Ayer chocamos. O más bien, me chocaron. Quedé como la mortadela del sanguich. Me duele todo. Un señor me preguntó: ¿usted está embarazada? probablemente porque andaba un vestido volado. O por que estoy gorda. Pero cuando me dijo pensé que habría pasado si vos ya estuvieras con nosotros y hubieras venido en el asiento de atrás. Yo me enojé muchísimo con el choque, porque fue un vergazo, porque hace mucho no chocaba, porque creo que la culpa la tiene la pista. Le dije a un tipo de Globalvía que me valía un culo si los trámites del INS y del Tráfico le estaban generando presa y que no, no me iba a apurar. Le ordené que se retirara de inmediato, con una altanería única. Si vos hubieras estado ahí, conmigo, creo que me hubiera transformado y la rabia con la que esta que quiere ser tu mamá enfrenta la diversidad hubiera conocido límites nuevos. Una especie de Drácula de la maternidad herida de ver a su cachorrito en peligro. Pero aun no estás. Y yo estoy bien. Y lo demás es material.

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