El arco iris de gravedad — Diario de lectura (1)

PÁGS. 1–16

Empiezo hoy la lectura de “El arco iris de gravedad”, de Thomas Pynchon, en su versión epub (convertida a mobi en el Calibre) descargado de epublibre.org. Creo que la traducción es la misma de Tusquets en Argentina.

La novela abre con un párrafo de dos oraciones: “Llega un grito a través del cielo. Ya ha ocurrido otras veces, pero ahora no hay nada con que compararlo.”

La frase contiene resonancias bíblicas, como si fuera el Génesis pero desquiciado: en lugar de la voz de Dios creando las cosas, un grito incomparable, desaforado. El escenario es Inglaterra, Chelsea más precisamente, durante la Segunda Guerra. Un acontecimiento inaudito para la Humanidad por su envergadura, su ferocidad, etc. Acá Castellani, y otros autores en otros lugares también, relacionaron algunas cuestiones de la Segunda Guerra –la bomba atómica, la lluvia de acero desde el cielo, los tanques y aviones- con pasajes y profecías del Apokalipsis de San Juan. Entonces, este primer párrafo de la novela podría funcionar como un preámbulo apocalíptico, de tono escritural.

Un poco más adelante se menciona a unos “viejos veteranos todavía impresionados por un armamento obsoleto hace veinte años”. Ahí está la sorpresa, la novedad, incluso en tipos que son veteranos de la Primera Guerra, en la cual ya había cambiado radicalmente la guerra para siempre con la transformación de la caballería tradicional en mecanizada, con el aeroplano y armas de repetición.

Aparece un personaje principal: Geoffrey “Pirata” Prentice, paracaidista, miembro de algo llamado Special Operations Executive, famoso por sus desayunos con bananas y hombre a cargo de unos hombres en una especie de hotel. También un tal Teddy Bloat, compañero “gracioso”, aparentemente, de Pirata. Después otros hombres.

Madrugada. Pirata ve despegar un misil desde el Este. Un rato después recibe un llamado avisándole que llegó su correo en ese mismo misil.

Leo en el viaje en tren. En la estación de Flores una vieja muy vieja es asistida por varias personas. Al parecer la estafaron con un remis y tiene que volver a Merlo. Le dan agua, un banquito. Un tipo que va para Merlo se ofrece a acompañarla hasta su destino. La gente que la ayuda dice constantemente “así está el país” en referencia al remisero estafador y su inmoralidad, incluso sin darse cuenta de lo que ellos mismos están haciendo –ayudar sin interés alguno, por pura compasión- y sin percatarse de que ellos también son “el país”.