Amsterdam
Yo ya no sé si quiero que me leas. Ya no sé por qué sigo escribiéndole a la pared.
No reconozco esta nueva faceta de mi vida en donde salgo huyendo anteponiendo todo por mi egocentrismo. ¿estás?
Son las cinco de la tarde y suele llover mucho por esta hora. La Ciudad de México huele a asfalto y soledad acompañada de un timbre de campana muy agudo y distante. Han transcurrido ya algunos días desde que la tierra nos tragó a ambos. ¿dónde estabas tú? ¿dónde estuve yo? Las cosas aquí no parecen cambiar mucho, me he convertido en una especie de imagen tuya, un poco mas nítida. Me llevé -junto con tus recuerdos y notas en mis libretas- una parte de ti, una especie de monologo que suelo utilizar cuando la situación parece desesperada. Aun tengo hábitos tuyos muy arraigados. Y seguramente tu llevas muchos modismos que, si bien son muy míos, hacen que parezca una copia muy evidente. Algo es seguro: vas a recordarme.
Cuando te levantes, cuando andes por allí, cuando te pongas los audífonos y escuches, va a sonar mi voz mas estridente que nunca. Aun cuando quieras dormir, vas a extrañarme.
Caminando por Amsterdam, un lugar el cual nunca fuimos juntos -porque ya hubiera sido el colmo de todo- pensaba mucho en cómo arreglar lo que algún tiempo atrás destruimos, pasaba por una iglesia, ¿alcanzaremos la salvación? Ruégale a tu mamá, a dios, a todos que sea eso. Estamos siendo muy tontos en lugares tan distantes. Pero así es el amor. No solo nos íbamos a acostar, eso es para los que no tenían qué hacer, nuestra idea de adquirir libros era lujuriosa y comentarlo entre nosotros aun un poco mejor que todo. La idea de reír, observar todo, incluso debatir porque tú nunca estuviste ni estarás de acuerdo con mi ideología política, y demás cuestiones pasaban por mi cabeza mientras daba vueltas sin sentido alguno.
Quiero que sepas algo importante…
Te extraño. Y tienes el derecho a reclamarme todo lo que no pudiste antes, del por qué siempre fui tan bruja contigo, del por qué nunca te fui a visitar cuando estuviste mal. De lo que no pude darte, claro que sí, dame tu mejor golpe que por eso estoy aquí. Y después de haber descargado tu poder de convencimiento y dureza juvenil , puedes besarme si quieres.
Te digo , yo ya no sé porque te estoy escribiendo, tanto te quise que me terminé por traumar. Y es que aun te quiero, con un carajo, aun te quiero… Pero mi forma de demostrarlo es tan rara/ fea/ boba/ nada adulta. No vamos a tener veintitantos por siempre, eso es obvio. Entonces… ¿qué hay de malo en todo esto? Te diré algo, nos quisimos tanto que es mejor no comentar nada mas, el final es como todos, te vas , haces tu vida. Me voy y yo hago la mía. Al final terminamos como iniciamos, como desconocidos que van a enseñarle nuestras costumbres a nuevos aprendices al amor. Eso somos/ eso somos…