Globalización y Caracas

La ciudad de Santiago de León de Caracas, comúnmente conocida solo como Caracas, es la capital de la República Bolivariana de Venezuela y su ciudad más poblada con una cantidad de 2.904.376 habitantes (Instituto Nacional de Estadística, 2011). Por la historia centralista del país, Caracas se ha convertido en más que el centro político de la nación, es a su vez su centro administrativo, financiero, comercial y cultural (Alcaldía Metropolitana de Caracas, 2014) con un gran crecimiento demográfico sobre todo en los últimos 50 años.

Es en el crecimiento demográfico del país y su reubicación en las grandes urbes, donde encontramos un primer elemento propio de la globalización. El mundo ha ido progresivamente asentándose en contextos urbanos por las oportunidades que los mismas ofrecen, por la cantidad de servicios que en ellos se pueden encontrar y por la economía de aglomeración que ellos generan. Caracas no ha sido la excepción y, de acuerdo a las proyecciones mundiales, esta aglomeración de personas en las ciudades seguirá en fuerte crecimiento, por ello existe un reto en pensar políticas públicas urbanas que no solo den soluciones a los problemas de hoy sino que generen condiciones de sostenibilidad para las generaciones futuras.

Este crecimiento ha traído grandes cambios en nuestra ciudad y ha obligado a los gobiernos, a las empresas y a otros actores críticos a dar respuesta a nuevas y variadas demandas ciudadanas. Esto ha traido indudablemente un crecimiento en la economía de la capital, por el aumento del consumo y ha dinamizado nuestra economía. Sin embargo, Caracas presenta un potente reto a resolver: entendiendo los apegos de las personas, las costumbres y modos de vivir, nuestra ciudad tiene que enfrentar el reto de la dignificación de los barrios marginales, en su mayoría en situación de pobreza, los cuales han sido realizados de manera irregular bajo métodos de autoconstrucción. Este tipo de vivienda, con carentes servicios públicos y baja accesibilidad, representa la mitad de la población (Cariola & Lacabana, 2001). Caracas no tuvo la capacidad de responder de manera efectiva a la demanda de vivienda generada por un veloz crecimiento demográfico.

Esta situación ha marcado contundentemente el diseño urbano, coexistiendo una pronunciada dualidad entre la ciudad ordenada y planificada, con suficientes vías de acceso, economía formal y grandes infraestructuras y una ciudad anárquica, con menor calidad de vida y muchas veces inexplorada inclusive para los hacedores de las políticas públicas.

Para caracterizar el comportamiento del caraqueño vale la pena entender el contexto en el que convive y el cual lo condiciona. A pesar de la poca fiabilidad de los datos, Caracas “se pelea” el primer lugar mundial en índice de homicidios. Mientras que la Organización Panamericana de la Salud indica que un índice normal de criminalidad se encuentra entre 0 y 5 homicidios por cada 100mil h por año y que más de 8 por cada 100mil h es una situación alarmante, en Venezuela según el Observatorio Venezolano de Violencia en el 2015 la tasa fue de 90 por cada 100mil h, con casi 28.000 asesinatos y siendo Caracas el epicentro de la violencia. Esta situación es una afrenta para la generación de capital social, el emprendimiento y el uso de los espacios públicos.

Este fenómeno trae consecuencias en todos los aspectos de la vida en sociedad de los caraqueños, entre ellos el efecto de “guettización” y aislamiento de sus ciudadanos en urbanizaciones cerradas y encerradas, además de la pérdida del capital social por desconfianza y miedo y la evidente baja en la movilidad económica en la región en ciertos sectores y en ciertos horarios.

El vivir una fuerte crisis humanitaria y un largo proceso político que ha procurado enfrentar la globalización, al capitalismo y al mercado, potenciando a su vez el rol del Estado para el desarrollo del país tiene consecuencias claras y ha restado las oportunidades que tienen el resto de los agentes críticos de la ciudad para aprovechar la globalización, la tecnología y los intercambios culturales. En consecuencia, Caracas, como Venezuela en general, se ha visto alejada de los temas que se discuten en gran parte del mundo, lo cual nos lleva a postergar discusiones esenciales que tienen que ver desde con la manera de gobernar, hablando de gobernanza y nuevas técnicas de gestión pública, por ejemplo, así como con ejes para el desarrollo de políticas públicas como la cuestión de género o la sostenibilidad.

La exposición de Caracas al mundo, como potencial puerta de entrada de América Latina y sede regional más importante para congresos y eventos, ha sido limitada. Es por ello que es difícil tener una mirada optimista acerca de los efectos de la globalización para Caracas, sobre todo cuando el acercamiento se hace desde el mercado. En la Venezuela de hoy hay una cuarta parte de las empresas existentes en 1998 y un poco más de la mitad de las industrias. Es evidente que, con un conjunto de regulaciones (como el control de cambio) y un Estado de Derecho débil, se la ha cerrado la puerta a la innovación, al talento e inclusive al turismo.

Sin embargo, a pesar de que en Caracas no sea sencillo encontrar algún turista o ver algún inversor extranjero trayendo capital e ideas a nuestra metrópoli, el caraqueño drena el afán de comunicación y exposición con el resto de las culturas del mundo a través del internet, lo cual también es una consecuencia de nuestro mundo global. Venezuela genera altos flujos de información y se comunica a través de las redes sociales de manera permanente, teniendo más de un 50% de su población como usuarios activos en las redes sociales, a pesar de tener la velocidad del internet más baja de la región (CEPAL, 2015), lo cual demuestra una fuerte voluntad para su uso. La Caracas de hoy se encuentra totalmente expuesta en el mundo virtual a través del uso de las redes sociales. La perdida de espacios públicos por el problema de la inseguridad antes mencionado más, seguramente, ciertos factores culturales ha movido tanto la participación ciudadana como el intercambio de las personas al mundo 2.0.

Para avanzar en la construcción de ciudades promotoras de bienestar y calidad de vida es indispensable aprovechar las oportunidades del contexto, como es la tecnología, generar concurrencia de actores en la solución de problemas públicos, tener voluntad política para el desarrollo sustentable y ejecutar proyectos estratégicos significativos para los ciudadanos, como hitos de un plan estratégico para la ciudad.

Cristofer Correia

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