Ha pasado menos de un día desde que regresé a casa de un sencillo pero increíble viaje a la Riviera Maya.

De haber sabido, me hubiera ido hace meses atrás; pero bien dicen, «las cosas pasan por algo» y «todo a su tiempo». De haber sabido que con el simple hecho de subirme a un avión y tener 2 horas para pensar en mi, lo que me rodea, y desplazar esos pensamientos que ocupaban mi mente… me caería como balde de agua fría que mi mundo es muy pequeño, que mis problemas no son tan grandes como los veía, que México es un país tan majestuoso que el tiempo que había perdido ahora quiero recuperarlo para conocer más. De haber sabido que al hacer un viaje «sola» me daría cuenta de las cosas que extraño y las que creía extrañar…

Iba con un objetivo claro: pasar un cumpleaños diferente, invertir tiempo de calidad para mí misma… y ¡vaya que la vida me ayudó a cumplirlo! Quería al cumplir 28 años regresar a casa con una frescura y fortaleza nueva.


Sin duda alguna, un viaje que me permitió ver viejos y nuevos amigos. Saber lo fuerte que soy y agradecer lo que viví para poder serlo. Aceptar lo que soy y reconocer que no estoy en un hoyo. Y simplemente darme cuenta de lo feliz que soy ahora y agradecer.