Consejos para mantener la cordura en época de caos

Decir que cada una de las esferas de nuestra vida cotidiana se ha vuelto sombría en este último mes no es una exageración, porque en todas partes estamos bombardeados de caos. Si no es en Whatsapp con sus cientos de cadenas y grupos a propósito de las protestas o en Twitter o en Facebook o hasta en la feliz Instagram, es en tu familia, en los despachadores de la tienda más cercana o en la gente que escuchas conversar en el autobús. Se respira caos. Estar en estado de alerta todo el día y con una perenne agitación puede acabar con nosotros si nos hundimos demasiado en la realidad.

Precisamente por eso reuní los consejos que me han servido para no hacerme un manojo de nervios, ira o llanto durante estas semanas esperando que alguno les sirva de utilidad:

  1. Participa en cada convocatoria de la MUD bajo el método de protesta pacífica: Suena flojo que empiece con algo tan obvio, pero no puedo dejarlo por fuera. Ignorando el alcance político, salir a protestar tiene algo, un efecto que llevamos años ignorando: la simple potestad de salir a la calle a manifestar que no estás de acuerdo con esto. Esa libertad, ese atrevimiento, esa simple expresión de lo que piensas y ya tiene un efecto redentor. También lo tiene el balance final. Indiferentemente de lo que pase, es alentador saber que estuviste allí buscando hacer un cambio.

2. Regístralo todo: Sabemos de dónde viene la violencia. Hay una probabilidad enorme de que te detengan, te disparen, te lancen bombas lacrimógenas o te asesinen por semejante afrenta como caminar o levantar un cartel, por eso debes registrar. Por los detenidos también hay que hacerlo. Si salir a manifestar funge de drenaje, registrar lo logra mejor, más aun si entiendes que tú, ciudadano, tienes más libertad para irte en sentimientos que el periodista o el político. Si ir a manifestar no es lo tuyo, entonces narra lo que es vivir en un país en protesta, de lo que es ser joven en Venezuela, de lo que es dormir con bombas lacrimógenas y gritos como ruido de fondo. Con fotos, videos, podcast, blogs o twits. Opciones hay muchas, pero aprovecha drenarte mientras le pones contexto a la protesta venezolana.

3. Aférrate a los tuyos: Nuestra reserva emocional son nuestros seres queridos. Sabemos que manifestar contra una dictadura puede ser desgastante, abatidor y muy doloroso, demasiado para una sola persona. Afortunadamente son nuestros seres queridos nuestro faro de calma. Fortalecer la unión es crucial para mantener el ánimo. Conversen, desahóguense, sueñen con el mejor país, tomen un momento para ustedes mismos.

4. Acepta la vida como es: Nunca sabremos por qué justo a nosotros nos tocó vivir esto. Ninguna respuesta será acertada o logrará calmarnos de pasar nuestra juventud en dictadura. Lo que es cierto es que eso ya no importa. Sí, lo leíste. No importa. Aunque tuvieses la verdad en tus manos no lograrías cambiar lo que ya está.

Puedes pasar los años posteriores lamentándolo y sufriendo porque en tu infancia y juventud no hiciste esto o aquello o puedes asumirlo como una condición en la que para bien o para mal debemos hacernos responsables y transformar este caos en el país que queremos. Puedes también irte del país y continuar tu vida allá, eso está bien también, pero siempre entendiendo que este es nuestro punto de partida y lamentarte no sirve de nada.

5. No eres tu contexto histórico: Esta lección me la enseñó alguien muy especial para mí cuando me atormentaba pensando en los terribles años que tendría que pasar si me quedase en Venezuela, sufriendo por la escasez o el hambre. Lo cierto es que no eres tu contexto histórico; no eres lo que eres por la dictadura; Aunque las esperanzas de futuro sean cada vez más negras y en ese punto no hay discusión alguna, cierto es también que en medio del caos puede encontrarse algo de paz. Específicamente me refiero a que tu día a día no tiene que ser un tormento en el que no puedas disfrutar un instante de alegría. Es delicado de explicar, sobre todo cuando la vida se vuelve cada vez más difícil, solo digo que aproveches esos breves y precarios instantes de alegría. Es tu tiempo, es tu juventud y al final no volverá, por eso vale la pena vivirlo como venga. Por eso agradece a cada persona que te alegra con su presencia, a cada profesional que sigue divulgando sus conocimientos, a todo aquel que construye.

6. Compórtate como el ciudadano del país en el que te gustaría vivir: Actúa como si las leyes se cumplieran, divulga tus valores, tus creencias, antepón la ética ciudadana por sobre todas las cosas. Comparte tus conocimientos: usa blogs, podcast, videos. Incluso escribir cómo imaginas que debe ser un país está bien también. Manifiesta como te gustaría que se hiciera en el país que anhelas, trabaja como si vivieses en un país que respeta la propiedad, estudia como si tu país respetara el conocimiento. Dale el reconocimiento a los maestros, a los doctores, a los profesionales en los que crees como se haría en el país que anhelas construir.

7. Mantén la calma: Mencioné que nuestros seres queridos son nuestra reserva emocional cuando todo se desmorona, pero nosotros también somos la reserva emocional de alguien más. Si nuestros seres queridos se angustian pensando en la comida, en la medicina que no se encuentra, en el repuesto que no consiguen, en el producto que necesitan pero no pueden pagar, lo más que les hace falta es un consuelo donde puedan recargar energías. Cuando mantenemos la calma nos volvemos refugio, justo lo que se necesita cuando el país se colapsa. También mantener la calma te permitirá ser temerario y colaborar con los manifestantes.

8. Desconéctate de las redes sociales y del teléfono: Muchos le llaman evasión, pero nada más lejos de la realidad. Para lograr el punto anterior, se hace necesario desconectarse, bajarle dos, calmarse. Las redes sociales son maravillosas porque logran lo que ningún otro medio de comunicación lograría jamás, así no estuviese censurado. Lamentablemente cuando se consume demasiada violencia, odio, miedo e impotencia, la indignación nos pasa factura a través del cuerpo. No es evasión porque no estás evadiendo nada, sabes que los manifestantes están siendo reprimidos en esa tarde de protesta pero que la información es tanta como el nivel de violencia que prefieres darte un espacio. Para muchos, la violencia es difícil de digerir y honestamente no tenemos por qué hacerlo, así que desconectarse está bien. Cada quien a su ritmo, mientras no se detenga.

9. A título personal, medita: Una de las prácticas más antiguas del mundo es muy útil para mantener el aplomo en estos días de tensión: es la meditación. Tan solo sentarnos durante diez minutos a concentrarnos en nuestra respiración puede cambiar la forma en la que lidiamos con estos días de angustia. Si te sirve orar o hacer yoga, está bien también.

Esos son mis consejos. Sí, sé que no resuelven nada porque mañana cuando amanezca y abras los ojos seguirás en dictadura, pero déjame decirte algo: los resultados rápidos no existen. Tomó más de 10 años ejecutar el plan chavista desde su concepción, como nueve destruir el país y cinco a terminar viendo gente comer de la basura. Con seguridad tomarán muchos más enderezarlo hacia lo que queremos. La caída de la dictadura apenas será el punto de partida. La única certeza es que necesitamos ciudadanos serenos para lograrlo, así que lo mejor que puedes hacer por ti es seguir manifestando, mantener la calma, volverte un faro de calma para los tuyos y aprender y compartir lo que aprendes.

Ellos quieren que nos embargue el terror, que la pensemos mil veces antes de poner un pie en la calle, que temamos cada vez más por nuestras vidas, que le huyamos a la idea de cárcel, que la situación se torne tan violenta que prefiramos abandonarla. El gobierno no tiene miedo, quiere que lo tengamos nosotros y sabe perfectamente lo que está haciendo. Si lo logra, se habrá perdido toda la esencia de la protesta pacífica.

Por eso la idea es no detenerte: no dejar de salir, no dejar de registrar, no dejar de aprender, ni pensar que todo está perdido, pero para hacerlo necesitas calma.

Suena a poco, pero qué falta hace.