Yo necesito vender mi alma.

Muy bien, la turbulencia del avión puede darte pánico o un instante de sensatez. Depende hacía donde quieras ir, no todos los días tenemos la oportunidad de irnos de aquí, pero todos los días tenemos miedo de irnos ¿ves? nadie teme de hacía donde va. 
Desde muy pequeño fui curioso, vengo del tiempo aquel…cuando los arboles hablaban muy bien del mundo, todo parecía respirar más de la cuenta como si la vida no costara y de hecho no tenía precio en ese entonces, o eso creí.
En mi juventud era un joven estúpido, no escatimaba saliva en escupir al cielo y esquivarla cuando esta cayera. No comprendía que esa viveza absurda, ese apuro, esa cobardía era la mismísima mediocridad. 
El tiempo juega mejor apurado, me han dicho que no te mata pero hace que te mates… somos seres tan ingenuos que preferimos morir sin intentar nada. 
Así siempre se ha escrito la historia, los que intentan algo suelen terminar en libros que nadie lee más que para estudiar, como una obligación lo toman.
Y nos mata poco a poco el ego de no querer perder nunca y tan apurados que renegamos incluso de llegar antes a ciertos lugares y lo peor de llegar temprano a veces es que aquello que es para nosotros no existe, como quien llega a un almuerzo y la mesa no está puesta y te retiras creyendo que te has equivocado de lugar. 
Necesito vender mi alma por ese mismo propósito, verás necesito que mi alma no se apure tanto como mi carne, al menos… no la he usado tanto como para que se desgaste en la ansiedad. Necesito vender mi alma y que la compres vos, para saber donde está y donde estás. Quizás algún día no tengamos miedo de partir… sea el verbo que sea… de ir o de romperse, el verdadero miedo no es moverse sino detenerse en algún sitio y creer en él. El arte arde.

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