El minotauro se perdió en el laberinto (parte 1)

¿Como ha sido posible? — se preguntó el minotauro — Yo que he nacido entre los muros de la rutina y el aburrimiento, que he caminado en las arenas del tiempo y el despropósito. Que conozco los rincones más oscuros de la soledad hechos carne en mi. Que no conozco mi sombra pues nunca he visto atrás y suelo ser también quien sopla el viento aquí, soy el único viento que conozco. ¿Como es posible perderme siendo todo en este lugar?

Dédalo, aquel arquitecto y artesano tan hábil y famoso fue quien creó el laberinto, pero la libertad fue quien perdió al minotauro en él. 
Porque hay quienes se pierden en laberintos emocionales que se crean de no tener la certeza de a donde ir. Sin embargo suelen encontrar la salida de manera inesperada, sin noción de tiempo alguno. La salida siempre ha sido otra cosa, algo más que una puerta una especie de lágrima escueta, de curiosidad inevitable, un sabor como a deja vu. 
Podía ser que siempre fue así, salir significaba también entrar ¿cuantas veces debió entrar el minotauro para perderse? bastó sólo una y entendió que más allá de no saber a donde ir están los que se pierden sólo en la idea de partir.

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