Caer para aprender

Se cumplen 30 días del fin de un proceso y comienzo de otro, ambos dolorosos, cada uno a su manera y con sus tiempos. El primero tenía un final escrito contra el que no se pudo pelear, como dicen; lo escrito, escrito está. El segundo aún está por vivir y se presenta duro.

La lucha
Comienza y me coge lejos y a destiempo pero el directo al hígado llega y me deja sin respiración, seco. Le resto importancia y me agarro a los dioses que pertenecen a un sistema que agoniza pero en el que me han dicho que hay que confiar. Me dejo llevar por el optimismo que también me han dicho que hay que tener, aún siendo mis sensaciones otras, las ignoro.
En el segundo 669.803 vuelve otro golpe, este en forma de uppercut a la mandíbula que me hace ver la realidad. Me noquea porque no estoy preparado para recibirlo. Lo que pensaba que eran golpes aislados de los que podía huir se convierte en el inicio de la pelea más dura de mi vida.

Mi esquina, mi público, mis dioses… todos quedan enmudecidos y me toca tomar desiciones. Ahora sí es momento de guiarse por las sensaciones y estas me dicen que había llegado el momento más difícil al que me había enfrentado hasta el momento. Repaso el guión, imagino los movimientos, los gestos y nada de esto sirve porque el cuerpo reacciona a los momentos y a las sensaciones que hacen que de ti salga el valor que nunca supiste que tenías, que ese coraje que alguna vez intuí salga de donde lo tenía escondido.

En mi esquina le miré a los ojos y le dije: O peleas o nos vamos a casa y esto se acaba.

Llegó el descanso del primer round, ese que te llena de esperanza y te hace reunir la energía que te queda.

Sales a la lona pero rápido vez que tu oponente es mejor que tu, tiene más hambre y quiere la victoria. Ahora mi esquina y mi público me apoyan como nunca y a los dioses los hemos cambiado porque no creíamos en los que no luchan. Las malas noticias llegan pronto pero ya no me cogen de nuevo y para este golpe sí que estoy preparado, aún así lo recibo porque nada puedo hacer para evitarlo. Estoy cansado, las piernas me flaquean, quiero abandonar pero cuando detrás tienes a semejante equipo no puedes hacerlo, te levantas para enfrentar el tercer asalto.

Sin apenas descanso los dioses te sacan en volandas a la pelea. Mi esquina y mi público siguen ahí, sin descanso. Este asalto se presenta ganador, eso me cuentan los dioses, quizás es lo que quería oir. Casi en el último suspiro de mis fuerzas presento pelea. Rápidamente y en un fugaz instante pierdo el control y desfallezco. Toda la esperanza que me podía quedar por la victoria, todo atisbo de pensamiento positivo desaparece y la realidad llega para darte una lección; A veces se gana y a veces se aprende. El final del combate está cerca, casi puede tocarlo y la campana me salva.

El cuarto asalto es la agonía de la derrota, el sin sentido del ser humano. En los primeros minutos se acaba. Rápido en el timepo, interminable en las sensaciones.

El aprendizaje
Cuando aprendes de una pelea como esta necesitas tiempo para interiorizarlo porque cuando creías que los golpes eran los que dolían llega lo que de verdad duele, las emociones. Terremoto, huracán, inundación… estos fenómenos pueden describir lo que se vive después, durante un después que no termina.

En el repaso sin sentido es donde ahora me encuentro, en el de las imágenes que debo aprender a controlar cuando quiero que aparezcan. Reventar es lo que busco, un momento de soledad en el que poder expresar toda la rabia, dolor… La vida me ha cambiado, ahora falta que sea para bien.

Duro, así resumo en una palabra lo que estoy viviendo. Nunca es de recivo ver la muerte, menos verla de cerca, saber que no viene a por ti y aún así hacerle frente y perder.