Ballotage argentino. La historia en segunda vuelta

Banderas, saltos y cánticos enardecidos son parte cotidiana de la experiencia futbolística en Suramérica. Una forma de entender y vivir el deporte que contagia a quienes se sienten parte de un sentimiento compartido. Argentina, de cara al Atlántico sur cuenta con las fanaticadas de mayor renombre en el mundo. Gargantas a todo dar, entregan sus energías a todo proyecto apasionado en el que la política también hace parte.

Para los argentinos, las pasiones de las masas han sido parte esencial de la política desde hace más de un siglo. Salvo los gobiernos de la UCR y la historia militar y golpista, la historia de Argentina parece dividirse en el antes y después de Perón. No en vano este pasado 25 de octubre, estaba en juego la supervivencia de una forma de gobierno hegemónica por décadas.

Tres comandos de campaña avizoraban lo que sería el anuncio de los resultados electorales de la primera vuelta en las elecciones argentinas, pero las presidenciales acaparaban la mayor parte de la atención. Con ya pocas sorpresas, y el enorme golpe al oficialismo de perder el gobierno de la provincia de Buenos Aires frente a la candidata de la oposición no-peronista, mostró la debilidad real de las candidaturas del peronismo kirchnerista de hoy.

Después de 12 años de gobierno, primero en la administración de Néstor Kirchner (2003–2007) y luego de su hoy viuda Cristina Fernández de Kirchner (2007–2011 y 2011–2015), la crisis económica y política parece haber generado las condiciones para un cambio de élites gubernamentales.

Para el candidato del oficialismo Daniel Scioli, quien buscaba llegar a las circunstancias de proclamarse presidente en primera vuelta (desmentido en los estudios de opinión), el destino parecía claro. Las dudas reales se hallaban en los comandos de campaña de Mauricio Macri, opositor y alcalde de la ciudad de Buenos Aires, y Sergio Massa, ex intendente de Tigre, diputado nacional y ex Jefe de Gabinete del kirchnerismo.

El agotamiento del modelo de los Kirchner ha traído consigo el fin de las victorias presidenciales en primera vuelta. Tres condiciones político-electorales fueron necesarias: la crisis económica que se percibe en Argentina; la aparición de una candidatura peronista alternativa con arrastre; y la desconfianza del kirchnerismo sobre un candidato que no querían pero que se vieron en la necesidad de aceptar.

La oportunidad de Macri se encontraba en torno a la idea de alcanzar el segundo lugar y conseguir el ansiado Ballotage, para poder capitalizar de forma unitaria un descontento que desde el primer momento encontró en Massa una alternativa peronista. Dada la especificidad del electorado argentino, compuesto por peronismo de todas las tendencias, y un no-peronismo en permanente dispersión y dificultades, el reto del Ballotage era una primera victoria nada despreciable.

Por más saltos y banderas, en el comando oficialista las caras largas no se hicieron esperar. Bien entrada la noche, y con varias horas de espera, con el 97,19% de los votos escrutados, la diferencia entre su candidato y la oposición fue de 2%. Scioli obtuvo 9 millones de votos (36,86%) mientras que en segundo lugar Macri alcanzó los 8 millones 300 mil votos (34,33%); el tercer lugar fue para Massa con 5 millones 200 mil votos (21,34%).

Esto nos arroja un escenario en el que las dos principales fuerzas no gubernamentales de peso suman más del 55% del total y ponen en peligro la supervivencia del kirchnerismo en una segunda vuelta que se celebrará el 22 de noviembre. Por supuesto, los rusos también juegan, y hay otros actores que pueden orientar a sus votantes a uno u otro candidato, por lo que Macri no sólo debe contar con las decisiones de Massa, sino de otros actores que aglutinan al menos millón y medio de votos adicionales.

Se inicia el juego de tronos argentino. Macri ya aparece como favorito de muchos analistas, pero esto no se traduce en una garantía de éxito. Lo que sí queda claro es que, contrario a lo que se pensaba, las encuestas sobreestimaron la capacidad del kirchnerismo y acertaron con Macri y Massa. Los sondeos daban a Scioli porcentajes cercanos al 40%, mientras que Macri y Massa se encontraban con estimaciones del 34% y 21% respectivamente.

Estamos ante menos de un mes de la segunda vuelta, el discurso de Massa estuvo correcto al enfatizar en un proceso de conversaciones internos antes de dar cualquier respaldo. Si bien habló en torno a la idea de apoyar el cambio, también afirmó, en un gesto de democracia e inteligencia política, que sus votos no son sus votos.

No se harán esperar los sondeos, será interesante saber si va a darse un trasvase desde la opción de Massa a la de Macri. Será previsible que haya un porcentaje inamovible de votos (aún desconocido) de votantes peronistas que respaldaron a Massa, que nunca apoyarían a Macri, la desmovilización será esencial (mientras que no vayan a Scioli hay esperanzas para la oposición).

Scioli va a necesitar capitalizar al peronismo descontento, tiene que encontrar la manera de seducir al electorado desconfiado. El problema se encuentra con que hubo millones de votos que prefirieron la división del peronismo antes que respaldarle. Una gestión muy criticada a cuestas, siendo el candidato asociado claramente con los Kirchner le juega en contra.

Se echa de menos la existencia de los debates, especialmente porque la elección que se aproxima puede ser muy ideológica. Ambos candidatos estarían más que dispuestos a diferenciarse, la estrategia de Scioli orientada a la seducción de los disidentes de Massa.

Macri logró su primer objetivo, resistir el embate de Massa y pasar al Ballotage, falta saber si conseguirá desmovilizar a unos y atraer a otros para alcanzar la presidencia. Ahora Macri tendría que orientarse hacia la desmovilización de estos disidentes peronistas que podrían optar por Scioli, atrapando a quienes consideran que lo prioritario es la apertura y el cambio.

Eduardo Castillo

Socio fundador — Director de Marketing Político

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