Carta abierta a ti, sin depresión

Mejor te digo que esto solo es un dolor de cabeza.
De esa manera no tendrás la necesidad de intentar cambiarme.
Posiblemente me ofrezcas una pastilla y te diré que ya tomé una.
Comprenderás que yo no causé mi dolor, no me harás responsable.
Para ti será más fácil escuchar que un dolor apareció en mi cabeza, sin invitación ni permiso, y que solo deberé tomarme una de las pastillas que promocionan en la tv, y como cientos de otras personas, mejoraré. Esto solo es cuestión de estrés.
Quisiera que no te sientas incómodo cuando escuches que dentro de mí llevo un dolor que no comprendo y no sé qué lo causó, y que mi nivel de energía para hacer las cosas más sencillas es casi inexistente.
Levantarme hoy de la cama fue tan difícil como aquella vez que decidí escalar la montaña más alta de la ciudad. Y la idea de que tengo que lavarme los dientes y comer suena a un reto que no puedo atreverme a tomar, porque simplemente, no cuento con lo necesario para hacerlo.
Y no quiero hacerlo.
Sin embargo, sé que hoy es uno de esos días como tantos otros que he tenido, y sé que si voy tomando paso a paso las horas, al final todo terminará.
He descubierto que puedo desempeñarme en la vida en un modo automático.
Podré ir a la oficina y al mercado, lograré conversar con todos e incluso les sonreiré. Tendré la capacidad de hacer una broma, de reírme de algo tonto que les hará pensar que estoy bien. Bien como todos los días. Bien como el mundo piensa que siempre estoy.
No había logrado reconocer lo difícil que resulta demostrarles estar bien cuando realmente no lo estoy. Dibujarme una sonrisa es un proceso milimétricamente orquestado. Estaré consciente de cada músculo que debo mover, y sabré cómo luciré lo más lleno de vida posible.
Esta será mi manera de sobrevivir ante el mundo.
Algunos días me sentiré con incapacidad de armar toda esta orquesta que me dará la oportunidad de pasar desapercibido, de aparentar estar normal. Y estaré horas en la cama. Porque al dormir le cierro las puertas a la realidad, sofoco a mis miedos, apago las llamas de ese sufrimiento sin nombre.
Y las horas pasarán sin arrastrarse ante mí, como lo hacen de costumbre.
Cuando te diga que es solo una jaqueca, no vas a juzgarme. Ni intentarás decirme que “todo estará bien” y que debo alegrarme.
Tampoco me dirás que hay personas que están peores que yo, e intentarás minimizar mi sufrimiento.
Yo también lo he tratado de minimizar.
Me he ahogado de culpas cuando imagino que estoy sufriendo sin tener una razón para sufrir.
Que hay personas en peores condiciones. Pero, me sigo sintiendo mal.
No me dirás que es mi decisión estar feliz. Quisiera que entendieras que aunque quisiera, no soy capaz de decidirlo.
Con una simple migraña probablemente entenderás que me sentiré mal en una fiesta y música alta, y no me arrastrarás para “animarme”. Y cuando en lugar de celebrar prefiera quedarme horas bajo las sábanas, a oscuras, en silencio, sabrás que es entendible ante ese “dolor de cabeza intenso” y no es simplemente por pereza.
Antes de decirme que soy aburrido y que me gusta estar solo, lo pensarías dos veces.
Quisiera poder decirte que estoy triste.
Que me siento sin vitalidad alguna.
Y que puedas entenderlo.
Que no trates de cambiarme, pero que me abraces.
Que estés aquí, a mi lado. Y que me sigas invitando a hacer cosas que consideres divertidas. A veces cuando siento que no puedo, y me atrevo, termino sintiéndome un poco más vivo.
Quiero que estés conmigo, y me escuches, que no consideres extraña mi tristeza.
Que no te asustes cuando te diga que a veces quisiera dejar de existir.
Que no me juzgues cuando te confieso mis rutinas más autodestructivas.
No te sorprendas, no te alarmes, ni me veas como uno de esas personas con camisas de fuerza que están en las películas.
Espero que me acompañes y entiendas que estar a mi lado será el mejor tratamiento que puedas ofrecerme.
Quiero que estés conmigo.
— — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — — —
Esta carta está hecha a partir de relatos y la vida de pacientes, amigos, y familiares con Trastorno Depresivo.
Si conoces a una persona con síntomas de algún trastorno mental (como la depresión), acompáñala, y ayúdale a que asista a un profesional de la salud mental.
Hay soluciones.
