La corriente dibujada en nuestra mente

Es probable que en algún momento hayamos identificado ideas y pensamientos que han generado un impacto en nosotros. Y en retrospectiva, hemos reconocido el poder que pudiesen tener en nuestra vida laboral, social, amorosa y en la percepción que tenemos del mundo y de nosotros mismos.
La ruta que lleven nuestros pensamientos y las características de cada uno de ellos condicionarán de manera directa la manera en cómo nos sintamos y reaccionemos a los retos y vivencias en el día a día.
Todo aquello que tenga influencia sobre la manera en cómo nos sintamos y sobre lo que hagamos representa una carga importante en lo que pueda convertirse nuestra vida. Diariamente nos movemos y decidimos entre una u otra opción, tomando muy en cuenta lo que internamente consideramos como “correcto” o “ideal”.
Dirigimos nuestra mirada y establecemos nuestro norte en concordancia a lo que sentimos.
Finalmente tomamos la segunda oferta de trabajo o escogimos el departamento en lugar de la casa porque hay detalles que nos hacen sentir bien al respecto.
Dejamos de hacer esa llamada importante porque es lo que temporalmente nos hace sentir mejor.
Incluso en las decisiones más calculadas y objetivas de nuestra vida, existe un componente emocional y personal de gran peso.
Existe la posibilidad de que los centros de generación de “ideas” en nuestra mente, no cuente con un factor de corrección óptimo, y constantemente consideremos como realidad cosas que realmente no cuentan con las bases suficientes para serlo.
Sin embargo, las creemos tan reales como el suelo que pisamos, y aseguramos que son tan veraces como que la luz en el cielo es el sol.
Es común que la emisión de estas ideas sea como un torrente de agua de gran cauce, y que éstos fluyan de manera espontánea y automática, constantemente, sin que ejerzamos de manera consciente un control directo sobre ellas, en la mayoría de los casos.
Así como al llover el agua recorre el camino que menos resistencia le opone el exterior, y de ahí en adelante la corriente continuará por ese mismo camino trazado, nuestra mente establece vías para nuestros pensamientos, y éstas vías una vez tomadas serán las que tendrán mayor posibilidad de ser usadas en el futuro. Tanto, que podrían convertirse en las vías por defecto para el flujo de nuestros pensamientos ante situaciones particulares.
El desconocimiento de estas “vías preestablecidas” no nos libra de las consecuencias. Una vez establecidas estas maquinarias (defectuosas o no) en nuestro centro de producción de pensamientos, el resultado de esa formulación inconsciente, se convertirá en nuestra única realidad, y traerá en nosotros una cascada de reacciones físicas, emocionales y actitudinales.
Varias corrientes psicoterapéuticas a través de la historia han reconocido esta rutina de pensamientos y comportamientos, y han determinado que son un elemento esencial en nuestro reconocimiento del mundo, de nosotros mismos, y a lo que consideramos como “nuestra realidad”.
La terapia cognitivo-conductual, desarrollada por el Dr. Aaron Beck, ha sido de gran ayuda en situaciones que van desde desórdenes como la depresión o trastornos de ansiedad, migrañas o incluso en medidas para bajar de peso de manera eficiente. Actualmente es considerada una de las terapias psicológicas con mayor alcance y resultados favorables. Principalmente reconoce que la reacción de un ser humano ante una situación está más asociada a la manera en cómo es procesada por el individuo y no por la situación per se.
Una de las maneras en que esta corriente terapéutica inicia el desarrollo de soluciones ante estos “desvíos mentales”, es a través de la identificación de los denominados “errores cognitivos”. Que no son más que un grupo estructurado de ideas que han sido estudiadas e identificadas, y que se ha visto que son frecuentes en personas con depresión, ansiedad u otros desórdenes mentales, y que salen de lo considerado como “normal” dentro de la estructura de un pensamiento.
El carácter de anormalidad de estos pensamientos tiene influencia por la asociación que existe entre “La idea” o pensamiento per sé , y las sensaciones que generan sobre la persona, y a su vez, el condicionamiento directo que existe sobre el comportamiento.
Sin embargo, estos errores en la cognición o pensamiento no solo son frecuentes en los pacientes con enfermedades de la mente, todos en algún punto llegamos a canalizar nuestras ideas y creencias ante una situación de una manera rígida y alejada de la realidad, y esto ha traído resultados negativos en nuestras vidas.
Existen numerosas “distorsiones cognitivas” identificadas.
Pensamientos como: “A mí siempre me ocurren estas cosas”, “Yo tengo o debo hacer”, “No sirvo para”, “Seguramente es que no soy suficientemente bueno/a”, “Mi jefe habla de esa manera porque piensa tal cosa”, “Seguramente no conseguí ese empleo porque no les gusté”, “No me llamó porque no quiere hablarme”.
Es normal que ante una situación potencialmente estresora hagamos análisis que no sean los más objetivos y bien formulados. Y esto puede ser dependiente del tiempo. Muchas de estas ideas toman una forma más “lógica” y “probable” (de acuerdo a nuestras creencias individuales) una vez que dejamos que las agujas del reloj las organicen en nuestra mente.
Lo que sí es cierto es que estas distorsiones cognitivas pueden aparecer de manera tan frecuente que podrían convertirse en grandes enemigas nuestras. Condicionando a que establezcamos creencias que no son necesariamente reales pero que determinarán que desarrollemos en nuestra vida lo necesario para llegar a donde deseamos.
Y por ejemplo, la idea de “No sirvo para nada con las matemáticas” podría alejarte de aumentar tus habilidades para conseguir el trabajo que realmente deseas, “La mirada del jefe en la entrevista es compatible con que definitivamente no soy el mejor candidato”, “Ella no me llama porque no quiere hablar conmigo”, son ideas que evitarán que insistas en esa propuesta de trabajo que te interesa, o reconectes con esa amiga que aprecias tanto.
Afortunadamente, lograr reconocer estas ideas y moldearlas hacia una forma más “real” es un paso fundamental para evitar que se convierta en “la corriente por defecto” y en el futuro ante situaciones parecidas sea la única posibilidad válida.
Muchas veces es difícil para nosotros mismos reconocerlas, y es necesaria la participación de un profesional. Pero en la mayoría de los casos nos ayudará prestar una mayor atención a lo que pensamos, y ver de cerca lo que experimentamos y cómo esto nos dispone a actuar de una manera en particular.
Está en nuestra posibilidad determinar cómo reaccionamos y pensamos ante el presente. Reconociendo, aprendiendo, estando atentos al sonido de esa corriente al transcurrir.
La vía con “menos resistencia” está bajo nuestro control más allá de lo que imaginamos.
