Pensar, luego expresarse, después, la existencia. Foto: preachingfriars.org

Derecho a callar

Opinar es un fastidio.

Cada palabra que sale de la boca de un ‘opinólogo’ es una posible bala en contra de él mismo, pues lo que una persona dice de los demás es realmente un retrato de sí mismo.

Es imposible no pensar en las consecuencias de un acto de comunicación irresponsable y después de tantos años de ‘experiencia’ y aprendizaje, saber que la opinión formada y responsable es tan poderosa pero tan fácil de confundir con la otra.

Según el maestro M.A. Bastenier de la escuela de Comunicación de El País de España, los medios digitales han abierto puertas nunca antes sospechadas a la comunicación de masas, con alcances increíbles, pero, ante todo y lamentablemente, se ha perdido ese sentido de responsabilidad.

Hoy, prevalece el valor de la ‘primicia’, el descrédito, la comunicación por encima de la información y ello nos pone a pensar, precisamente, en que tan fastidioso es opinar cuando sabemos la realidad del poder de nuestras palabras.

Cada día, miles de personas desacreditan la labor de políticos, rivales deportivos, colegas e incluso, se dan el lujo de creer que las redes sociales son herramientas de denuncia y que la viralidad tiene el mismo peso que la ley.

En Costa Rica existen leyes muy claras en cuanto a libertad de expresión: en los artículos 28, 29 y 30 de la Constitución Política, como ciudadanos se nos garantiza el derecho de opinar y de hacerlo sin censura, así como la libertad de información.

Les tengo noticias: a menos que usted sea alguien muy versado, famoso o reconocido, su opinión le vale un pepino a todos.

¿Quiere volverse célebre por su opinión? Tiene dos caminos, hacerlo bien(opinión formada y con conocimiento) o hacerlo mal (disparando insultos, poniendo color y señalando cosas sin importar las consecuencias).

Si elige la segunda opción, hay un espacio en el Código Penal para usted, en el cual puede quedar acomodado, junto con algunos delincuentes con los cuales no pensó nunca convivir. Del artículo 145 al 155 del Código le enseñan algunas cosas que no debe hacer, incluso como ciudadano común, más aún si es ‘comunicador’.

Por eso es un fastidio opinar. Si bien es cierto puede decir lo que quiera, no debe decir lo que quiere, y si lo dice, deberá atenerse a consecuencias.

Fórmese, piense antes de escribir o hablar, ‘fastídiese’ pensando en las consecuencias y no dispare verbos que después podría verse obligado a tragar.

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