial. Pero a pesar de esto muchos creen que el gobierno comunica mal sus decisiones o por lo menos creen que hubieran tenido mejor impacto si hubieran hecho las cosas de otra manera.

Existe un sector de la sociedad que es ilustrado y tiene una visión burguesa y elitista, consumen las noticias políticas a través de los tradicionales medios de recepción de información. Ellos piensan a la sociedad como un todo homogéneo con similares intereses, gustos, códigos y vivencias. Por supuesto creen en las divergencias naturales propias de las clases sociales, no obstante creen en la tiranía del sentido común de su realidad y por lo tanto naturalizan e igualan una condición meramente subjetiva: la recepción del mensaje.

Creen que el gobierno comunica mal, la minoría del pensamiento burgués y elitista se siente desorientado por los estilos de comunicación del presidente y de sus ministros. Anclados en un mundo que murió, se sienten sapos de otro pozo al ver los Snapchat, las selfies o los escenarios 360°. No entienden como Mauricio no salió en por lo menos en tres cadenas nacionales de dos horas cada una por haber salido del default y haber cerrado la negra etapa con los fondos buitres. Ven enojados que no se haya llenado la plaza de mayo para comunicar la reparación histórica a los jubilados o por terminar con el cepo al dólar o incluso llenar un estadio de fútbol para comunicar el plan de Inclusión Tecnológica de celulares 4G.

En cambio para un sector más moderado, no son tan necesarias las movilizaciones partidarias aunque creen que el gobierno utilizó frases desafortunadas que motivaron críticas de la nueva oposición y que, si hubieran utilizado otras formas de comunicación no le darían pie a nadie para criticarlos. En otras palabras les parece bien las medidas adoptadas pero critican los estilos de comunicación utilizados, insinuando falta de “cintura política”.

Ambos están desorientados, el kirchnerismo fue un exceso de política tradicional en materia comunicacional pero ahora para este sector minoritario, Cambiemos supone la antítesis hegeliana de lo anterior, por lo tanto también es un exceso. Ellos buscan la tan ufanada síntesis ubicada en un punto medio fruto de su subjetivo sentido común, donde impere el respeto pero también el contenido tradicional de política. Ven a esta nueva comunicación como insulsa y vacía, porque desconocen la profundidad de los estudios científicos que se utilizaron para llegar a esta nueva comunicación. Y a pesar de los tremendos logros comunicativos en materias electorales y de gestión que ha tenido el PRO desde sus comienzos a la fecha, siguen desconfiando y desconociendo a estas prácticas tan efectivas pero que no coinciden con los formatos tradicionales de comunicación política.

El punto central de la exitosa estrategia de comunicación de Cambiemos es entender que no todo gira en relación a lo que piensa uno. La sociedad es heterogénea, es una multiplicidad de factores que confluyen en un todo, generar políticas comunicacionales -y también de gestión- generales para toda la sociedad y no segmentadas es un acto kamikaze. Pretender comunicar las acciones de gobierno bajo una premisa que solo un sector minoritario politizado le interese es una acción de persona poco prudente. Si bien a los ojos de estos viejos electores (entendiendo “viejo” por preferir las tradiciones culturales políticas del siglo XX) puede resultar correcto el estilo de comunicación, el resultado en lo largo y ancho de la sociedad será negativo. Muy negativo.

Una conjunción de factores entre los que se destaca la irrupción de internet como también el fin de las ideologías duras con la caída de la URSS y también la crisis de los partidos políticos -entre otras tantas que no tiene sentido enumerarlas y explayarlas en este artículo- explican los cambios que hemos experimentado en los último veinte años . En este mundo nuevo cambió todo, el concepto de género, de familia, estilos musicales, de artes y de cómo hacer el amor. El tiempo es fugaz, donde todo dura un suspiro pero dentro de cada suspiro se encuentran contenidos un sin fin de información que necesita ser descodificada, pero a pesar de esto todavía hay muchos que creen que la política sigue involuta, inmutable al pasar del tiempo.

Hoy en día las personas gozan de una libertad nunca antes vista en la historia de la humanidad. Ahora las personas eligen qué hacer con su tiempo libre, eligen sus gustos en la gran mayoría de los casos sin la necesidad de responder a las obligaciones impuestas por códigos familiares, religiosos o de sociedad misma. Los partidos políticos tienen casi nula posibilidad de imponer valores rutinarios a sus militantes, ni siquiera los sindicatos tienen el poder que tuvieron hace tan solo 15 años atrás. Hoy en día los medios de comunicación perdieron el monopolio de la información. Las redes sociales le dieron voz a millones de personas generando una información más horizontal y todo invento que genere más libertad de elección siempre generará millones de consumidores como es el caso de Netflix o en materia lúdica Pokemon Go.

Todas las clases sociales estratificadas artificialmente por su patrimonio tienen cientos de subgéneros con diferentes códigos e identidades. En ellas el fútbol, la familia, el sexo, Tinelli, las mascotas, hobbies o salir con los amigos a la noche entre otras son las temáticas que ocupan mayormente el día a día y la preocupación cotidiana. La política en la gran mayoría de la sociedad no es prioridad y lograr transmitir efectivamente un acto de gobierno en este contexto supone inventar nuevas formas de comunicación. Hoy en día nadie en su sano juicio con toda la oferta de ocio disponible iría voluntariamente a una movilización política a pasar el rato.

A raíz de esta realidad, el respeto solemne por los gustos personales de toda la sociedad hace que el gobierno evite generar largos y aburridos discursos que solo verían los militantes. El respetar los gustos del prójimo es el acto más sabio para lograr buenos canales de entendimiento entre el gobernante y la sociedad. Hoy en día como dije al principio, Mauricio Macri tiene mejores índices de imagen que puntos que sacó en la segunda vuelta a pesar de los ajustes en materia de servicios e inflación creciente. En el mundo no existe gobernante que no se haya desplomado su popularidad por haber tocado el bolsillo de sus gobernados. Sin embargo en Argentina a pesar de tener una situación económica complicada, la mayoría de la sociedad cree que el futuro será positivo para su devenir personal y le atribuyen sus males a la gestión anterior. Pero a pesar de estos logros tremendos de comunicación, todavía hay minorías que creen que el gobierno debió utilizar otras técnicas para lograr transmitir sus argumentos. Es menester entender que no se puede quedar bien con Dios y con el diablo. Nunca se puede mantener contento a todas las partes, pero permítanme hacer un comentario subjetivo: Prefiero comunicarme bien con el 85% de la sociedad y no con un 15% minoritario. Esto solo se da si empezamos a respetar al que piensa distinto.

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