El arco iris de gravedad — Diario de lectura (36)

PÁGS. 423–429

Termina el capítulo del casino. En resumen: “Pointsman tiene alucinaciones. Ha perdido el control.”

Richard Halliburton fue un Jorge Newbery estadounidense, uno de esos aventureros típicos de la década del 20 y 30 del siglo XX que buscaban batir records medio pelotudos pero muy románticos en base a una combinación de proezas físicas y ciencia aplicada. Halliburton voló boca abajo sobre el Taj Mahal en un biplano, cruzó los Alpes en un elefante, exploró selvas y escaló montañas. También siguió el viaje de Ulises por el Mar Mediterráneo. A diferencia de Newbery, dejó constancia de sus aventuras en varios libros que fueron clásicos y que consolidaron el género de la crónica periodística con bastante de antropologismo exótico.

Dos historias protagonizadas por Halliburton merecen contarse especialmente.

Una: cruzó el Canal de Panamá a nado, escoltado por un bote con un tirador –por si aparecían caimanes- y un fotógrafo. Por cuestiones legales, para hacerlo tuvo que pagar peaje como un barco cualquiera, por lo cual se anotó con el nombre de SS Halliburton y pagó la tarifa por tonelaje más baja de toda la historia del canal: 36 centavos de dólar. Eso fue en 1928.

En 1939 intentó unir vía el Océano Pacífico Hong Kong con San Francisco. En un barco de juncos chino llamado Sea Dragon. Como Newbery en Los Tamarindos, esa aventura de Halliburton salió mal. Su barco se perdió en el mar y nunca más se supo de él.

El personaje es apasionante, pero en el mundo hispanoparlante se lo conoce poco y nada. Escribió una serie de libros titulados Richard Halliburton’s Book of Marvels. Desconozco si alguno fue traducido al castellano y si es conseguible.